Vitamina D: regulador sistémico clave en salud y rendimiento

Nutrición y Suplementación Deportiva

El artículo presenta a la vitamina D no como un simple micronutriente implicado en el metabolismo óseo, sino como una hormona reguladora multisistémica con efectos integrados sobre múltiples órganos y sistemas fisiológicos. Esta visión supone un cambio conceptual relevante: la vitamina D pasa de ser un marcador aislado de salud ósea a convertirse en un nodo central de regulación biológica, con implicaciones clínicas y funcionales amplias, incluyendo el rendimiento físico.

  1. De vitamina a hormona reguladora sistémica

Tradicionalmente, la vitamina D ha sido asociada al mantenimiento de la homeostasis del calcio y del fósforo, así como a la salud ósea. Sin embargo, el artículo destaca que su deficiencia afecta aproximadamente a mil millones de personas a nivel mundial, lo que ha impulsado su monitorización clínica. Más allá de este papel clásico, la evidencia actual demuestra que la vitamina D actúa como una hormona pleiotrópica, capaz de modular funciones endocrinas, inmunológicas, metabólicas y neurológicas.

Su forma activa, la 1,25(OH)₂D, ejerce sus efectos a través del receptor de vitamina D (VDR), un factor de transcripción que regula la expresión génica. Este receptor interactúa con múltiples vías de señalización celular clave (NF-κB, JAK/STAT, PI3K/AKT, MAPK/SIRT1 y Wnt/β-catenina), lo que explica su impacto sistémico. Por tanto, cualquier alteración en los niveles de vitamina D —ya sea por déficit o exceso— genera consecuencias que afectan a múltiples sistemas biológicos.

  1. Metabolismo y mecanismos de acción

La vitamina D puede obtenerse por síntesis cutánea (dependiente de la radiación UV-B) o por vía dietética. Tras su producción o ingesta, se transforma en el hígado en 25(OH)D, principal marcador clínico, y posteriormente en el riñón en su forma activa.

Un aspecto clave que destaca el artículo es que esta activación no es exclusivamente renal: múltiples tejidos (especialmente células inmunes) pueden producir localmente vitamina D activa, lo que permite una regulación autocrina y paracrina. Este hecho refuerza su papel como modulador local de funciones específicas.

A nivel funcional, la vitamina D interviene en:

  • Sistema nervioso: promueve factores neurotróficos (BDNF, NGF) y reduce neuroinflamación.
  • Sistema inmune: modula la respuesta innata y adaptativa, favoreciendo un perfil antiinflamatorio.
  • Sistema óseo: regula la mineralización y el remodelado óseo.
  • Sistema muscular: mejora la función mitocondrial y la contracción muscular.
  • Sistema cardiovascular: influye en la función endotelial y el sistema renina-angiotensina.
  • Metabolismo: participa en la regulación de la glucosa y la sensibilidad a la insulina.

La vitamina D conecta procesos como la función mitocondrial, la inflamación y el metabolismo.

  1. Consecuencias moleculares del déficit

El déficit de vitamina D se traduce en una reducción de la actividad del VDR, lo que desencadena alteraciones en múltiples rutas celulares. Entre los efectos más relevantes destacan:

  • Activación de vías inflamatorias (NF-κB, JAK/STAT) → aumento de citocinas proinflamatorias.
  • Alteración del eje MAPK/SIRT1 → incremento del estrés oxidativo y disfunción mitocondrial.
  • Inhibición de la vía PI3K/AKT → resistencia a la insulina.
  • Activación aberrante de Wnt/β-catenina → proliferación celular descontrolada.

Estas alteraciones convergen en consecuencias sistémicas: inflamación crónica, disfunción energética, resistencia a la insulina y mayor riesgo proliferativo.

Este enfoque es especialmente relevante porque conecta mecanismos moleculares con enfermedades clínicas, evitando una visión fragmentada por órganos.

  1. Factores de riesgo y consecuencias clínicas

El déficit de vitamina D es multifactorial. Entre los principales determinantes se incluyen:

  • Baja exposición solar (latitud, estaciones, estilo de vida).
  • Pigmentación cutánea elevada.
  • Dieta insuficiente.
  • Envejecimiento.
  • Obesidad (secuestro en tejido adiposo).
  • Enfermedades hepáticas, renales o de malabsorción.
  • Uso de ciertos fármacos.

Las consecuencias clínicas son amplias y afectan múltiples sistemas:

  • Óseo: osteomalacia, osteoporosis, fracturas.
  • Metabólico: diabetes tipo 2, obesidad.
  • Cardiovascular: hipertensión, disfunción endotelial.
  • Inmunológico: infecciones, enfermedades autoinmunes.
  • Oncológico: mayor riesgo de ciertos cánceres.
  • Neurológico: depresión, deterioro cognitivo.
  • Reproductivo: alteraciones como síndrome de ovario poliquístico.
  1. Toxicidad por exceso de vitamina D

Un punto crítico del artículo —y poco abordado en la práctica clínica— es que el exceso de vitamina D también tiene efectos perjudiciales. La toxicidad suele derivar de la suplementación excesiva y se caracteriza por hipercalcemia.

A nivel molecular, el exceso de vitamina D provoca:

  • Activación sostenida del VDR.
  • Aumento de la absorción intestinal de calcio.
  • Alteración de la expresión génica.
  • Estrés oxidativo mitocondrial.

Clínicamente, esto se traduce en:

  • Síntomas digestivos (náuseas, vómitos).
  • Alteraciones neurológicas.
  • Disfunción renal (nefrocalcinosis).
  • Arritmias y calcificación vascular.

Este hallazgo refuerza una idea clave del artículo: la vitamina D debe entenderse como un sistema regulado dentro de un rango óptimo, no simplemente como un déficit a corregir.

  1. Implicaciones para el ejercicio y el rendimiento

El artículo establece un vínculo directo entre vitamina D y rendimiento físico, especialmente relevante en tu contexto profesional.

En el músculo, la vitamina D:

  • Regula el manejo intracelular de calcio → clave para la contracción.
  • Mejora la función mitocondrial → mayor producción de ATP.
  • Reduce el estrés oxidativo.
  • Modula la inflamación post-ejercicio.

El déficit se asocia con:

  • Disminución de la fuerza.
  • Atrofia de fibras tipo II.
  • Fatiga y menor tolerancia al ejercicio.
  • Recuperación más lenta.

Además, afecta al hueso, aumentando el riesgo de fracturas por estrés, y al sistema vascular, comprometiendo el suministro de oxígeno y nutrientes.

Sin embargo —y esto es importante— el artículo subraya que suplementar en sujetos con niveles adecuados no mejora el rendimiento, y puede incluso ser perjudicial si se excede.

  1. Conclusión: una visión integradora

El artículo concluye proponiendo un cambio de paradigma: la vitamina D debe considerarse una hormona reguladora de redes biológicas complejas, no un simple nutriente.

Su acción integra múltiples sistemas a través de la regulación génica mediada por el VDR. Tanto el déficit como el exceso generan disfunción, lo que evidencia la existencia de una ventana fisiológica óptima.

Desde una perspectiva clínica y aplicada, esto implica:

  • Evaluar la vitamina D como marcador sistémico.
  • Individualizar la suplementación.
  • Considerar sus efectos en rendimiento, recuperación y salud global.

Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/04/Vitamin-D-as-a-multisystem-regulatory-hormone.pdf

Referencia completa del artículo:

Nadh AG, Mohan A, Sajal H, Raju R. Vitamin D as a multisystem regulatory hormone: Molecular pathways, physiological integration, and implications for physical performance. J Steroid Biochem Mol Biol. 2026 Mar 24;260:107001. doi: 10.1016/j.jsbmb.2026.107001.

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