
El artículo analiza una cuestión clásica y controvertida dentro del ámbito del rendimiento deportivo: si la actividad sexual previa al ejercicio físico influye de manera significativa en la respuesta fisiológica y en el desempeño atlético. Históricamente, entrenadores y atletas han sostenido la creencia de que la abstinencia sexual antes de la competición mejora el rendimiento, pero la evidencia científica disponible ha sido inconsistente y, en muchos casos, limitada. En este contexto, el estudio se propone examinar con mayor rigor experimental los efectos agudos del orgasmo inducido por masturbación 30 minutos antes del ejercicio máximo en atletas masculinos entrenados.
La introducción del artículo plantea que tanto la actividad sexual como el ejercicio físico constituyen componentes fundamentales del bienestar humano y están estrechamente interrelacionados. La práctica regular de ejercicio mejora la función sexual, mientras que un estilo de vida sexual saludable se asocia con mejores indicadores de calidad de vida y condición física. Sin embargo, la influencia inmediata de la actividad sexual previa al ejercicio sigue siendo objeto de debate debido a la diversidad de resultados en la literatura científica.
Los autores describen varios mecanismos potenciales mediante los cuales la actividad sexual podría afectar el rendimiento deportivo. Entre ellos destacan la modulación del sistema nervioso central y autónomo, cambios en el estado psicológico —como la motivación, la agresividad o la concentración—, alteraciones hormonales transitorias (especialmente en testosterona y catecolaminas), posibles perturbaciones del sueño y modificaciones en el metabolismo energético. Desde el punto de vista cardiovascular, la excitación sexual y el orgasmo generan respuestas comparables a un esfuerzo aeróbico moderado, incluyendo aumentos de la frecuencia cardíaca y la presión arterial, lo que sugiere que podrían actuar como una forma de activación fisiológica previa al ejercicio.
No obstante, la evidencia acumulada muestra resultados heterogéneos. La mayoría de estudios previos concluyen que la actividad sexual realizada entre 8 y 12 horas antes del ejercicio no afecta negativamente al rendimiento físico ni a la capacidad aeróbica. Sin embargo, cuando el intervalo entre la actividad sexual y el ejercicio es inferior a dos horas, los resultados son contradictorios: algunos trabajos no observan efectos perjudiciales, mientras que otros describen reducciones transitorias en la fuerza muscular. En general, las revisiones sistemáticas y metaanálisis más recientes coinciden en que el impacto de la actividad sexual previa al ejercicio es mínimo o inexistente.
La introducción también destaca la importancia de la respuesta neuroendocrina en este contexto. Tanto el ejercicio físico como la actividad sexual activan los ejes hipotálamo-hipófiso-gonadal y hipotálamo-hipófiso-adrenal, produciendo aumentos agudos de testosterona y cortisol. La testosterona favorece procesos anabólicos y mejora la fuerza muscular, mientras que el cortisol facilita la movilización de sustratos energéticos. Algunos estudios han mostrado que el orgasmo puede aumentar temporalmente los niveles de testosterona, aunque los resultados no son uniformes. Asimismo, la actividad sexual implica demandas neuromusculares y metabólicas que podrían influir en los marcadores de daño muscular y en la respuesta inflamatoria, aspectos escasamente investigados hasta ahora.
Sobre esta base, el estudio se plantea evaluar de forma simultánea variables de rendimiento físico, respuestas hormonales, marcadores inflamatorios y biomarcadores de daño muscular tras la masturbación realizada 30 minutos antes del ejercicio máximo, comparándolas con una condición de abstinencia sexual.
En la discusión, los autores interpretan los resultados obtenidos como evidencia de que el orgasmo previo al ejercicio no perjudica el rendimiento deportivo y puede incluso producir mejoras leves en algunos parámetros específicos. En particular, se observó un incremento pequeño pero significativo en la duración del ejercicio y en la fuerza media de prensión manual, junto con aumentos moderados en la frecuencia cardíaca, la testosterona y el cortisol. Además, se registró una reducción significativa de la lactato deshidrogenasa, marcador relacionado con el daño muscular.
Estos hallazgos sugieren que la actividad sexual previa genera una activación neuroendocrina transitoria compatible con un aumento del tono simpático seguido de un restablecimiento parcial del equilibrio autonómico. Esta activación podría facilitar la preparación cardiovascular y neuromuscular antes del ejercicio sin provocar un incremento del estrés fisiológico global. Sin embargo, los autores subrayan que la magnitud de los efectos observados es pequeña y no puede interpretarse como una mejora ergogénica relevante.
Desde una perspectiva fisiológica, el aumento de la frecuencia cardíaca tras el orgasmo se interpreta como consecuencia de la activación simpática aguda característica de la respuesta sexual. Este fenómeno podría actuar de manera similar a un calentamiento previo al ejercicio, mejorando el transporte de oxígeno y la preparación neuromuscular. No obstante, la activación excesiva del eje hipotálamo-hipófiso-adrenal podría, en teoría, provocar fatiga precoz o alteraciones en la atención. En el presente estudio, el intervalo de 30 minutos entre el orgasmo y el ejercicio parece haber permitido aprovechar los efectos facilitadores sin incurrir en consecuencias negativas.
Los autores también consideran la posible contribución de mecanismos neuromusculares comparables a la potenciación post-activación, fenómeno por el cual una contracción previa puede mejorar transitoriamente la capacidad de generar fuerza. Aunque la actividad sexual implica patrones de contracción distintos a los del entrenamiento de fuerza, la activación simpática asociada podría aumentar la excitabilidad motoneuronal y la preparación central para el esfuerzo.
Asimismo, la discusión aborda el papel de factores psicológicos. El orgasmo produce cambios en neurotransmisores como dopamina, serotonina y endorfinas, que pueden influir en la motivación, la percepción del esfuerzo y la confianza. Aunque el estudio no encontró diferencias en la percepción subjetiva del esfuerzo, es posible que modificaciones sutiles en la concentración o la disposición mental hayan contribuido a las pequeñas mejoras observadas.
En cuanto a la respuesta hormonal, el aumento simultáneo de testosterona y cortisol se interpreta como una adaptación aguda al estrés fisiológico, similar a la que se produce durante el ejercicio de alta intensidad. Este patrón refleja una movilización coordinada de recursos energéticos más que un desequilibrio anabólico-catabólico perjudicial. Además, la ausencia de cambios en los marcadores inflamatorios indica que la actividad sexual previa no incrementa la respuesta inflamatoria ni compromete la recuperación.
Respecto a los biomarcadores de daño muscular, la reducción observada en la lactato deshidrogenasa sugiere que la activación simpática previa podría mejorar la perfusión muscular y reducir el estrés metabólico transitorio durante el ejercicio. Sin embargo, los autores advierten que este hallazgo debe interpretarse con cautela debido a la naturaleza inespecífica del marcador y a la posible variabilidad biológica.
Finalmente, la discusión destaca la relevancia práctica de los resultados. Los datos obtenidos cuestionan el tradicional consejo de abstinencia sexual antes de la competición, mostrando que la actividad sexual moderada realizada con suficiente antelación no perjudica el rendimiento físico. No obstante, debido a la pequeña magnitud de los efectos observados y a la variabilidad interindividual, los autores no recomiendan considerar la actividad sexual como una estrategia ergogénica. En cambio, proponen interpretarla como un comportamiento compatible con la preparación deportiva dentro de condiciones fisiológicas normales.
En conjunto, el estudio contribuye a clarificar un tema históricamente dominado por creencias anecdóticas, aportando evidencia experimental que sugiere que la actividad sexual previa al ejercicio induce una activación neuroendocrina breve y adaptativa sin efectos negativos sobre el rendimiento en atletas entrenados.
Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/04/Sexual-activity-before-exercise-influences.pdf
Referencia completa del artículo:
Fernández-Lázaro D, Garrosa M, Santamaría G, Roche E, Izquierdo JM, Seco-Calvo J, Mielgo-Ayuso J. Sexual activity before exercise influences physiological response and sports performance in high-level trained men athletes. Physiol Behav. 2026 Apr 1;307:115203. doi: 10.1016/j.physbeh.2025.115203.




