El fútbol femenino exige una combinación compleja de capacidad aeróbica, velocidad, potencia, cambios de dirección y acciones repetidas de alta intensidad. Durante un partido, las jugadoras afrontan una elevada carga cardiovascular y realizan numerosas aceleraciones, desaceleraciones, sprints y acciones explosivas. En este contexto, las fluctuaciones hormonales propias del ciclo menstrual han despertado un creciente interés como posible factor modulador del rendimiento físico.
A lo largo de un ciclo menstrual normal, las concentraciones de estrógenos y progesterona varían de forma considerable. Durante la fase folicular temprana, coincidente con el sangrado menstrual, ambas hormonas se encuentran en concentraciones bajas. Posteriormente, los estrógenos aumentan durante la fase folicular tardía, mientras la progesterona permanece baja. Tras la ovulación, ambas hormonas se elevan progresivamente hasta alcanzar concentraciones superiores durante la fase lútea media. Estas variaciones podrían modificar aspectos relacionados con el metabolismo energético, la función neuromuscular y la capacidad cardiovascular.
La evidencia disponible sugiere que el rendimiento aeróbico y la capacidad de sprint podrían disminuir ligeramente durante la fase folicular temprana en comparación con otras fases, particularmente con la fase folicular tardía. Sin embargo, este efecto está lejos de ser consistente. De los estudios disponibles, solo una minoría ha detectado diferencias significativas, mientras que la mayoría no ha encontrado variaciones relevantes del rendimiento a lo largo del ciclo menstrual. En las capacidades relacionadas con la potencia, el salto, la agilidad o los cambios de dirección tampoco se han observado patrones consistentes asociados a una fase determinada.
Una posible explicación fisiológica para un mejor rendimiento durante la fase folicular tardía reside en el aumento de estrógenos con concentraciones todavía bajas de progesterona. Los estrógenos podrían favorecer la oxidación de grasas y preservar el glucógeno muscular, ofreciendo potencialmente alguna ventaja en esfuerzos prolongados. También se les atribuyen efectos neuroexcitadores capaces de aumentar la activación voluntaria muscular, lo que podría beneficiar acciones como el sprint. Por el contrario, la progesterona puede ejercer efectos antagonistas sobre algunas acciones de los estrógenos, por lo que probablemente resulte más relevante considerar la interacción entre ambas hormonas que sus concentraciones de manera aislada.
No obstante, las posibles variaciones del rendimiento no deberían interpretarse únicamente desde una perspectiva hormonal. Existe una elevada variabilidad tanto entre jugadoras como entre diferentes ciclos de una misma deportista. Además, los síntomas físicos y psicológicos asociados a la menstruación pueden resultar particularmente relevantes. Dolor, fatiga, alteraciones del estado de ánimo o malestar general suelen aparecer con mayor frecuencia durante los días previos al sangrado y durante la propia menstruación, y podrían explicar parte de la reducción del rendimiento observada en algunas jugadoras. Por tanto, un eventual peor rendimiento durante la fase folicular temprana podría estar más relacionado con la sintomatología individual que con unas concentraciones hormonales concretas.
La interpretación de estos resultados exige además considerable prudencia. La mayoría de los estudios disponibles presentan muestras pequeñas, periodos de seguimiento cortos y una verificación insuficiente de las fases del ciclo menstrual. Factores como entrenamiento, nutrición, hidratación, sueño, motivación, nivel del adversario o contexto competitivo también pueden modificar el rendimiento e introducir importantes factores de confusión.
Desde una perspectiva aplicada, la evidencia actual no justifica modificar sistemáticamente el entrenamiento o la competición en función de fases predeterminadas del ciclo menstrual. Parece más apropiado realizar un seguimiento individual de cada jugadora, integrando características del ciclo, síntomas percibidos y respuestas reales de rendimiento. Identificar a aquellas deportistas que experimentan fluctuaciones reproducibles podría permitir una planificación más personalizada, evitando recomendaciones generales que no reflejan la enorme variabilidad individual existente.
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Referencia completa del artículo:
Rasmussen KD, Bisgaard MS, Hansen M. Menstrual Cycle Effects on Performance Parameters in Female Football Players: A Systematic Review. Int J Sports Physiol Perform. 2026 Aug 4:1-9. doi: 10.1123/ijspp.2025-0432.


