El artículo analiza de manera exhaustiva cómo el ejercicio físico actúa sobre los principales mecanismos biológicos del envejecimiento y cómo puede contribuir a prolongar la salud y la funcionalidad durante la vejez. Los autores parten de una realidad demográfica evidente: la población mundial envejece rápidamente y, aunque la esperanza de vida ha aumentado, también lo ha hecho la prevalencia de enfermedades crónicas asociadas a la edad, como las cardiovasculares, la diabetes, el cáncer y las enfermedades neurodegenerativas. Frente a este escenario, el ejercicio se presenta como una de las intervenciones más eficaces, accesibles y económicas para mejorar la calidad de vida y extender el llamado “healthspan”, es decir, los años vividos con buena salud.
El trabajo sostiene que el envejecimiento no es un fenómeno inevitable e inmutable, sino un proceso biológico influido por múltiples factores celulares y moleculares susceptibles de modificación. Entre los llamados “hallmarks of aging” o marcas distintivas del envejecimiento se encuentran la inestabilidad genómica, el acortamiento de telómeros, las alteraciones epigenéticas, el deterioro de la función mitocondrial, la pérdida de proteostasis, la inflamación crónica y el agotamiento de las células madre. El ejercicio físico tiene efectos positivos sobre prácticamente todos estos procesos, lo que explica su enorme potencial preventivo y terapéutico.
Uno de los aspectos más destacados del artículo es la relación entre ejercicio y estabilidad genética. Con el paso de los años, el ADN acumula daños y mutaciones que alteran el funcionamiento celular y favorecen enfermedades degenerativas. Diversos estudios revisados muestran que el entrenamiento regular disminuye el daño oxidativo al ADN y mejora los mecanismos de reparación genética. Incluso prácticas como el Tai Chi se asociaron con menores niveles de daño celular en adultos mayores. Los autores también destacan que el ejercicio protege el ADN mitocondrial, especialmente vulnerable durante el envejecimiento, reduciendo mutaciones y mejorando la función energética celular.
El artículo concede especial importancia a los telómeros, estructuras situadas en los extremos de los cromosomas que se acortan progresivamente con la edad y cuyo deterioro se considera un marcador biológico del envejecimiento. La evidencia presentada sugiere que el ejercicio regular, especialmente el entrenamiento aeróbico y el entrenamiento interválico de alta intensidad, puede aumentar la actividad de la telomerasa y preservar la longitud telomérica. Esto no solo tendría implicaciones sobre la longevidad, sino también sobre la prevención de enfermedades cardiovasculares y metabólicas.
Otro mecanismo fundamental abordado es la regulación epigenética. El envejecimiento modifica patrones de metilación del ADN y de expresión génica, alterando funciones celulares esenciales. Según la revisión, el ejercicio puede revertir parcialmente estos cambios epigenéticos y favorecer perfiles moleculares más “juveniles”. En personas mayores, programas de actividad física prolongada se asociaron con una reducción de la edad epigenética y con modificaciones beneficiosas en genes relacionados con inflamación, metabolismo y función cognitiva. Además, el ejercicio influye sobre ARN no codificantes y procesos de remodelación de la cromatina, contribuyendo a mantener la plasticidad celular.
La preservación de la proteostasis constituye otro eje central del artículo. Con la edad, las células pierden capacidad para eliminar proteínas dañadas o mal plegadas, favoreciendo patologías como el Alzheimer y el Parkinson. Los autores muestran que el ejercicio estimula mecanismos de control de calidad proteica, incrementa proteínas de choque térmico y favorece la eliminación de agregados tóxicos. Asimismo, el entrenamiento físico activa la autofagia, proceso mediante el cual las células reciclan componentes deteriorados. Esta activación resulta esencial para mantener la homeostasis celular y proteger órganos como el corazón, el hígado y el cerebro.
El ejercicio también actúa sobre las vías de detección de nutrientes y metabolismo energético, especialmente aquellas relacionadas con AMPK, mTOR, SIRT1 e IGF-1. Estas rutas regulan el equilibrio metabólico y están profundamente alteradas durante el envejecimiento. La actividad física mejora la sensibilidad a la insulina, optimiza el metabolismo muscular y favorece un funcionamiento energético más eficiente. De esta manera, contribuye a prevenir obesidad, diabetes tipo 2 y deterioro cardiovascular.
En relación con la función mitocondrial, la revisión destaca que el ejercicio incrementa la biogénesis mitocondrial, reduce el estrés oxidativo y mejora la dinámica de fusión y fisión de estas organelas. Estos efectos son especialmente importantes porque las mitocondrias desempeñan un papel central en la producción energética y en la regulación de procesos inflamatorios y apoptóticos. Además, el entrenamiento estimula péptidos mitocondriales con propiedades protectoras y antienvejecimiento.
Otro hallazgo relevante es la capacidad del ejercicio para reducir la senescencia celular. Las células senescentes acumulan daño, secretan moléculas inflamatorias y contribuyen al deterioro tisular. Los estudios revisados muestran que programas de ejercicio disminuyen marcadores de senescencia y reducen factores inflamatorios asociados al envejecimiento. Paralelamente, el ejercicio favorece la regeneración de células madre musculares, neurales y óseas, mejorando la capacidad de reparación tisular y preservando funciones cognitivas y motoras.
Finalmente, los autores concluyen que el ejercicio debe entenderse como una intervención biológica integral capaz de modular múltiples mecanismos del envejecimiento simultáneamente. No se trata únicamente de mejorar la condición física, sino de influir profundamente sobre la biología celular y molecular. La evidencia acumulada respalda la idea de que mantenerse físicamente activo a lo largo de la vida no solo prolonga la supervivencia, sino que permite envejecer con mayor autonomía, funcionalidad y bienestar.
Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/05/Exercise-attenuates-the-hallmarks-of-aging.pdf
Referencia completa del artículo:
Qiu Y, Fernández-García B, Lehmann HI, Li G, Kroemer G, López-Otín C, Xiao J. Exercise attenuates the hallmarks of aging: Novel perspectives. J Sport Health Sci. 2025 Dec 4;15:101108. doi: 10.1016/j.jshs.2025.101108.





