El uso de suplementos en ciclismo ha evolucionado desde una práctica empírica hacia una estrategia cada vez más fundamentada en la bioquímica muscular y la fisiología del ejercicio. La revisión analizada propone un marco integrador en el que la suplementación no se concibe como una herramienta aislada, sino como una intervención dirigida a modular sistemas energéticos específicos, optimizar la recuperación y sostener la salud del deportista a largo plazo. El punto de partida es claro: el rendimiento ciclista depende de la capacidad del músculo esquelético para regenerar adenosín trifosfato (ATP) de forma eficiente a través de cuatro vías metabólicas interrelacionadas: el sistema fosfágeno, la glucólisis, la fosforilación oxidativa y la beta-oxidación. Comprender cómo y cuándo predomina cada sistema constituye la base racional para seleccionar suplementos con sentido fisiológico.
Durante esfuerzos explosivos de pocos segundos, como aceleraciones o sprints en pista, predomina el sistema fosfágeno, dependiente de las reservas intramusculares de fosfocreatina. En este contexto, la creatina monohidrato incrementa el contenido de fosfocreatina y favorece una resíntesis más rápida de ATP, mejorando la capacidad de repetir esfuerzos de alta intensidad. A medida que la duración del esfuerzo aumenta y la intensidad sigue siendo elevada, la glucólisis adquiere protagonismo. Sin embargo, la acumulación de iones hidrógeno asociada al metabolismo anaeróbico reduce el pH intracelular e inhibe enzimas clave como la fosfofructoquinasa-1, limitando la producción de energía y acelerando la fatiga. Aquí reside la lógica de la beta-alanina y el bicarbonato sódico: ambos actúan como agentes amortiguadores, el primero incrementando la carnosina intramuscular y el segundo elevando la capacidad buffer extracelular. Su uso combinado ilustra cómo la intervención puede dirigirse simultáneamente a compartimentos distintos del equilibrio ácido-base para prolongar la tolerancia a esfuerzos de 1 a 4 minutos, habituales en subidas intensas o contrarrelojes cortas.
Cuando el esfuerzo se prolonga y la intensidad es submáxima, la fosforilación oxidativa se convierte en el motor principal del rendimiento. La eficiencia mitocondrial, la disponibilidad de oxígeno y el suministro de sustratos energéticos determinan la capacidad de sostener la potencia. Los carbohidratos desempeñan un papel central al mantener la glucemia y preservar el glucógeno muscular, retrasando la fatiga central y periférica. La evidencia es especialmente robusta en este punto: la ingesta de 30 a 90 gramos por hora, e incluso hasta 120 gramos por hora utilizando múltiples transportadores intestinales, mejora el rendimiento en eventos prolongados. La cafeína, por su parte, actúa predominantemente a nivel del sistema nervioso central mediante antagonismo de los receptores de adenosina, reduciendo la percepción del esfuerzo y favoreciendo la activación neuromuscular. Su eficacia transversal en distintas duraciones e intensidades la sitúa entre los suplementos con mayor respaldo científico.
En esfuerzos muy prolongados o en situaciones de depleción de glucógeno, la beta-oxidación cobra mayor relevancia. Aunque la oxidación de ácidos grasos produce una gran cantidad de ATP, su velocidad es menor y depende estrictamente del aporte de oxígeno. En este contexto se ha planteado el uso de carnitina para facilitar el transporte de ácidos grasos al interior mitocondrial. Sin embargo, su eficacia práctica parece limitada y dependiente de estrategias crónicas de coingesta con carbohidratos que favorezcan su acumulación muscular. De forma similar, las cetonas exógenas han suscitado interés por su potencial como sustrato alternativo, pero la evidencia actual es inconsistente y su beneficio ergogénico en ciclismo permanece incierto.
Más allá de los suplementos que actúan directamente sobre la producción de energía, la revisión concede relevancia a aquellos que sostienen la salud y la resiliencia fisiológica. El hierro es indispensable para el transporte de oxígeno y la función mitocondrial; su deficiencia compromete de forma clara el rendimiento aeróbico. El calcio y la vitamina D son fundamentales para la salud ósea, especialmente en deportistas con baja disponibilidad energética o antecedentes de lesiones por estrés. La proteína, los ácidos grasos omega-3 y la vitamina D contribuyen a la reparación muscular y modulan la respuesta inflamatoria. La N-acetilcisteína, al aumentar el glutatión intracelular, puede reducir el estrés oxidativo durante bloques de entrenamiento intensivo, aunque su uso crónico podría interferir con adaptaciones mitocondriales dependientes de señales redox. Este matiz introduce un elemento crítico: no toda intervención que reduce el daño agudo es necesariamente beneficiosa para la adaptación a largo plazo.
Uno de los aportes conceptuales más relevantes es la integración entre diagnóstico fisiológico y suplementación. La evaluación del VO₂max, el perfil de lactato, la concentración de sodio en sudor o los biomarcadores sanguíneos permiten identificar limitaciones específicas y orientar decisiones. Una aparición precoz de lactato podría sugerir utilidad de agentes buffer; una anemia ferropénica requeriría corrección antes de considerar otras estrategias; elevadas pérdidas de sodio justificarían protocolos individualizados de hidratación. Esta aproximación se alinea con los principios de la nutrición de precisión, aunque la revisión reconoce que la validación científica de estrategias verdaderamente personalizadas aún es limitada.
La discusión también aborda la práctica habitual de combinar múltiples suplementos. Aunque algunas sinergias están respaldadas, como beta-alanina más bicarbonato o cafeína más carbohidratos, el apilamiento indiscriminado puede generar redundancias, sobrecarga gastrointestinal o interferencias fisiológicas. El enfoque recomendado es probar combinaciones en entrenamiento, priorizar compuestos con evidencia sólida y evitar duplicidades mecanísticas sin justificación clara.
En términos de calidad de evidencia, los suplementos clasificados como de mayor respaldo científico incluyen beta-alanina, cafeína, carbohidratos, creatina, nitratos dietéticos, bicarbonato sódico, electrolitos y glicerol. Otros compuestos muestran resultados más variables o dependientes del contexto competitivo. La revisión subraya además limitaciones importantes: predominio de estudios en varones, escasez de datos a largo plazo para algunos suplementos y heterogeneidad entre disciplinas ciclistas que dificulta generalizaciones amplias.
En conjunto, la suplementación eficaz en ciclismo no debe interpretarse como una solución universal, sino como una herramienta estratégica que actúa sobre nodos bioquímicos específicos del metabolismo energético. La intervención óptima exige comprender la fisiología subyacente, seleccionar compuestos con respaldo sólido, contextualizar su uso según la disciplina y las características individuales, y equilibrar el beneficio agudo con la adaptación crónica. El mensaje final es prudente y técnico: el rendimiento sostenible emerge de la interacción entre entrenamiento, nutrición y regulación metabólica, y los suplementos solo adquieren sentido cuando se integran en ese marco global basado en evidencia.
Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/02/A-comprehensive-review-of-the-physiology-and.pdf
Referencia completa del artículo:
Rowland A, Edwards S, Prieto-Bellver G, Menz B, Rowland A, Cornelisse E, Karapetis CS, Wallen MP, Hopkins AM. A comprehensive review of the physiology and evidence base to guide the use of ergogenic and medical supplements for enhanced cycling performance. J Int Soc Sports Nutr. 2026 Dec 31;23(1):2630487. doi: 10.1080/15502783.2026.2630487.





