La carrera de ultramaratón de 24 horas, es un formato competitivo singular dentro de las pruebas de resistencia extrema cuya popularidad ha aumentado notablemente en las últimas décadas. A diferencia de las carreras tradicionales basadas en una distancia fija, este tipo de prueba se define por el objetivo de recorrer la mayor distancia posible en un tiempo límite de 24 horas, generalmente en circuitos cortos y repetitivos. Esta característica introduce demandas fisiológicas, psicológicas y estratégicas particulares que justifican la necesidad de un análisis científico específico.
Pese al creciente interés académico por el ultramaratón en general, existía hasta ahora una ausencia de revisiones integrales centradas exclusivamente en la modalidad de 24 horas. En consecuencia, los autores plantean como objetivo principal reunir y sistematizar la evidencia científica disponible sobre los factores que influyen en la participación, el rendimiento y las respuestas fisiológicas asociadas a esta prueba. El enfoque adoptado pretende no solo describir el estado del conocimiento, sino también identificar vacíos de investigación relevantes para el futuro.
Históricamente, el ultramaratón de 24 horas tiene antecedentes que se remontan al siglo XIX, pero su expansión moderna ha sido especialmente notable en las últimas décadas, con cientos de eventos organizados anualmente a nivel mundial. Este crecimiento ha ido acompañado de un aumento del interés científico por comprender los determinantes del rendimiento y las consecuencias fisiológicas del esfuerzo prolongado. En este contexto, el artículo propone integrar distintas perspectivas —fisiológicas, antropométricas, nutricionales, psicológicas y estratégicas— con el fin de ofrecer una visión multidimensional del fenómeno.
Uno de los aspectos más relevantes que se desprende de la revisión es el perfil demográfico característico de los participantes. A diferencia de otras modalidades atléticas, los corredores de ultramaratón de 24 horas suelen pertenecer a categorías máster, generalmente mayores de 35 años, lo que sugiere que la experiencia acumulada y la resistencia psicológica desempeñan un papel clave en el éxito competitivo. Este hallazgo cuestiona la idea tradicional de que el rendimiento máximo deportivo se alcanza exclusivamente en edades tempranas, mostrando que las pruebas de ultrarresistencia responden a dinámicas diferentes.
Desde la perspectiva del rendimiento, los autores destacan que la distancia media recorrida por los participantes suele situarse entre 150 y 160 kilómetros, mientras que los atletas de élite pueden superar los 200 kilómetros. Aunque los hombres continúan alcanzando distancias mayores que las mujeres, la brecha entre ambos sexos ha disminuido con el tiempo, lo que sugiere una progresiva convergencia en el rendimiento asociada a cambios socioculturales, mayor participación femenina y mejoras en los métodos de entrenamiento.
La discusión del artículo pone especial énfasis en la complejidad multifactorial del rendimiento en este tipo de pruebas. Entre los factores más determinantes se encuentran el volumen y la calidad del entrenamiento, la estrategia de ritmo (pacing), la experiencia previa en competiciones similares y la planificación nutricional durante la carrera. Estos elementos conforman lo que los autores denominan los “tres pilares” del éxito en ultramaratones: entrenamiento, nutrición y distribución del esfuerzo.
En contraste con otras disciplinas deportivas, las características antropométricas parecen tener una influencia limitada en el rendimiento en carreras de 24 horas. Variables como el peso corporal, la composición corporal o la longitud de las extremidades no muestran asociaciones consistentes con la distancia recorrida. Este resultado refuerza la idea de que las capacidades estratégicas, metabólicas y psicológicas tienen mayor peso que los factores morfológicos en pruebas de ultrarresistencia extrema.
Otro aspecto central abordado en la discusión es el papel de la nutrición. Durante una carrera de 24 horas, los corredores consumen principalmente carbohidratos para sostener el suministro energético, aunque generalmente experimentan un balance energético negativo debido al elevado gasto calórico. A pesar de ello, la ingesta adecuada de nutrientes y líquidos resulta fundamental para mantener el rendimiento y prevenir complicaciones fisiológicas. En este sentido, los autores señalan que la hiponatremia asociada al ejercicio aparece con baja frecuencia en esta modalidad, lo que sugiere que los corredores suelen gestionar de forma relativamente eficaz su hidratación.
Asimismo, la revisión analiza las adaptaciones fisiológicas producidas por este tipo de esfuerzo prolongado. Entre ellas destacan las modificaciones temporales en los sistemas cardiovascular, renal, inmunológico, digestivo y hematológico. Por ejemplo, se observan cambios en la presión arterial, elevación de biomarcadores cardíacos, alteraciones transitorias en la función renal y aumento de marcadores inflamatorios. Sin embargo, un hallazgo relevante es que la mayoría de estas alteraciones revierten en un plazo de dos o tres días tras la competición, lo que indica una notable capacidad de recuperación del organismo ante cargas extremas de esfuerzo.
En relación con la composición corporal, los autores destacan que la participación en una carrera de 24 horas suele provocar una reducción del peso corporal atribuible a la deshidratación, la pérdida de masa grasa y, en algunos casos, la disminución de masa muscular. No obstante, estas variaciones dependen de factores individuales como la velocidad de carrera, la estrategia nutricional y la experiencia previa del corredor.
La discusión también subraya la importancia de las estrategias de ritmo como elemento diferenciador entre corredores de alto y bajo rendimiento. Los atletas más experimentados tienden a mantener un ritmo más estable a lo largo de la prueba, mientras que los menos experimentados presentan mayores fluctuaciones en la velocidad, lo que repercute negativamente en la distancia final recorrida. Este hallazgo refuerza la relevancia de la planificación estratégica en pruebas de larga duración.
Desde una perspectiva aplicada, los autores destacan que la síntesis de la evidencia disponible puede resultar especialmente útil para entrenadores y atletas interesados en optimizar su preparación para este tipo de competición. La integración de variables fisiológicas, nutricionales y psicológicas permite diseñar programas de entrenamiento más eficaces y personalizados.
Finalmente, la revisión identifica varias líneas de investigación futura. Entre ellas destacan la necesidad de estudiar con mayor profundidad los procesos de recuperación tras la competición, así como los efectos a largo plazo del entrenamiento y la participación en ultramaratones de 24 horas sobre el sistema musculoesquelético. Asimismo, se señala la escasez de estudios sobre la nutrición posterior a la carrera, un aspecto potencialmente clave para mejorar la regeneración funcional del organismo tras esfuerzos extremos.
En conjunto, el artículo concluye que el ultramaratón de 24 horas constituye un modelo excepcional para el estudio de la fisiología de la resistencia prolongada, en el que el rendimiento depende de la interacción compleja entre experiencia, entrenamiento, nutrición y estrategias de esfuerzo, mientras que las alteraciones fisiológicas observadas durante la prueba son en su mayoría transitorias y reversibles en sujetos bien preparados.
Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/04/24-Hour-Ultra-Marathon-Running.pdf
Referencia completa del artículo:
Knechtle B, Braschler L, Weiss K, Scheer V, Duric S, Leite LB, Forte P, Nikolaidis PT, Chlíbková D, Rosemann T. 24-Hour Ultra-Marathon Running: A Narrative Review of Performance Factors and Physiological Impacts. Sports Med Open. 2026 Mar 17;12(1):32. doi: 10.1186/s40798-026-00997-z.





