
El entrenamiento en hipoxia, mediante estancias o sesiones en ambientes con menos oxígeno, lleva décadas utilizándose en el atletismo de resistencia. Puede consistir en vivir y entrenar en altura, vivir arriba y entrenar a baja altitud, o realizar exposiciones y sesiones intermitentes. Su propósito es ampliar el estímulo fisiológico sin reducir la calidad de las sesiones. Sin embargo, exige recursos, planificación y vigilancia, pues la hipoxia prolongada puede alterar el sueño, afectar la inmunidad y generar costes que no siempre se compensan con mejoras deportivas.
En mediofondo y fondo, el rendimiento depende del consumo máximo de oxígeno, de la capacidad de sostener intensidades altas y de la economía de carrera. Esta representa la energía u oxígeno requeridos para mantener una velocidad estable. Cuando mejora, permite correr a la misma velocidad con menor coste energético o avanzar más rápido sin elevarlo. Resulta crucial en deportistas muy entrenados, porque la economía suele asociarse estrechamente al rendimiento y, a medida que aumenta el nivel competitivo, el margen para perfeccionarla disminuye.
Los ensayos controlados disponibles en corredores competitivos y de élite no muestran una mejora promedio de la economía de carrera con entrenamiento hipóxico frente a programas equivalentes en normoxia. Tampoco revelan beneficios claros en el consumo máximo de oxígeno ni en las contrarrelojes, aunque algunos resultados aislados fueron favorables. La única señal positiva se observó en el tiempo hasta el agotamiento. Esa ventaja debe interpretarse con cautela: la certeza es muy baja, existe gran variabilidad entre personas y esta prueba de carga fija mide mejor la tolerancia fisiológica que el rendimiento de competición, para el cual una contrarreloj resulta más representativa.
Las mejoras puntuales podrían vincularse con aumentos de hemoglobina o hematocrito, descensos de la frecuencia cardíaca y menor coste cardiorrespiratorio durante carreras submáximas. También se proponen adaptaciones musculares periféricas: producción energética más eficiente, menor coste de contracción y cambios en la acumulación de metabolitos. Sin embargo, esas respuestas no son uniformes. Vivir en altura y entrenar abajo parece prometedor en ciertas velocidades, mientras las exposiciones intermitentes suelen producir estímulos demasiado breves para modificar de forma importante los parámetros sanguíneos. Ningún enfoque demostró una ventaja consistente.
La ausencia de un efecto global se relaciona con dosis hipóxicas, duraciones, altitudes simuladas, velocidades de entrenamiento y métodos de medición muy diversos. La economía se registró a ritmos distintos y, con frecuencia, solo como consumo de oxígeno por distancia o tiempo; por eso, las comparaciones no siempre reflejan cargas fisiológicas equivalentes. Además, quienes compiten al máximo nivel ya poseen una economía excelente y un consumo máximo cercano a su techo adaptativo. Sus mejoras potenciales son pequeñas y quizá requieren periodos más largos o ciclos repetidos, separados por estancias al nivel del mar. Prolongar la hipoxia, sin embargo, tampoco garantiza beneficios y puede intensificar sus efectos adversos.
La conclusión práctica es prudente: la hipoxia no constituye una vía fiable para perfeccionar la economía de carrera ni el rendimiento competitivo. Su uso requiere individualización, control de carga, hierro y recuperación, además de estudios rigurosos y equilibrados por sexo.
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Referencia completa del artículo:
Schwalm LC, Pilat C, Nolte S, Gatterer H, Krüger K, Hollander K. Does Hypoxic Training Improve Running Economy and Performance of Elite and Competitive Middle- and Long-Distance Runners? A Systematic Review With Meta-Analysis of Randomized Controlled Trials. J Strength Cond Res. 2026 Jun 16. doi: 10.1519/JSC.0000000000005554.





