La obesidad, la diabetes tipo 2 y el síndrome metabólico representan problemas sanitarios de creciente magnitud. Aunque el ejercicio constituye una estrategia fundamental para mejorar la composición corporal y la salud metabólica, todavía no está claro si el momento del día en que se realiza modifica sus beneficios. Esta cuestión ha impulsado el concepto de ejercicio programado según el ritmo circadiano, basado en que la sensibilidad a la insulina, la actividad hormonal, la función muscular y el metabolismo energético varían a lo largo del día.
La evidencia disponible, procedente de 19 estudios y 765 participantes, sugiere que entrenar por la mañana o por la tarde puede producir efectos diferenciados sobre algunos indicadores glucémicos, aunque no parece generar diferencias relevantes en la composición corporal o el perfil lipídico. En intervenciones de entre dos y dieciséis semanas, el ejercicio matutino se asoció con una reducción ligeramente mayor de la hemoglobina glucosilada —aproximadamente 0,11 puntos porcentuales—, especialmente en personas con diabetes tipo 2. Este resultado podría reflejar adaptaciones metabólicas sostenidas que quedan integradas en un marcador de control glucémico a medio plazo como la HbA1c.
Por el contrario, el ejercicio realizado por la tarde mostró una ventaja modesta para reducir la glucemia en ayunas, con una diferencia aproximada de 0,13 mmol/L respecto al entrenamiento matutino. Las intervenciones agudas también indicaron una mayor disminución de la glucosa inmediatamente después del ejercicio vespertino. Esta respuesta podría relacionarse con la coincidencia del entrenamiento con momentos del día en los que la sensibilidad a la insulina, la función del músculo esquelético y la actividad mitocondrial pueden encontrarse más favorecidas. No obstante, este efecto agudo fue sensible a la exclusión de determinados estudios y se observó con mayor claridad en personas sanas que en poblaciones diabéticas.
La aparente divergencia entre glucemia en ayunas y HbA1c debe interpretarse con prudencia. Ambos indicadores reflejan dimensiones distintas del control glucémico y, además, las poblaciones incluidas no fueron equivalentes. Los resultados también pueden estar condicionados por el horario de las comidas y de la medicación. En personas tratadas con metformina, por ejemplo, la interacción entre el ejercicio matutino y la administración del fármaco antes del desayuno podría modificar sustancialmente la respuesta glucémica.
No se identificaron ventajas consistentes de un horario sobre otro para reducir el peso corporal, el índice de masa corporal, la masa grasa, el perímetro de cintura o el porcentaje de grasa, ni para preservar o aumentar la masa libre de grasa. Tampoco aparecieron diferencias sólidas en triglicéridos, colesterol total, LDL o HDL. En estas variables, el volumen total de ejercicio, la alimentación, el gasto energético y las características individuales probablemente resultan más determinantes que el horario.
En conjunto, la hora de entrenamiento podría utilizarse como una herramienta complementaria de personalización, sobre todo en personas con diabetes tipo 2, pero todavía no justifica recomendaciones universales. La evidencia presenta una certeza entre moderada y muy baja, debido al reducido número de estudios, muestras pequeñas, intervenciones breves y diferencias en dieta, ejercicio, edad y estado de salud. Por ello, la adherencia, la disponibilidad personal y la compatibilidad con comidas y medicación deben seguir teniendo prioridad, a la espera de ensayos más amplios y rigurosos.
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Referencia completa del artículo:
Wang J, Chen S, Zhang Z, Yang B, Zhang X. Influence of Morning and Afternoon Exercise on Body Composition and Metabolic Health: A Systematic Review and Meta-Analysis. Sports Med Open. 2026 Aug 27;12(1):124. doi: 10.1186/s40798-026-01089-8.

