
La crioterapia se utiliza de forma habitual para tratar lesiones de tejidos blandos y aliviar síntomas asociados a las tendinopatías, pese a que su fundamento científico en seres humanos continúa siendo limitado. Su acción se basa en reducir la temperatura de los tejidos mediante hielo, compresas frías o inmersión en agua fría, con el propósito de disminuir la actividad metabólica, la inflamación, el edema y la percepción dolorosa. Sin embargo, buena parte de estas justificaciones procede de modelos animales, cuyas respuestas fisiológicas y térmicas no siempre pueden trasladarse con seguridad a la práctica clínica humana. Además, la magnitud del enfriamiento depende de factores como la duración, el método de aplicación, la región anatómica y el grosor del tejido adiposo, lo que dificulta establecer protocolos uniformes.
Las tendinopatías representan un problema frecuente tanto en deportistas como en personas no deportistas y se caracterizan por dolor persistente y pérdida de función durante la carga mecánica. Su evolución está influida por la edad, el sexo, el tipo de actividad física, las exigencias laborales y diversas comorbilidades. En este contexto, resulta esencial determinar si el frío modifica realmente la estructura y la función del tendón o si sus efectos se limitan a un alivio sintomático transitorio.
La evidencia disponible indica que la crioterapia puede reducir el dolor a corto plazo, sobre todo cuando se combina con ejercicio, ultrasonido, compresión u otras intervenciones. No obstante, estos beneficios no se acompañan de mejoras consistentes en la función, la fuerza ni la capacidad mecánica del tendón. Cuando se aplica como tratamiento aislado, no se observan efectos clínicos, funcionales o estructurales relevantes. Algunas investigaciones han descrito pequeños aumentos en la rigidez tendinosa o cambios en la viscoelasticidad tras el enfriamiento, pero su importancia clínica es incierta y no demuestra una recuperación real del tejido.
En el plano fisiológico, el frío puede disminuir el flujo capilar, favorecer el retorno venoso y mantener la oxigenación profunda del tendón. También reduce temporalmente la velocidad de conducción nerviosa, el metabolismo local y la liberación de mediadores inflamatorios. Estos mecanismos ayudan a explicar la disminución del dolor y la sensación de confort después de la aplicación, pero parecen corresponder a ajustes neuromoduladores y circulatorios de corta duración, más que a una remodelación tendinosa sostenida.
La interpretación de los resultados exige cautela. Los estudios disponibles suelen incluir muestras pequeñas, protocolos muy distintos, intervenciones combinadas, seguimientos breves y escasez de grupos placebo o de comparación adecuados. La variabilidad entre regiones anatómicas y etapas de la lesión limita más cualquier generalización terapéutica. La ausencia de cegamiento, las deficiencias en la asignación de participantes y el uso frecuente de medidas subjetivas también reducen la certeza de las conclusiones. En consecuencia, la crioterapia no debe considerarse un tratamiento estándar ni una estrategia principal para la tendinopatía. Su utilidad más razonable sería como complemento temporal para controlar el dolor y facilitar la participación en programas activos de rehabilitación. Aún se necesitan ensayos clínicos rigurosos, con seguimiento prolongado, para establecer si aporta beneficios duraderos más allá del alivio sintomático inmediato.
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Referencia completa del artículo:
Lima TA, Rocha TS, Bezerra MA, Oliveira RR. Is cryotherapy effective for tendon health? A systematic review of evidence and methodological limitations. J Bodyw Mov Ther. 2026 Jun;46:346-355. doi: 10.1016/j.jbmt.2025.11.015.





