El selenio es un micronutriente esencial cuya relación con el envejecimiento y la longevidad sigue un patrón en forma de U: tanto su deficiencia como su exceso pueden resultar perjudiciales. Una ingesta insuficiente se asocia con alteraciones inmunitarias, deterioro cognitivo, infertilidad, sarcopenia, diabetes tipo 2, determinados cánceres y mayor mortalidad. Sin embargo, una exposición elevada también puede causar toxicidad, aumentar el riesgo de trastornos metabólicos y neurológicos y producir selenosis, caracterizada por alopecia, dermatitis, lesiones ungueales y afectación del sistema nervioso.
Los efectos biológicos del selenio dependen principalmente de su incorporación a las selenoproteínas, un grupo de proteínas que participa en la regulación del equilibrio redox, el metabolismo tiroideo, la función mitocondrial, la homeostasis del calcio, la respuesta inmunitaria y la protección frente a la muerte celular. Entre ellas destacan las glutatión peroxidasas, las tiorredoxina reductasas y la selenoproteína P. Su actividad contribuye a limitar el daño oxidativo, mantener la funcionalidad celular y preservar tejidos especialmente vulnerables al envejecimiento, como el cerebro, el músculo esquelético y el sistema cardiovascular.
Las concentraciones bajas de selenio, selenoproteína P y glutatión peroxidasa 3 se relacionan con un envejecimiento biológico más acelerado, mayor fragilidad y pérdida de masa muscular. Asimismo, una disponibilidad insuficiente de selenoproteína P compromete el transporte de selenio hacia el cerebro y podría favorecer el deterioro cognitivo y la neurodegeneración. En estudios poblacionales, las concentraciones reducidas de esta proteína se han asociado con mayor mortalidad general, cardiovascular, respiratoria, gastrointestinal y por cáncer.
No obstante, una actividad antioxidante excesiva tampoco resulta necesariamente beneficiosa. Las especies reactivas de oxígeno no son únicamente productos dañinos: en cantidades moderadas actúan como señales indispensables para la adaptación al ejercicio, la acción de la insulina y otras respuestas celulares. Un exceso de selenio o de determinadas selenoproteínas puede eliminar estas señales fisiológicas, generar un estado de estrés reductivo y favorecer resistencia a la insulina, alteraciones de la secreción pancreática, menor angiogénesis y una respuesta adaptativa reducida al ejercicio.
La interacción entre selenio y envejecimiento también depende del tejido, el sexo, la dieta, la genética y el estilo de vida. El ejercicio aeróbico y la restricción calórica pueden preservar algunas enzimas dependientes de selenio que disminuyen con la edad, reduciendo la apoptosis y protegiendo la función muscular y cardiaca. Otros nutrientes, como cobre, zinc, vitamina A, ácido fólico, resveratrol y determinados ácidos grasos, pueden modificar su absorción, transporte o actividad biológica.
Por tanto, el selenio no debe considerarse un suplemento antienvejecimiento de aplicación general. Su posible beneficio se concentra en corregir estados insuficientes y mantener un intervalo fisiológico óptimo. La suplementación indiscriminada podría ser ineficaz o incluso perjudicial. La estrategia más razonable consiste en valorar el estado individual mediante selenio plasmático y, especialmente, selenoproteína P, teniendo en cuenta la alimentación, las enfermedades, el ejercicio y otras exposiciones nutricionales antes de plantear cualquier intervención.
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Referencia completa del artículo:
Pierce WG, Mackrill JJ. Selenium in Aging and Longevity. Biochimie. 2026 Sep 8:S0300-9084(26)00221-X. doi: 10.1016/j.biochi.2026.09.002.

