La actividad física (AF) modula las funciones del sistema inmunitario. La susceptibilidad a la infección por virus depende, por tanto, del volumen e intensidad de AF: la AF de intensidad moderada (60% VO2max) y de duración máxima de 1 h/sesión, y asociado a ello una alta aptitud cardiovascular (CRF) mejora la capacidad del sistema inmunológico y reduce la inflamación, mientras que AF agotadora afecta negativamente de manera transitoria la función inmune. Parece razonable que el beneficio de la AF regular sobre la función inmunológica esté mediado, al menos en parte, por la capacidad funcional mitocondrial. Así, un deterioro funcional mitocondrial y un bajo fitness cardiorrespiratorio pueden ser factores de riesgo importantes para la pandemia de COVID-19 en curso, representando posiblemente un vínculo entre factores de riesgo como la edad y enfermedades crónicas como la obesidad y la diabetes mellitus. Recientemente se ha publicado una editorial (Burtscher y col, 2020; Br J Sports Med 24-nov: doi: 10.1136/bjsports-2020-103572) que aborda esta posible relación. COVID-19 afecta más gravemente a la población con una baja capacidad mitocondrial, como personas mayores o pacientes con enfermedad cardiovascular. Los autores presentan la hipótesis de que la mejora funcional mitocondrial mediante la realización de actividad física regular es un protector factor en COVID-19. Además, la actividad física y el fitness tienen un claro potencial preventivo en muchas enfermedades crónicas que se consideran factores de riesgo en la evolución del COVID-19.
Se debe hacer todo lo posible para mejorar o mantener la función mitocondrial y el fitness cardiorrespiratorio, particularmente en los individuos más susceptibles a COVID-19, mediante la promoción de la actividad física en tiempos de pandemia.




