Entrenamiento de fuerza de baja intensidad en ancianos frágiles

El concepto de fragilidad ha emergido como un importante factor de riesgo de la discapacidad. El descenso de la capacidad física y de las funciones fisiológicas propio de la edad llevan a un riesgo de pérdida de independencia y baja calidad de vida. Distintas investigaciones y estudios clínicos han mostrado la efectividad de los programas de actividad física en la prevención de la fragilidad. Recientemente se han publicado los resultados de un estudio (Sahin y col, 2018; Int J Rehabil Res 3-abr; doi: 10.1097/MRR.0000000000000285) cuyo objetivo fue evaluar cambios en ancianos frágiles después de aplicar un programa de fuerza, 3 días/semana, durante 8 semanas. Participaron 48 ancianos (69-96 años) que aleatoriamente fueron asignados a uno de los siguientes grupos de intervención: grupos de fuerza de alta intensidad (HI) o baja intensidad (LI). Un grupo control no desarrolló ningún programa específico. El entrenamiento consistió en una serie de 6-10 repeticiones, utilizando peso libre. El grupo LI utilizó un 40% 1RM, mientras que el grupo HI lo hizo con 70% 1RM. Los resultados mostraron que el grupo HI mostró mayores mejoras en los test de función física y fuerza muscular, pero el grupo LI también mostró mejoras significativas. Los resultados de valoraciones como la calidad de vida, depresión, equilibrio o actividades de la vida diaria fueron similares en ambos grupos de ejercicio. Este estudio demuestra que el entrenamiento de fuerza de baja intensidad tan efectivo como el de alta intensidad en la mayoría de los parámetros evaluados. El entrenamiento mostró su utilidad en la prevención de la fragilidad, mejorando la capacidad funcional, la fuerza, equilibrio y calidad de vida de los ancianos.

La conveniencia de aplicación de programas de ejercicio en pacientes mayores de edad es incuestionable. La evidencia científica es muy sólida y de manera unánime muestra claros beneficios clínicos, fisiológicos, psicológicos, de prevención de caídas y de calidad de vida de los ancianos, entre otros muchos efectos. Es imprescindible una exquisita preparación de los profesionales (fisioterapeutas y graduados en CAFYD) que se van a encargar de diseñar y aplicar ejercicio en esta población, al tiempo de una especial implicación de los médicos que tratan y controlan a los ancianos.

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