La osteoporosis se caracteriza por una reducción de la densidad mineral ósea y un deterioro de la microarquitectura del hueso que incrementan notablemente el riesgo de fracturas por fragilidad. Su impacto sanitario continúa creciendo debido al envejecimiento poblacional, pero la pérdida ósea no afecta exclusivamente a las mujeres posmenopáusicas: también aparece en hombres de edad avanzada, personas con enfermedades crónicas y sujetos expuestos a periodos prolongados de inactividad física. En este contexto, el ejercicio constituye una de las estrategias preventivas y terapéuticas más accesibles y coste-efectivas.
El tejido óseo posee una elevada sensibilidad mecánica y adapta su estructura a las cargas habituales. Cuando los estímulos superan los niveles cotidianos de deformación, se favorece una respuesta osteogénica; por el contrario, la ausencia de carga acelera la resorción ósea. Esta adaptación no depende únicamente de la magnitud del esfuerzo, sino también de su velocidad de aplicación, frecuencia, dirección y novedad. Por ello, los beneficios del ejercicio varían según la modalidad practicada y la región esquelética evaluada.
La evidencia procedente de 162 ensayos clínicos aleatorizados, con 10.475 adultos de entre 18 y 81,6 años, muestra que el ejercicio estructurado produce mejoras pequeñas o moderadas de la densidad mineral ósea. Los efectos fueron significativos en la columna lumbar, el cuello femoral, el triángulo de Ward, el trocánter y el cuerpo completo. La mayor magnitud se observó en el cuello femoral, seguido del cuerpo completo, el triángulo de Ward y la columna lumbar. En la cadera total no se encontró una mejoría estadísticamente significativa, aunque este resultado estuvo condicionado por una potencia estadística baja y una elevada variabilidad, por lo que no permite concluir que el ejercicio sea ineficaz en esta región.
La respuesta osteogénica se mantuvo generalmente en ambos sexos, diferentes grupos de edad y personas con osteoporosis, sarcopenia o antecedentes de cáncer de mama. Los programas supervisados, realizados al menos tres veces por semana y mantenidos durante seis meses o más, tendieron a conseguir mayores beneficios en la columna lumbar y el cuello femoral.
No existe, sin embargo, una modalidad universalmente superior. La combinación de entrenamiento aeróbico y fuerza, los ejercicios tradicionales chinos y el entrenamiento de fuerza mostraron resultados prometedores para la columna lumbar. En el cuello femoral destacaron especialmente la fuerza y los ejercicios con impacto. Estos efectos son fisiológicamente coherentes: las contracciones musculares generan cargas sobre el hueso y liberan mioquinas como irisina, IGF-1 e IL-6, mientras que la deformación mecánica reduce la expresión de esclerostina y facilita la señalización Wnt/β-catenina, promoviendo la actividad osteoblástica y la formación ósea.
La relación entre volumen de ejercicio y respuesta lumbar parece seguir una curva en U invertida, con un posible máximo próximo a 1.100 MET-minutos semanales. No obstante, esta estimación es exploratoria, ya que los MET reflejan el coste metabólico, pero no la magnitud del impacto, la velocidad de carga, la intensidad de la fuerza ni la sobrecarga progresiva.
En conjunto, la prescripción debe adaptarse a la región ósea prioritaria y combinar fuerza, impacto y actividad aeróbica cuando resulte seguro. La continuidad, la supervisión y la progresión parecen más relevantes que buscar una modalidad aislada supuestamente óptima.
Acceso libre al artículo original: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/08/Effectiveness-of-different-exercise-types-for-improving-bone-mineral-density.pdf
Referencia completa del artículo:
Feng H, Xie Z, Wang Y, Zhang Y, Zuo H, Yang H. Effectiveness of different exercise types for improving bone mineral density in adults: A pairwise, network, and dose-response meta-analysis of 162 randomized controlled trials. Bone. 2026 Aug 10;213:118044. doi: 10.1016/j.bone.2026.118044.

