
El entrenamiento concurrente (concurrent training, CT), entendido como la combinación sistemática de entrenamiento de fuerza (resistance training, RT) y entrenamiento de resistencia aeróbica (endurance training, ET), constituye una estrategia ampliamente utilizada tanto en contextos deportivos como de salud para mejorar simultáneamente múltiples capacidades físicas. Sin embargo, desde finales del siglo XX, la literatura científica ha señalado la existencia de un posible “efecto de interferencia”, según el cual la combinación de ambos tipos de entrenamiento puede comprometer parcialmente las adaptaciones específicas que cada uno produciría por separado. Este fenómeno ha sido objeto de debate durante décadas, ya que los resultados de diferentes investigaciones no han sido concluyentes respecto a cuál es la mejor forma de integrar ambos estímulos.
En este contexto, uno de los factores clave que podría modular el efecto de interferencia es la fatiga inducida por el entrenamiento de fuerza. Tradicionalmente, variables como el volumen, la intensidad y la frecuencia del entrenamiento han sido consideradas determinantes en la magnitud de las adaptaciones obtenidas. Más recientemente, el entrenamiento basado en la velocidad de ejecución (velocity-based training, VBT) ha emergido como una herramienta especialmente útil para controlar el esfuerzo realizado durante cada serie de entrenamiento. En este enfoque, la pérdida de velocidad (velocity loss, VL) dentro de la serie se utiliza como indicador del grado de fatiga acumulada y, por tanto, como criterio para ajustar el volumen de trabajo de forma individualizada y en tiempo real.
Diversos estudios previos han demostrado que umbrales moderados de pérdida de velocidad durante el entrenamiento de fuerza pueden generar mejoras similares o incluso superiores en el rendimiento neuromuscular en comparación con umbrales más altos, pese a implicar un menor número total de repeticiones. Esto sugiere que no siempre es necesario entrenar hasta niveles elevados de fatiga para optimizar las adaptaciones de fuerza. Sin embargo, la evidencia disponible sobre el papel de la pérdida de velocidad en contextos de entrenamiento concurrente es todavía limitada. En particular, resulta relevante analizar cómo distintos niveles de fatiga inducida durante el entrenamiento de fuerza influyen no solo en las adaptaciones de fuerza, sino también en variables neuromusculares, hipertrofia muscular y rendimiento aeróbico.
Por ello, el objetivo principal del estudio fue comparar los efectos de tres protocolos de entrenamiento concurrente que diferían en el nivel de pérdida de velocidad alcanzado durante el entrenamiento de fuerza (0%, 15% y 40%), junto con un grupo adicional que realizó exclusivamente entrenamiento de resistencia. Los autores plantearon la hipótesis de que los protocolos con menor pérdida de velocidad producirían mejoras similares o incluso superiores en el rendimiento físico global en comparación con los protocolos con mayor fatiga inducida.
Los resultados obtenidos permiten aportar información relevante sobre la interacción entre el entrenamiento de fuerza y el entrenamiento aeróbico cuando ambos se realizan en la misma sesión. En primer lugar, los autores observaron que niveles moderados de fatiga durante el entrenamiento de fuerza (especialmente el protocolo con 15% de pérdida de velocidad) resultaron más eficientes para mejorar el rendimiento de fuerza dentro de un programa concurrente. Aunque todos los grupos que combinaron fuerza y resistencia mostraron mejoras en variables relacionadas con la fuerza, el grupo con pérdida moderada de velocidad presentó las adaptaciones más equilibradas, lo que sugiere que este nivel de esfuerzo representa un punto óptimo entre estímulo y fatiga acumulada.
En contraste, los niveles altos de fatiga (40% de pérdida de velocidad) produjeron mayores incrementos en la hipertrofia muscular. Este hallazgo es coherente con investigaciones previas que han demostrado que mayores volúmenes de entrenamiento y mayores niveles de fatiga favorecen las adaptaciones estructurales del músculo. No obstante, el incremento adicional de masa muscular no se tradujo necesariamente en mayores mejoras funcionales de fuerza, lo que refuerza la idea de que el objetivo del entrenamiento debe determinar la selección del umbral de pérdida de velocidad más adecuado.
Por otro lado, el grupo que realizó exclusivamente entrenamiento aeróbico no experimentó mejoras en variables de fuerza y, además, mostró reducciones en algunos indicadores neuromusculares, como la tasa de desarrollo de la fuerza en fases tardías de la contracción. Este resultado sugiere que el entrenamiento aeróbico aislado puede no solo ser insuficiente para mejorar la fuerza muscular, sino incluso interferir con la capacidad de generar fuerza rápidamente, lo cual tiene implicaciones importantes en contextos deportivos que requieren acciones explosivas.
En relación con las adaptaciones neuromusculares, el estudio mostró que los protocolos con menor pérdida de velocidad favorecieron incrementos en la actividad electromiográfica durante el ejercicio de sentadilla, lo que indica una mayor activación muscular. En cambio, el grupo de entrenamiento exclusivamente aeróbico presentó reducciones en esta variable, lo que podría reflejar adaptaciones específicas del sistema neuromuscular orientadas a la eficiencia metabólica más que a la producción rápida de fuerza.
Otro aspecto relevante analizado fue el rendimiento aeróbico, medido mediante la velocidad aeróbica máxima. Aunque todos los grupos mejoraron en esta variable, el grupo que realizó únicamente entrenamiento de resistencia obtuvo las mayores ganancias. Dentro de los grupos concurrentes, las mejoras disminuyeron progresivamente a medida que aumentaba la pérdida de velocidad durante el entrenamiento de fuerza. Este patrón sugiere que la fatiga acumulada en el entrenamiento de fuerza puede atenuar parcialmente las adaptaciones aeróbicas, especialmente cuando ambas modalidades se realizan en la misma sesión y con intervalos de recuperación muy cortos entre ellas.
Este hallazgo contrasta con algunos estudios previos que habían observado beneficios adicionales del entrenamiento de fuerza sobre el rendimiento aeróbico. Los autores proponen que estas diferencias podrían explicarse por la proximidad temporal entre ambos estímulos en el diseño experimental utilizado, ya que en investigaciones anteriores el entrenamiento de fuerza y el aeróbico se realizaban en días diferentes, permitiendo una recuperación más completa entre sesiones.
Asimismo, el estudio no encontró mejoras significativas en variables de salto o velocidad de sprint en ninguno de los grupos experimentales. Los autores sugieren que la proximidad entre las sesiones de entrenamiento de fuerza y resistencia podría haber limitado las adaptaciones relacionadas con la producción rápida de fuerza, especialmente en comparación con protocolos en los que ambas modalidades se separan por intervalos de recuperación más prolongados.
En conjunto, los resultados del estudio indican que el nivel de fatiga inducido durante el entrenamiento de fuerza desempeña un papel determinante en las adaptaciones obtenidas durante el entrenamiento concurrente. Mientras que niveles moderados de pérdida de velocidad parecen optimizar las mejoras de fuerza, niveles elevados favorecen en mayor medida la hipertrofia muscular, aunque a costa de una posible reducción en las adaptaciones aeróbicas. Además, el entrenamiento aeróbico realizado de forma aislada no solo resulta insuficiente para mejorar la fuerza, sino que puede afectar negativamente a algunos parámetros neuromusculares.
En consecuencia, los autores concluyen que la selección del umbral de pérdida de velocidad debe ajustarse en función de los objetivos específicos del entrenamiento. En contextos donde se busque mejorar simultáneamente la fuerza y la resistencia, un nivel moderado de fatiga durante el entrenamiento de fuerza podría representar la estrategia más eficiente. Sin embargo, cuando el objetivo principal sea la hipertrofia muscular, niveles más elevados de pérdida de velocidad pueden resultar más adecuados, siempre considerando el posible impacto sobre otras capacidades físicas.
Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/04/Velocity-Loss-During-Resistance-Training.pdf
Referencia completa del artículo:
Tundidor-Duque RM, Loturco I, Paéz-Maldondado JA, Asín-Izquierdo I, Lovillo-Fuentes F, Sánchez-Valdepeñas J, Cornejo-Daza PJ, Pereira LA, de Villarreal ES, Pareja-Blanco F. Velocity Loss During Resistance Training: Implications for Concurrent Training Adaptations. Scand J Med Sci Sports. 2026 Mar;36(3):e70265. doi: 10.1111/sms.70265.




