Fatiga acumulada con el entrenamiento de fuerza

Se ha sugerido que una recuperación post-ejercicio inadecuada o una secuencia incorrecta de entrenamiento pueden resultar en una “acumulación” de fatiga. A pesar de esta sugerencia, hay una falta de claridad sobre qué mecanismos fisiológicos pueden proponerse como causantes potenciales de la acumulación de fatiga.

Recientemente se han publicado los resultados de un estudio (Kataoka y col, 2021; Sports Med 6-oct; doi: 10.1007/s40279-021-01572-0) cuyo objetivo fue explorar el curso temporal de los cambios en varias medidas relacionadas con la fatiga para comprender cómo pueden acumularse o disminuir con el tiempo después de una serie de ejercicios o en el contexto de un programa de ejercicios.

Con respecto a la fatiga periférica, se ha demostrado que el agotamiento de los sustratos energéticos y la acumulación de subproductos metabólicos ocurren después de un episodio agudo de entrenamiento de fuerza; sin embargo, parece improbable que la acumulación y el agotamiento periféricos se acumulen con el tiempo. Varios mecanismos pueden contribuir al desarrollo de la fatiga central, postulando la necesidad de períodos prolongados de recuperación; sin embargo, es difícil de determinar un curso de tiempo y depende de qué medición se examine. Además, no se ha demostrado que los mecanismos de fatiga central se acumulen con el tiempo. Un candidato potencial que puede interpretarse como fatiga acumulada es el daño muscular, que comparte características similares (es decir, pérdida de fuerza prolongada). Debido a la aparición tardía del daño muscular, se puede interpretar como fatiga acumulada. En general, la evidencia de la presencia de acumulación de fatiga con el entrenamiento de fuerza es ambigua, lo que dificulta sacar la conclusión de que la fatiga se acumula. Aún queda mucho trabajo por determinar si la fatiga puede acumularse con el tiempo.

El control de la fatiga como parte del proceso del entrenamiento es un reto para entrenadores y fisiólogos, pero es de vital importancia de cara a la mejora del rendimiento y también de prevención de lesiones. Con frecuencia nos ocupamos de diseños muy pormenorizados sobre las cargas de entrenamiento, pero al mismo tiempo nos olvidamos de como estructurar los periodos de recuperación. El entrenamiento de fuerza puede generar o no fatiga aguda, depende del tipo de entrenamiento, e igualmente puede generar fatiga crónica cuando los estímulos de entrenamiento son de elevada exigencia y no se permite una adecuada recuperación. Hay que insistir en que entrenar más no es siempre sinónimo de mayores adaptaciones.