Importancia de la actividad total y de la intensidad de la actividad en el riesgo cardiometabólico

Los niveles más altos de actividad física se asocian con un menor riesgo cardiometabólico. Sin embargo, la contribución relativa de la actividad general y la intensidad de la actividad no está clara.

Recientemente se han publicado los resultados de un estudio (Dawkins y col, 2022; Med Sci Sports Exerc 4-jun; doi: 10.1249/MSS.0000000000002939) cuyo objetivo fue determinar la contribución relativa de la actividad general y la distribución de la intensidad de la actividad en el riesgo cardiometabólico en un análisis transversal de oficinistas aparentemente sanos y en personas con una o más enfermedades crónicas.

Métodos: La puntuación de riesgo cardiometabólico agrupado se calculó a partir de la presión arterial media, el colesterol HDL, los triglicéridos y la HbA1c. Se utilizó software de código abierto (GGIR) para generar la aceleración promedio y el gradiente de intensidad a partir de los datos del acelerómetro de muñeca para dos conjuntos de datos: trabajadores de oficina que no tenían una condición médica autoinformada (N = 399, 70 % mujeres) y adultos con ≥1 enfermedad crónica (N = 1137, 34% mujeres). Se utilizaron análisis de regresión lineal múltiple para evaluar la contribución relativa de la actividad general y la intensidad de la actividad al riesgo cardiometabólico.

Resultados: Cuando se ajustaron mutuamente, tanto la actividad general como la intensidad de la actividad se asociaron de forma independiente con el riesgo cardiometabólico en el grupo sano (p < 0,05). Sin embargo, para el grupo de enfermedades crónicas, mientras que las asociaciones mutuamente ajustadas para la aceleración promedio se asociaron significativamente con el riesgo cardiometabólico (p < 0,001), la intensidad no lo estuvo. En individuos sanos, el riesgo cardiometabólico fue menor en aquellos con actividad general y/o intensidad de actividad alta, y que también realizaron al menos 10 minutos de caminata rápida. En aquellos con una enfermedad crónica, el riesgo fue menor en aquellos que realizaron al menos 60 minutos de caminata lenta.

Conclusiones: estos hallazgos sugieren que las intervenciones destinadas a optimizar la salud cardiometabólica en adultos sanos podrían centrarse en aumentar tanto la intensidad como la cantidad de actividad física. Sin embargo, en aquellos con enfermedades crónicas puede ser más apropiado aumentar la cantidad de actividad realizada, independientemente de la intensidad.

En los últimos años hemos vivido un cambio de paradigma en relación a la recomendación de ejercicio en relación a la salud. El HIIT, la alta intensidad aplicada en periodos breves de tiempo ha ganado protagonismo en todas las áreas relacionadas con la salud, incluso en muchas ocasiones en pacientes cardiorrespiratorios con enfermedades avanzadas. Sin embargo, no deberíamos olvidarnos de la importancia de la actividad física global en la vida de un individuo, tenga o no una patología. La cantidad de actividad física realizada es un hecho que acompaña a la fisiología del ser humano y no deberíamos olvidarnos de ello. Podríamos caer en el error de pensar que 8 min de HIIT al día puede compensar 23 h y 52 min de inactividad física. En mi opinión la alta intensidad es una herramienta de salud muy importante, pero lo es más mantener una vida activa con un global de actividad física diario lo más elevado posible.

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