Las enfermedades cardiovasculares de origen aterosclerótico constituyen la principal causa de mortalidad a nivel mundial. Cada año se producen aproximadamente 17 millones de muertes relacionadas con estas enfermedades, lo que refleja la enorme carga sanitaria y social asociada a los factores de riesgo cardiometabólico. Entre los principales factores implicados destacan el tabaquismo, la obesidad, la hipertensión arterial, las dislipidemias, la hiperglucemia, una dieta poco saludable, el sedentarismo y la predisposición genética. En particular, la hipertensión es responsable de alrededor de 9,4 millones de muertes anuales y contribuye a aproximadamente el 45 % de las muertes por cardiopatía coronaria y el 51 % de las muertes por ictus.
Otro elemento central del riesgo cardiometabólico es el síndrome metabólico, definido como la presencia de al menos tres de los siguientes componentes: aumento de la glucosa en ayunas, niveles bajos de colesterol HDL, hipertrigliceridemia, presión arterial elevada y aumento de la circunferencia de cintura. Este síndrome afecta a aproximadamente el 35 % de los adultos en Estados Unidos, incluyendo a personas con diabetes tipo 2, lo que ilustra la magnitud del problema metabólico asociado a las enfermedades cardiovasculares.
En este contexto, la actividad física se reconoce como una herramienta fundamental tanto para la prevención primaria como para el manejo clínico de múltiples enfermedades crónicas, entre ellas la obesidad, la hipertensión, la diabetes tipo 2, la cardiopatía coronaria y el ictus. La evidencia científica acumulada indica que la práctica regular de ejercicio contribuye a mantener un peso corporal saludable y a mejorar diferentes marcadores cardiometabólicos. Las recomendaciones actuales de organizaciones como la Organización Mundial de la Salud, el American College of Sports Medicine y la Sociedad Europea de Cardiología sugieren realizar al menos 150 minutos semanales de ejercicio aeróbico de intensidad moderada o 75 minutos de ejercicio vigoroso, con el objetivo de preservar la salud cardiovascular.
Sin embargo, a pesar de estas recomendaciones, la adherencia a la actividad física continúa siendo baja en muchos países debido a barreras como la falta de tiempo, la escasa motivación o la baja adherencia a los programas de ejercicio. Como consecuencia, una proporción importante de la población mantiene estilos de vida sedentarios que aumentan significativamente el riesgo de desarrollar enfermedades cardiometabólicas.
Aunque existen numerosas revisiones sistemáticas y metaanálisis que han evaluado el efecto del ejercicio sobre determinados factores de riesgo cardiovascular, gran parte de esta literatura presenta heterogeneidad en las poblaciones estudiadas y en los resultados analizados. En muchos casos se incluyen poblaciones mixtas —personas sanas, pacientes con diferentes patologías o individuos con enfermedad cardiovascular establecida— lo que dificulta extraer conclusiones claras sobre el impacto del ejercicio en sujetos que presentan factores de riesgo pero aún no han desarrollado enfermedad cardiovascular.
Ante esta limitación, el objetivo del estudio fue realizar una umbrella review, es decir, una revisión de revisiones sistemáticas y metaanálisis de ensayos clínicos aleatorizados, para evaluar de forma global el efecto de diferentes tipos de ejercicio —como ejercicio aeróbico, entrenamiento de fuerza, entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT), yoga, Tai Chi o Qigong— sobre distintos factores de riesgo cardiometabólico en adultos con al menos un factor de riesgo cardiovascular pero sin enfermedad cardiovascular establecida.
Resultados
El análisis incluyó 16 metaanálisis de ensayos clínicos aleatorizados, que evaluaban diferentes modalidades de ejercicio y su impacto sobre múltiples variables cardiometabólicas como presión arterial, perfil lipídico, glucemia, hemoglobina glicosilada o circunferencia de cintura.
Los resultados mostraron que:
- El ejercicio aeróbico presentó evidencia sólida de reducción de la circunferencia de cintura en personas con síndrome metabólico.
- También mostró evidencia altamente sugestiva de reducción de la presión arterial sistólica y diastólica.
- El Tai Chi fue la modalidad que mostró resultados más consistentes, con reducciones significativas de la presión arterial y del colesterol total.
- En cambio, HIIT, entrenamiento de fuerza, yoga y Qigong no mostraron evidencia convincente de mejora en los factores cardiometabólicos analizados.
Discusión
La interpretación global de los resultados sugiere que el ejercicio aeróbico y el Tai Chi son las modalidades con evidencia más consistente de beneficio sobre los factores de riesgo cardiometabólico, especialmente sobre la presión arterial y, en menor medida, sobre el perfil lipídico y la circunferencia de cintura.
El ejercicio aeróbico se caracteriza por la activación rítmica y sostenida de grandes grupos musculares mediante procesos metabólicos predominantemente oxidativos. Actividades como caminar, nadar, correr, pedalear o bailar representan ejemplos clásicos de este tipo de ejercicio. Este tipo de entrenamiento se ha asociado tradicionalmente con mejoras en la capacidad cardiorrespiratoria y con efectos favorables sobre múltiples factores de riesgo cardiovascular.
Por su parte, el Tai Chi es una práctica de origen chino que combina movimientos corporales suaves con control respiratorio, equilibrio, coordinación y elementos meditativos. Aunque a menudo se considera una actividad de baja intensidad, sus efectos integrados sobre el sistema neuromuscular, la regulación autonómica y el control del estrés podrían explicar parte de los beneficios observados en parámetros cardiovasculares.
Uno de los hallazgos más relevantes fue la reducción significativa de la presión arterial asociada tanto al ejercicio aeróbico como al Tai Chi. En el caso del ejercicio aeróbico, la reducción promedio fue aproximadamente de 5 mmHg en la presión sistólica y 3 mmHg en la presión diastólica, mientras que el Tai Chi mostró reducciones incluso mayores en algunos análisis. Estos cambios son clínicamente relevantes, ya que pequeñas reducciones en la presión arterial se asocian con disminuciones sustanciales del riesgo cardiovascular.
De hecho, se estima que una reducción de 10 mmHg en la presión arterial sistólica o 5 mmHg en la diastólica puede reducir hasta un 25 % el riesgo de eventos cardiovasculares mayores en contextos de prevención primaria. Del mismo modo, reducciones relativamente modestas en el colesterol total pueden traducirse en descensos significativos del riesgo cardiovascular a largo plazo.
Otro aspecto relevante es el impacto del ejercicio sobre el control glucémico. El estudio identificó evidencia altamente sugestiva de mejora de la hemoglobina glicosilada tras programas de Tai Chi en personas con diabetes tipo 2. Asimismo, el ejercicio aeróbico se asoció con reducciones en la circunferencia de cintura, un marcador estrechamente relacionado con la adiposidad visceral y con el riesgo metabólico.
Sin embargo, los autores subrayan que algunos resultados difieren de lo descrito en otras guías clínicas o revisiones previas. Por ejemplo, mientras que algunas recomendaciones internacionales señalan mejoras claras del perfil lipídico con el ejercicio aeróbico o el entrenamiento de fuerza, esta revisión no encontró evidencia sólida en ese sentido. Esta discrepancia puede explicarse por diferencias en las poblaciones estudiadas, los diseños de los estudios o la calidad metodológica de los metaanálisis incluidos.
Además, el estudio pone de relieve que la calidad de la evidencia disponible es limitada. La mayoría de los metaanálisis incluidos fueron clasificados como de calidad metodológica baja o críticamente baja según la herramienta AMSTAR-2. Esto implica que los resultados deben interpretarse con cautela y que existe una necesidad clara de investigaciones más rigurosas.
Entre las principales limitaciones identificadas se encuentran el número relativamente pequeño de metaanálisis disponibles, la posible superposición de estudios primarios entre distintas revisiones y la baja calidad metodológica de muchos de los trabajos incluidos.
A pesar de estas limitaciones, la revisión aporta una visión integradora relevante al comparar diferentes modalidades de ejercicio dentro de una misma síntesis de evidencia. Esto permite comprender mejor qué tipos de ejercicio podrían ser más eficaces en personas con factores de riesgo cardiometabólico pero sin enfermedad cardiovascular establecida.
En conclusión, la evidencia disponible sugiere que el ejercicio físico puede mejorar determinados parámetros cardiometabólicos, especialmente la presión arterial. Entre las modalidades analizadas, el ejercicio aeróbico y el Tai Chi parecen ser las intervenciones con mayor respaldo científico, mientras que la evidencia sobre HIIT, entrenamiento de fuerza, yoga o Qigong sigue siendo insuficiente o inconsistente.
Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/03/Effect-of-different-types-of-exercise-interventions-on-cardiometabolic-risk.pdf
Referencia completa del artículo:
Chatzi C, Markozannes G, Ntzani EE, Rizzo M, Basios A, Kalampoki A, Tsilidis K, Makrilakis K, Milionis H, Rapti I, Rizos EC. Effect of different types of exercise interventions on cardiometabolic risk factors: An umbrella review of systematic reviews and meta-analyses. J Diabetes Complications. 2026 Feb 25;40(5):109305. doi: 10.1016/j.jdiacomp.2026.109305.





