La acumulación de lactato después de ejercicio de alta intensidad suprime el apetito postejercicio

El ejercicio de alta intensidad inhibe el apetito en parte por alteraciones en la concentración periférica de hormonas reguladoras del apetito, como la grelina, el péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1) y péptido tirosina tirosina (PYY). Dado que el lactato puede mediar en esos efectos, recientemente se han publicado los resultados de un estudio (Vanderheyden y col, 2020; J Appl Physiol (1985) 2abr; doi: 10.1152/japplphysiol.00081.2020) cuyos autores utilizaron suplementación con bicarbonato sódico (NaHCO3), en un diseño doble ciego cruzado, para investigar el papel del lactato en la supresión del apetito inducido por el ejercicio. Participaron 11 sujetos que completaron 2 sesiones idénticas de entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT, 10×1 min en cicloergómetro al 90% FCmax, con 1 min de recuperación), ingiriendo antes del ejercicio: NaHCO3 (BICARB) o cloruro sódico como placebo (PLACEBO). Antes, y 30, 60 y 90 min después del ejercicio, se valoraron las concentraciones sanguíneas de lactato, grelina, GLP-1 y PYY, así como el apetito. Los resultados mostraron que justo después y a los 30 min post-ejercicio la concentración de lactato fue mayor en la sesión BICARB, con un aumento del área bajo la curva (AUC). La sesión BICARB tuvo menores concentraciones de grelina en 60 y 90 min post-ejercicio, con un descenso en AUC. La sesión BICARB aumentó PYY con un aumento del AUC. La sesión BICARB mostró una tendencia a aumentar GLP-1 a los 30 y 60 min post-ejercicio. La sesión BICARB tendió a reducir el apetito, aunque no se obtuvieron diferencias en el AUC. Los autores sugieren un efecto potencial del lactato en los ejercicios de alta intensidad asociados a un descenso del apetito.

La utilización de sesiones de HIIT para favorecer la pérdida de grasa corporal mediante el descenso del apetito post-ejercicio está bien documentado en sus bases fisiológicas. No obstante, desde un punto de vista práctico no todo es tan sencillo. Hay algunos requisitos previos para que realmente esta relación exista. La primera y más importante es que el HIIT suponga un verdadero estrés fisiológico que provoque los cambios neurohormonales que se asocian a un descenso del apetito post-ejercicio. El segundo factor, es el control de la ingesta calórica una vez superado el periodo post-ejercicio más próximo al ejercicio. Los resultados de la inmensa mayoría de los estudios no muestran evidencias firmes de que el ejercicio, per se, sea HIIT u otra modalidad, realmente se asocien a significativas pérdidas de masa grasa, supeditando sus efectos a una dieta apropiada.