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Suplementos durante el cáncer: “natural” no significa seguro

Durante el tratamiento del cáncer, es frecuente recurrir a suplementos nutricionales y productos de bienestar con la expectativa de aumentar la energía, reforzar el sistema inmunitario, reducir los efectos adversos o recuperar cierto control sobre la propia salud. Entre las opciones más utilizadas se encuentran los complejos vitamínicos, extractos de plantas, preparados de hongos, proteínas en polvo, cannabidiol, infusiones intravenosas de vitamina C, programas de “desintoxicación” y productos comercializados como inmunoestimulantes.

Sin embargo, el origen natural de una sustancia no garantiza su seguridad. Muchos compuestos presentan actividad biológica suficiente para modificar la absorción, el metabolismo o la eliminación de los tratamientos antineoplásicos. También pueden aumentar la toxicidad, alterar la función hepática o renal, incrementar el riesgo hemorrágico durante procedimientos invasivos o reducir la eficacia terapéutica. La hierba de San Juan constituye un ejemplo representativo, debido a su capacidad para inducir enzimas y transportadores implicados en el metabolismo de numerosos medicamentos.

La incertidumbre aumenta porque los suplementos no están sometidos a los mismos requisitos de demostración de eficacia, seguridad y control de calidad que los medicamentos. El contenido real puede diferir del declarado en la etiqueta, existir variabilidad entre lotes o incluirse mezclas de numerosos ingredientes cuyas interacciones no se han estudiado adecuadamente. Además, expresiones como “refuerzo inmunitario”, “antioxidante”, “antiinflamatorio” o “detox” suelen emplearse con fines comerciales sin que exista evidencia clínica suficiente en personas con cáncer.

Esto no significa que todos los suplementos deban rechazarse. La suplementación puede estar indicada ante una deficiencia documentada, malnutrición, pérdida involuntaria de peso o una necesidad clínica concreta. La diferencia fundamental reside en que su utilización responda a una indicación individualizada, con una dosis definida, un objetivo evaluable y supervisión profesional, y no a una recomendación genérica o a mensajes procedentes de redes sociales.

La seguridad depende del tipo de tumor, el tratamiento administrado, la medicación concomitante y la función hepática y renal. Antes de iniciar cualquier producto deben identificarse su composición exacta, el objetivo perseguido, la evidencia disponible, las posibles interacciones y la existencia de alternativas más seguras o eficaces. Mantener un registro actualizado y aportar el envase o una fotografía de la etiqueta facilita esta evaluación.

La suplementación debe entenderse, por tanto, como una intervención potencialmente activa y no como un complemento inocuo. La comunicación abierta con oncología, farmacia y nutrición clínica permite evitar interacciones, detectar expectativas poco realistas y seleccionar únicamente aquellas intervenciones cuya relación entre beneficio, riesgo y coste resulte favorable.

Acceso libre al artículo original en: https://jamanetwork.com/journals/jamaoncology/fullarticle/2853306

Referencia completa del artículo:

Wang K, Singhi D, Singhi EK. Supplements and Wellness Products During Cancer Care. JAMA Oncol. 2026 Aug 27. doi: 10.1001/jamaoncol.2026.2724.

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