Calor pasivo: una vía para proteger el músculo

Artículos de Fisiología del Ejercicio

La fuerza del músculo esquelético sostiene la movilidad, la autonomía y las actividades cotidianas. Su deterioro, frecuente con el envejecimiento, la inmovilización, las lesiones y diversos estados clínicos, favorece la fragilidad, eleva el riesgo de caídas y agrava la pérdida de independencia. El entrenamiento de fuerza continúa siendo la intervención más eficaz para preservar o aumentar masa y función muscular, pero muchas personas atraviesan etapas en las que el ejercicio con cargas es inviable, doloroso, contraindicado o difícil de mantener. En ese contexto, el calentamiento pasivo puede complementar el ejercicio para limitar el deterioro cuando el movimiento voluntario está restringido.

La exposición repetida al calor puede activar procesos vinculados con la adaptación muscular: aumento de proteínas de choque térmico, cambios en vías anabólicas como Akt/mTORC1, modificaciones de la perfusión y la capilarización, y posibles mejoras en la función mitocondrial. Asimismo, el estrés térmico puede atenuar la reducción de síntesis proteica durante la inmovilización. Estos mecanismos ofrecen una base biológica plausible para conservar masa muscular o cualidades neuromusculares. Sin embargo, activar señales celulares no garantiza aumentos verificables de fuerza o hipertrofia. La relevancia práctica de los efectos depende del tipo de calor, la dosis, el músculo expuesto, la población y el contexto de aplicación.

La dificultad principal reside en la heterogeneidad de los protocolos. Se han utilizado baños calientes, saunas, mantas o almohadillas térmicas, prendas con agua circulante, ultrasonidos y diatermia de onda corta, con diferencias en temperatura, duración, superficie corporal calentada, frecuencia y tiempo total. Esta diversidad impide comparar resultados de manera directa y explica que algunos ensayos encuentren beneficios mientras otros no detecten cambios relevantes. Por ello, resulta esencial ordenar las variables críticas y evitar aplicaciones basadas en recetas universales.

La inmersión en agua caliente destaca como la modalidad prioritaria para elevar el estímulo térmico relacionado con la fuerza y la masa muscular. El agua facilita un calentamiento eficiente y uniforme, capaz de incrementar de forma sostenida la temperatura muscular y corporal, y permite ajustar la exposición a una zona concreta o a una proporción mayor del cuerpo. No existe, sin embargo, una conclusión firme sobre cuánta superficie debe sumergirse. La exposición de todo el cuerpo puede aumentar más la temperatura central y el estrés sistémico, mientras que el calentamiento localizado suele resultar más tolerable, aunque podría generar un estímulo general y muscular menor. La elección debe equilibrar eficacia, comodidad y seguridad.

Como referencia prioritaria, resulta razonable buscar una temperatura muscular aproximada de 39 a 40 °C. Este intervalo pretende generar una carga térmica suficiente para inducir respuestas locales, pero no es un umbral demostrado e invariable para obtener ganancias de fuerza o masa. Se han descrito mejoras contráctiles y neuromusculares con temperaturas próximas a 38 °C, especialmente tras exposiciones moderadas. Alcanzar 39–40 °C en una sesión de una hora puede requerir elevar la temperatura del agua, aumentando a la vez el malestar y la tensión percibida. Ese rango debe asumirse como guía de investigación y ajuste, no como una meta que deba perseguirse a cualquier coste.

Las sesiones cercanas a 60 minutos y la exposición una vez al día se sitúan entre las pautas temporales de mayor interés. También surge la posibilidad de intervenciones menos frecuentes, pero sin una definición suficiente de su utilidad. No existe acuerdo sobre el número total de sesiones ni sobre cuántas semanas se requieren para inducir cambios neuromusculares o morfológicos consistentes. Esta falta de precisión es importante: programas prolongados pueden asociarse a hipertrofia en algunos casos, mientras otros no producen cambios en el volumen muscular. En situaciones de desuso, intervenciones breves pueden atenuar la atrofia, y una única exposición antes de ejercicio excéntrico se ha relacionado con menor daño muscular. No hay una dosis única: el efecto depende de la modalidad, la temperatura tisular, el grupo muscular, el estado de entrenamiento y la finalidad perseguida.

La seguridad constituye una condición central. Deben controlarse la temperatura corporal central y la carga cardiovascular, en especial frecuencia cardiaca y presión arterial. Una temperatura central superior a aproximadamente 39,5–40 °C se asocia con mayor riesgo de enfermedad por calor y justifica detener la exposición. Una frecuencia cardiaca mantenida por encima de cerca del 85 % de la máxima estimada para la edad, caídas excesivas de la presión arterial o síntomas como mareo, náusea, desorientación, malestar intenso o deseo de interrumpir la sesión obligan a pausar o finalizar el procedimiento. Aunque medir directamente las temperaturas muscular y central aporta precisión, suele ser invasivo o poco viable fuera del laboratorio. En entornos aplicados, las medidas indirectas, los signos subjetivos, la observación clínica y los parámetros cardiovasculares adquieren un valor práctico decisivo.

La respuesta al calor no es igual para todas las personas. El nivel de entrenamiento, la composición corporal, la dieta, el sueño, la hidratación, la aclimatación, el estado de salud y el objetivo de la intervención pueden modificar tanto la tolerancia como los resultados. Las personas inactivas o inmovilizadas parecen más propensas a beneficiarse que quienes ya son físicamente activos, en los que los cambios pueden ser pequeños o inexistentes. No es posible designar un único grupo como destinatario principal. La utilidad potencial incluye a personas mayores, pacientes en rehabilitación, individuos con periodos de descarga por lesión o enfermedad y determinados contextos deportivos, siempre que se individualice la aplicación.

Antes de cualquier exposición térmica resulta esencial detectar contraindicaciones y avanzar progresivamente para desarrollar tolerancia. Esta precaución es especialmente relevante en personas con alteraciones de la termorregulación o de la función cardiovascular, como algunas que presentan esclerosis múltiple, diabetes o neuropatía autonómica, así como durante el embarazo o en etapas de cambios hormonales. La supervisión, el aumento gradual de la intensidad y la adaptación al propósito concreto —rehabilitar una pérdida funcional o mantener el tejido durante una descarga temporal— resultan más importantes que imponer un protocolo rígido.

En conjunto, el calentamiento pasivo posee una base fisiológica prometedora y un marco inicial de aplicación: inmersión en agua caliente, elevación controlada de la temperatura muscular, sesiones cercanas a una hora y vigilancia estrecha de la seguridad. Aún faltan relaciones dosis-respuesta sólidas, comparaciones entre modalidades y estudios prolongados en poblaciones diversas. Su valor actual radica en orientar intervenciones prudentes e impulsar diseños homogéneos que permitan establecer cuándo, para quién y con qué dosis el calor puede contribuir realmente a preservar o mejorar la fuerza y la masa muscular.

Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/06/Expert-consensus-on-passive-heating-interventions.pdf

Referencia completa del artículo:

Lemos E, Stewart IB, Rodrigues P, Morrison SA, Wharton L, Tyler CJ, Cheung SS, Racinais S, Gordon RJFH, Lloyd A, Périard JD, Goto K, Trajano GS, Minett GM. Expert consensus on passive heating interventions to promote skeletal muscle strength and mass: a delphi study. Eur J Appl Physiol. 2026 Jun 15. doi: 10.1007/s00421-026-06295-6.

Llévate más de 30 formaciones de Fisiología del Ejercicio, Fuerza e Hipertrofia, Nutrición y Suplementación Deportiva, Entrenamiento y Rendimiento, Salud y Deporte,  por 139€/año.

Carrito de compra
×

Acceso a Campus EP&T

Scroll al inicio
Te gusta lo que estás leyendo … no dejes escapar nuestra oferta de lanzamiento de este nuevo webinar del Dr. López Chicharro.

SAUNA Y EXPOSICIÓN AL CALOR