El entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT) se ha consolidado como una de las estrategias más eficaces para mejorar la capacidad cardiorrespiratoria y el rendimiento de resistencia. Su principal atractivo radica en la posibilidad de generar elevados estímulos fisiológicos en periodos relativamente cortos de tiempo. Dentro de este contexto, el tiempo acumulado que un deportista permanece cerca de su consumo máximo de oxígeno (V̇O₂max) se considera un indicador especialmente relevante de la carga fisiológica y del potencial adaptativo de una sesión de entrenamiento.
La importancia de este parámetro se fundamenta en que los periodos realizados a intensidades cercanas al V̇O₂max someten al organismo a una elevada exigencia cardiovascular y metabólica, favoreciendo adaptaciones tanto centrales como periféricas. Entre ellas destacan mejoras en el transporte y utilización de oxígeno, incrementos del volumen sistólico, una mayor densidad capilar muscular y adaptaciones mitocondriales que contribuyen al aumento del rendimiento aeróbico. Sin embargo, la enorme variedad de configuraciones posibles dentro del HIIT dificulta identificar con precisión qué combinaciones de duración, intensidad y recuperación son las más eficaces para maximizar este estímulo fisiológico.
La síntesis de la evidencia disponible muestra que la duración de los intervalos de trabajo constituye uno de los factores más determinantes. Los protocolos que emplean intervalos largos, generalmente de dos minutos o más, permiten acumular significativamente más tiempo en intensidades cercanas al V̇O₂max que aquellos basados en esfuerzos cortos o de duración moderada. Este efecto parece explicarse por la cinética del consumo de oxígeno, ya que los esfuerzos prolongados facilitan que el organismo alcance y mantenga niveles elevados de demanda metabólica durante más tiempo.
Otro hallazgo relevante es el papel de la distribución de la intensidad dentro de cada intervalo. Los formatos que incorporan variaciones de intensidad durante el esfuerzo, alternando fases de trabajo más exigentes con otras ligeramente menos intensas dentro del mismo intervalo, generan una mayor acumulación de tiempo en la denominada “zona roja” en comparación con los intervalos realizados a intensidad constante. Esta estrategia parece incrementar la exigencia fisiológica sin necesidad de aumentar la duración total de la sesión.
Por el contrario, el tipo de recuperación utilizado entre los intervalos mostró una influencia limitada. Las comparaciones entre recuperaciones activas y pasivas no evidenciaron diferencias significativas en el tiempo acumulado cerca del V̇O₂max, lo que sugiere que otros componentes del diseño del entrenamiento poseen un peso mucho mayor sobre la respuesta fisiológica global.
A pesar de la consistencia de estas tendencias, también se observó una notable variabilidad entre protocolos y poblaciones. Esta heterogeneidad indica que el tiempo acumulado cerca del V̇O₂max no depende exclusivamente de una variable aislada, sino de la interacción entre la duración de los intervalos, la intensidad aplicada, el volumen total de trabajo y las características individuales de los participantes.
En conjunto, la evidencia disponible respalda la utilización de intervalos largos y de intensidad variable cuando el objetivo es maximizar el tiempo de exposición a altas demandas aeróbicas. No obstante, sigue siendo necesario profundizar en la relación dosis-respuesta entre este indicador agudo y las adaptaciones crónicas al entrenamiento, con el fin de determinar con mayor precisión cuánto tiempo cerca del V̇O₂max resulta realmente necesario para optimizar las mejoras en el rendimiento y la condición física.
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Referencia completa del artículo:
Schoenmakers P, Murray K, White J, Matta G, Bossi AH. Time spent at or near V̇O₂max during high-intensity interval training – a systematic review and meta-analysis. BMC Sports Sci Med Rehabil. 2026 Jun 3. doi: 10.1186/s13102-026-01766-x.






