
Determinar con precisión la intensidad del ejercicio es fundamental para maximizar sus beneficios sobre la salud y adaptar el entrenamiento a las necesidades de cada persona. Las medidas habituales, como la percepción subjetiva del esfuerzo y la frecuencia cardiaca, resultan prácticas, pero pueden alterarse por factores como el calor, la cafeína, la hidratación o ciertos tratamientos farmacológicos. El lactato sanguíneo aporta información metabólica valiosa, aunque exige una toma invasiva. La calorimetría indirecta, basada en el análisis del oxígeno consumido y del dióxido de carbono producido, permite estimar de forma fiable el gasto energético y el uso relativo de grasas y carbohidratos, pero requiere equipos complejos poco accesibles fuera de laboratorios especializados.
Ante estas limitaciones, el líquido intersticial de la piel surge como una alternativa prometedora. Este fluido rodea las células cutáneas, no coagula, puede obtenerse mediante técnicas mínimamente invasivas y, en el futuro, podría analizarse con sensores portátiles adheridos a la piel. Su potencial es especialmente relevante porque podría permitir una vigilancia continua de la respuesta metabólica durante la actividad física, sin extracción de sangre ni análisis de gases respiratorios. Además, al reflejar procesos locales y recibir metabolitos procedentes de la circulación, podría ofrecer señales complementarias a las observadas en el plasma.
Durante un ejercicio progresivo, el metabolismo cambia de manera predecible. A intensidades bajas y moderadas aumenta la oxidación de grasas; al elevarse la carga, los carbohidratos adquieren un papel dominante y se incrementa el cociente de intercambio respiratorio. Esta transición metabólica quedó acompañada por cambios específicos en los metabolitos detectados en la piel. Las acilcarnitinas de cadena media y larga aumentaron principalmente durante la intensidad moderada, siguiendo un patrón semejante al de la oxidación corporal de grasas. Cuando la intensidad alcanzó niveles altos, estas moléculas tendieron a disminuir hacia valores cercanos al reposo, salvo la acilcarnitina C8, que mantuvo una elevación.
Las acilcarnitinas participan en el transporte y procesamiento de ácidos grasos dentro de la mitocondria. Su aumento puede reflejar un mayor flujo de lípidos hacia las rutas oxidativas o una acumulación temporal de intermediarios cuando la producción de energía supera la capacidad de procesamiento mitocondrial. La presencia de estas moléculas en el líquido intersticial cutáneo podría deberse tanto a su difusión desde el músculo activo y la sangre como a una contribución metabólica local de la piel. Aunque aún no se conoce con exactitud el tiempo que tardan en llegar desde el músculo hasta la piel, su comportamiento durante el esfuerzo sugiere que pueden servir como indicadores útiles de la utilización de grasas.
En cambio, el lactato aumentó en la piel durante el ejercicio intenso, en paralelo al incremento de la oxidación de carbohidratos. Esta respuesta es coherente con una mayor dependencia de la glucólisis cuando la demanda energética se eleva. El lactato podría proceder de los músculos activos, desde donde se distribuye a distintos tejidos, o generarse parcialmente en la propia piel, cuya epidermis posee una actividad glucolítica considerable. Así, la combinación de lactato y acilcarnitinas ofrece una lectura metabólica más rica que un único marcador aislado: el primero se asocia con el predominio de carbohidratos a alta intensidad y las segundas con la movilización y oxidación de grasas a intensidades moderadas.
El perfil metabólico de la piel no reproduce exactamente el de la sangre. A medida que aumentó la intensidad, las asociaciones entre ambos compartimentos se debilitaron, y el líquido intersticial mostró más correlaciones significativas con las variables respiratorias que el plasma. Esto indica que ambos fluidos reflejan dimensiones distintas, aunque complementarias, de la regulación metabólica durante el ejercicio.
La principal aplicación potencial es el desarrollo de dispositivos portátiles capaces de estimar en tiempo real el estrés metabólico, orientar la prescripción de ejercicio y ajustar la carga de entrenamiento. Sin embargo, se requiere cautela: las observaciones proceden de un grupo pequeño de adultos jóvenes, las concentraciones medidas mediante diálisis son inferiores a las reales del líquido intersticial y aún deben confirmarse la reproducibilidad, la influencia de la dieta, el sexo, la edad, el nivel de entrenamiento y las enfermedades.
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Referencia completa del artículo:
Yajima K, Maimaituxun G, Murakami T, Mitsuhashi S, Watanabe K, Nishiyasu T, Fujii N. Can we assess exercise metabolism from skin? Metabolomic profiles in skin dialysate collected during exercise. J Appl Physiol (1985). 2026 Jun 27. doi: 10.1152/japplphysiol.01017.2025.





