Dopaje angiogénico: la nueva frontera invisible del rendimiento deportivo

Artículos de Fisiología del Ejercicio

La mejora del rendimiento en deportes de resistencia depende principalmente de la capacidad del organismo para transportar oxígeno hacia los músculos activos. Aunque históricamente las estrategias de dopaje se han centrado en aumentar la cantidad de glóbulos rojos y hemoglobina, existe otro mecanismo biológico con gran potencial para incrementar el rendimiento: la angiogénesis, es decir, la formación de nuevos vasos sanguíneos.

El desarrollo de una red vascular más extensa permite aumentar el volumen sanguíneo total, mejorar el suministro de oxígeno y nutrientes, y optimizar la eliminación de metabolitos producidos durante el ejercicio intenso. Este fenómeno constituye una adaptación fisiológica habitual al entrenamiento de resistencia, ya que el ejercicio prolongado estimula la formación de capilares en el músculo esquelético y mejora la eficiencia metabólica.

Entre las moléculas responsables de este proceso destacan los factores de crecimiento endotelial vascular, especialmente VEGF-A y VEGF-D. Estas proteínas estimulan el crecimiento y migración de células endoteliales, favoreciendo la expansión de la red vascular. La activación de estos mecanismos podría aumentar la capacidad aeróbica sin necesidad de elevar visiblemente la concentración de hemoglobina, dificultando así la detección mediante los métodos antidopaje convencionales.

La regulación de estos factores depende en gran medida de HIF-1α, una proteína sensible a la disminución del oxígeno celular. Cuando los tejidos experimentan hipoxia, HIF-1α activa genes relacionados con la adaptación al esfuerzo, incluyendo aquellos responsables de la producción de eritropoyetina y VEGF. Como consecuencia, el organismo incrementa simultáneamente la producción de glóbulos rojos y el desarrollo vascular.

El ejercicio intenso genera múltiples estímulos capaces de activar estas vías biológicas. Además de la hipoxia muscular, intervienen fuerzas mecánicas derivadas del aumento del flujo sanguíneo y metabolitos como lactato y adenosina. Estos factores favorecen un entorno molecular que estimula la angiogénesis y contribuye a las adaptaciones del entrenamiento de resistencia.

El avance de las terapias génicas y de las tecnologías basadas en ARN mensajero ha aumentado el interés por posibles aplicaciones no terapéuticas de estos mecanismos. La administración de genes o moléculas capaces de producir factores angiogénicos podría inducir mejoras fisiológicas prolongadas. Del mismo modo, la edición genética mediante sistemas como CRISPR abre la posibilidad de modificar directamente rutas relacionadas con la respuesta hipóxica y la vascularización.

Algunos fármacos utilizados actualmente para tratar la anemia asociada a enfermedad renal también poseen potencial para inducir respuestas angiogénicas. Los inhibidores de prolil hidroxilasas estabilizan HIF-1α y activan genes relacionados tanto con la eritropoyesis como con el crecimiento vascular. Estas sustancias resultan especialmente preocupantes porque reproducen adaptaciones similares al entrenamiento en altura y pueden ser difíciles de detectar.

Otro aspecto relevante es el uso de sustancias que imitan la hipoxia, como el monóxido de carbono o determinados compuestos químicos capaces de alterar los sensores celulares de oxígeno. Estas intervenciones podrían estimular simultáneamente la producción de eritropoyetina y VEGF, favoreciendo mejoras en el transporte y distribución de oxígeno.

A pesar de su potencial ergogénico, la manipulación angiogénica implica riesgos importantes. El crecimiento vascular excesivo o descontrolado puede favorecer el desarrollo de tumores, enfermedades inflamatorias, alteraciones oculares y procesos ateroscleróticos. Además, las terapias génicas y la edición genética presentan riesgos adicionales relacionados con respuestas inmunológicas, mutaciones no deseadas y efectos permanentes difíciles de revertir.

La detección del dopaje angiogénico representa un desafío considerable. Las proteínas producidas mediante terapia génica son prácticamente idénticas a las naturales y las concentraciones fisiológicas de VEGF muestran una elevada variabilidad entre individuos. Asimismo, muchas de las modificaciones ocurren localmente en el tejido muscular y no necesariamente generan alteraciones evidentes en sangre.

La combinación entre plausibilidad biológica, avances tecnológicos y dificultad diagnóstica convierte al dopaje angiogénico en una de las amenazas emergentes más complejas para el deporte de alto rendimiento. A medida que las tecnologías biomédicas continúen desarrollándose, aumentará también la necesidad de métodos antidopaje capaces de detectar modificaciones funcionales profundas en la fisiología humana.

Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/05/Angiogenic-Doping.pdf

Referencia completa del artículo:

Lehto S, Sima S, Künnapuu J, Iljukov S, Jeltsch M. Angiogenic Doping: Plausible Yet Difficult to Detect. Sports Med. 2026 May 21. doi: 10.1007/s40279-026-02447-y.

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