El linfedema relacionado con el cáncer de mama constituye una secuela tras la cirugía. Se manifiesta por hinchazón crónica del brazo afectado por deterioro del drenaje linfático, y su aparición puede variar desde alrededor del 4 % hasta más del 30 %, según el tratamiento, el tiempo de seguimiento y los criterios diagnósticos. La disección de ganglios axilares, la radioterapia, un índice de masa corporal elevado, las infecciones posoperatorias y la limitación de movilidad del hombro aumentan el riesgo. Además de la alteración física visible, puede producir dolor, pesadez, pérdida de movilidad, dificultades funcionales, episodios de celulitis y un deterioro de la calidad de vida.
En este contexto, el ejercicio de resistencia progresiva plantea un cambio frente a la recomendación de evitar cargar el miembro intervenido. Este enfoque consiste en ejercicios de fuerza, con aumento gradual de la carga, las repeticiones, las series o la dificultad. La evidencia disponible indica que, aplicado, no solo parece seguro, sino protector. La contracción muscular rítmica favorece el retorno venoso y linfático mediante la bomba muscular; una mejor fuerza y movilidad del hombro y brazo facilita el uso de la extremidad y evita el desuso prolongado. Pueden contribuir la reducción de adiposidad, la mejora metabólica, una menor inflamación crónica y la posible limitación de la fibrosis tisular implicada en la progresión del linfedema.
Once ensayos aleatorizados, con 1.450 mujeres operadas de cáncer de mama y libres de linfedema al inicio, mostraron una reducción significativa del riesgo de desarrollar esta complicación. En conjunto, el entrenamiento progresivo de fuerza se asoció con una disminución del 32 % del riesgo relativo, frente a la atención habitual, la ausencia de ejercicio estructurado u otras intervenciones sin sobrecarga progresiva. Se registraron 207 casos durante el seguimiento, y la consistencia entre los resultados fue alta, sin heterogeneidad significativa. La asociación se mantuvo al retirar cada ensayo individualmente y al excluir los estudios con mayor riesgo de sesgo, lo que fortalece el hallazgo.
El beneficio no pareció depender de la edad, el índice de masa corporal, la realización de disección axilar, el momento de inicio, la duración del programa, la extensión del seguimiento ni el método de medición del linfedema. Esta estabilidad sugiere que la estrategia puede incorporarse incluso en contextos de mayor riesgo, con progresión gradual, control de síntomas y apoyo para la adherencia. Sin embargo, no permite definir cuál es la dosis óptima de entrenamiento ni identificar qué subgrupos obtienen mayor beneficio.
Persisten limitaciones: los programas variaron en ejercicios, intensidad, supervisión y formato domiciliario o presencial; las definiciones diagnósticas no fueron uniformes; y el cegamiento es difícil en intervenciones de ejercicio. Algunas participantes de los grupos de comparación pudieron aumentar su actividad, mientras que otras no cumplieron el programa prescrito, circunstancias que podrían atenuar las diferencias. La certeza es moderada. Por ello, resulta razonable integrar el entrenamiento de fuerza progresivo en la rehabilitación posoperatoria, junto con educación, vigilancia de síntomas, cuidado de la piel y derivación cuando sea necesario, mientras se desarrollan estudios con mayor duración y protocolos estandarizados y comparables.
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Referencia completa del artículo:
Chen S, Wu S, Chen Y, Tan W. Progressive resistance exercise for preventing breast cancer-related lymphedema after breast cancer surgery: A systematic review and meta-analysis. Biomol Biomed. 2026 Jun 26. doi: 10.17305/bb.2026.14006.






