
El artículo examina críticamente la evidencia disponible sobre la relación entre la microbiota intestinal, las intervenciones nutricionales y el ejercicio físico, con especial atención a su posible impacto sobre el rendimiento deportivo en adultos sanos y físicamente activos. Desde el inicio, los autores plantean que, aunque el interés científico por el eje microbiota-ejercicio ha aumentado considerablemente en los últimos años, aún existe una brecha importante entre las hipótesis mecanísticas propuestas y la evidencia empírica disponible.
Se establece que el microbioma intestinal humano está compuesto por aproximadamente 40 billones de microorganismos, incluyendo bacterias, virus, arqueas y hongos, que desempeñan funciones esenciales en la digestión, el metabolismo de nutrientes, la producción de vitaminas, la regulación inmunitaria y el mantenimiento de la integridad del epitelio intestinal. Estas funciones convierten a la microbiota en un componente clave de la fisiología humana, con potencial influencia sobre procesos metabólicos relevantes para el rendimiento físico.
En individuos físicamente activos y atletas, la microbiota intestinal presenta patrones relativamente consistentes a nivel de filo bacteriano, dominados por Bacillota, Bacteroidota, Actinomycetota y Pseudomonadota. Sin embargo, a niveles taxonómicos más específicos (género y especie), existe una gran variabilidad entre estudios, incluso cuando los diseños experimentales son comparables. Esta heterogeneidad dificulta la identificación de perfiles microbianos característicos del rendimiento deportivo y limita la interpretación de resultados en poblaciones atléticas.
Los autores destacan que la microbiota intestinal es modulada por múltiples factores, entre ellos la edad, la dieta, los fármacos, el estrés psicológico, las enfermedades y el ejercicio físico. Entre estos, la alimentación, la suplementación nutricional y la actividad física se consideran moduladores particularmente relevantes, ya que pueden alterar la composición microbiana y, potencialmente, influir en funciones metabólicas e inmunológicas relacionadas con el rendimiento deportivo. No obstante, pese al creciente interés en este campo, aún existe escasa evidencia directa que vincule cambios inducidos en la microbiota con mejoras objetivas en parámetros de rendimiento como el tiempo hasta el agotamiento, el consumo máximo de oxígeno o la fuerza muscular.
Un aspecto central de la Introducción es el papel potencial de los ácidos grasos de cadena corta (AGCC), como acetato, propionato y butirato, producidos por bacterias intestinales. Estos metabolitos han sido asociados con procesos relevantes para el rendimiento físico, incluyendo la oxidación de ácidos grasos, el metabolismo de carbohidratos y la actividad muscular esquelética. Algunos estudios observacionales han sugerido que los individuos físicamente activos presentan mayor abundancia de bacterias productoras de AGCC, lo que podría traducirse en ventajas fisiológicas. Sin embargo, los autores subrayan que la evidencia mecanística en humanos sigue siendo limitada y en gran parte indirecta.
Asimismo, se revisa el interés creciente por intervenciones dirigidas a modificar la microbiota intestinal mediante el uso de prebióticos, probióticos, simbióticos y postbióticos. Estas estrategias podrían mejorar la absorción de nutrientes, reforzar la barrera intestinal, modular la respuesta inmunitaria y reducir la inflamación inducida por el ejercicio. No obstante, todavía no está claro si los posibles beneficios observados en algunos estudios se deben realmente a cambios en la microbiota o a efectos independientes de las intervenciones nutricionales.
Además de los suplementos microbiota-dirigidos, la Introducción señala que otras intervenciones dietéticas, como dietas ricas en carbohidratos fermentables o modificaciones en la ingesta de macronutrientes, pueden alterar la composición bacteriana intestinal y la producción de metabolitos. Del mismo modo, el ejercicio físico por sí mismo puede modificar la diversidad microbiana, lo que sugiere la existencia de una relación bidireccional entre actividad física y microbiota intestinal. Sin embargo, la evidencia disponible sigue siendo fragmentaria y heterogénea.
Los autores analizan críticamente los resultados de los estudios incluidos en la revisión sistemática y concluyen que la evidencia actual sobre el impacto de las intervenciones dirigidas a la microbiota en el rendimiento deportivo es limitada, inconsistente y metodológicamente heterogénea. Aunque algunos estudios reportaron mejoras en variables específicas de rendimiento tras la suplementación con probióticos o modificaciones dietéticas, estos resultados no fueron uniformes ni reproducibles entre investigaciones.
Una de las principales observaciones es que los cambios en la composición de la microbiota fecal fueron generalmente modestos y variables entre estudios. Además, solo un número reducido de investigaciones evaluó simultáneamente cambios microbianos y resultados de rendimiento físico, lo que dificulta establecer relaciones causales claras. En muchos casos, incluso cuando se observaron modificaciones en la microbiota, estas no se asociaron con mejoras significativas en el rendimiento.
Los autores destacan también que la evaluación de metabolitos microbianos funcionales, como los AGCC, fue escasa en los estudios analizados. Esta limitación impide comprender los posibles mecanismos fisiológicos mediante los cuales la microbiota podría influir en la capacidad física. La falta de análisis longitudinales y de biomarcadores metabólicos representa un obstáculo importante para avanzar en este campo de investigación.
Otro aspecto crítico señalado en la discusión es la presencia de importantes limitaciones metodológicas en los estudios incluidos. Entre ellas destacan el tamaño reducido de las muestras, la falta de control dietético riguroso, la variabilidad en los protocolos de ejercicio, la heterogeneidad en las técnicas de análisis microbiológico y la ausencia de estandarización en los indicadores de rendimiento. Estas limitaciones contribuyen significativamente a la incertidumbre en la interpretación de los resultados.
Asimismo, los autores subrayan que muchos estudios no controlaron adecuadamente variables de confusión relevantes, como la ingesta nutricional previa, el volumen de entrenamiento o el uso de suplementos externos. Esto dificulta determinar si los cambios observados en la microbiota o el rendimiento se deben realmente a las intervenciones evaluadas.
En conjunto, la revisión concluye que actualmente no existe evidencia suficiente para afirmar que la modulación dirigida de la microbiota intestinal mediante dieta, suplementación o ejercicio constituya una estrategia eficaz para mejorar el rendimiento deportivo en adultos sanos. Los resultados disponibles son demasiado heterogéneos y escasos para establecer recomendaciones prácticas en este ámbito.
Finalmente, los autores proponen que futuras investigaciones deberían centrarse en ensayos clínicos mejor controlados, con diseños longitudinales, análisis funcionales de la microbiota y evaluación simultánea de metabolitos microbianos y marcadores fisiológicos del huésped. Este enfoque permitiría esclarecer si la manipulación dirigida de la microbiota intestinal puede convertirse en una estrategia ergogénica válida en el contexto del ejercicio físico y el deporte de alto rendimiento.
Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/04/Gut-Microbiota-and-Exercise.pdf
Referencia completa del artículo:
Gaskell SK, Martinez I, Costa RJS. Gut Microbiota and Exercise: A Systematic Review of Interventions and Evidence Limitations. Int J Sports Med. 2026 Apr;47(4):255-286. doi: 10.1055/a-2705-2210.




