El ejercicio físico agudo activa de forma coordinada los sistemas neuroendocrino y autónomo, aunque la magnitud y la evolución temporal de esta respuesta dependen de la intensidad y modalidad del esfuerzo. Los biomarcadores salivales permiten estudiar estos procesos de manera no invasiva y facilitan la obtención de muestras repetidas durante la recuperación. Entre ellos, el cortisol refleja principalmente la activación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, mientras que la alfa-amilasa salival se relaciona con la respuesta simpática y adrenérgica más inmediata. La orexina, neuropéptido implicado en la vigilia, la activación conductual, el gasto energético y la regulación autonómica, constituye una opción emergente, aunque su concentración salival no puede considerarse un indicador directo de la actividad orexinérgica cerebral.
En quince mujeres jóvenes físicamente activas se compararon cuatro condiciones realizadas en orden aleatorio: entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT), ejercicio combinado aeróbico y de fuerza, ejercicio continuo de intensidad moderada y yoga. Las muestras de saliva se recogieron antes, inmediatamente después y a los 15 y 30 minutos de finalizar cada sesión. La frecuencia cardiaca y la percepción del esfuerzo confirmaron una clara gradación de la carga fisiológica: máxima con el HIIT, intermedia con el ejercicio combinado, menor con el ejercicio continuo y muy reducida con el yoga.
Los tres biomarcadores reprodujeron esta jerarquía. El HIIT provocó los mayores incrementos de orexina, alfa-amilasa y cortisol; el ejercicio combinado generó respuestas intermedias, el ejercicio continuo produjo cambios más moderados y el yoga apenas modificó sus concentraciones. La coincidencia entre los biomarcadores respalda la existencia de una respuesta biológica proporcional a la demanda global del ejercicio, pero sus diferentes perfiles temporales indican que aportan información complementaria y no intercambiable.
La alfa-amilasa mostró una respuesta temprana y sensible a las diferencias entre modalidades, coherente con una rápida activación del sistema nervioso simpático. El cortisol presentó una elevación más tardía y progresiva, particularmente después del HIIT y del ejercicio combinado, reflejando la cinética más lenta del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal. Por ello, una única muestra inmediatamente posterior al ejercicio podría infravalorar la respuesta endocrina; la evaluación durante los primeros 30 minutos de recuperación ofrece una caracterización más completa.
La orexina salival también aumentó de manera gradual según la exigencia del ejercicio, alcanzando sus valores más altos tras el HIIT. Este comportamiento podría relacionarse con procesos de alerta, movilización energética y regulación autonómica. Sin embargo, debe interpretarse con cautela, ya que puede estar condicionado por el flujo salival, la producción periférica y las limitaciones analíticas, sin demostrar una activación directa de las neuronas orexinérgicas del hipotálamo.
La combinación de alfa-amilasa, cortisol y orexina puede ampliar la comprensión de la carga aguda y de la recuperación, siempre integrada con frecuencia cardiaca, esfuerzo percibido, sueño y rendimiento. La pequeña muestra, la falta de control del ciclo menstrual, los anticonceptivos, el estrés y el sueño, y el carácter exploratorio de la orexina limitan su aplicación inmediata. Estos biomarcadores todavía no deberían utilizarse aisladamente para prescribir entrenamiento o diagnosticar fatiga.
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Referencia completa del artículo:
Moscatelli F, Monda V, La Marra M, Messina A, Monda A, Casillo M, Mancini N, Di Maio G, Marsala G, Messina G, Polito R. An Integrated Multi-Biomarker Perspective on Acute Exercise: Differential Orexin, Alpha-Amylase, and Cortisol Responses Across Modalities. Sports (Basel). 2026 Aug 13;14(8):351. doi: 10.3390/sports14080351.

