Sistema inmunitario y rendimiento: del defensor al biosensor fisiológico

Salud y Deporte

El sistema inmunitario no es solo un sistema de defensa, sino un auténtico biosensor integrado del estado fisiológico y del rendimiento humano. Esta perspectiva se enmarca dentro de la inmunología de sistemas, que entiende la inmunidad como una red dinámica de interacciones celulares y moleculares, profundamente interconectada con otros sistemas como el endocrino, el nervioso y el metabólico.

Tradicionalmente, el estudio del sistema inmunitario en el ejercicio ha sido fragmentado y, en muchos casos, basado en modelos animales con limitada aplicabilidad al ser humano. Sin embargo, los autores argumentan que los avances en tecnologías “ómicas” permiten ahora analizar la inmunidad directamente en humanos, capturando su complejidad real. Esto es especialmente relevante en el contexto del rendimiento deportivo, donde múltiples sistemas interactúan simultáneamente.

Uno de los conceptos clave es el de asignación de recursos energéticos. El organismo dispone de una cantidad limitada de energía que debe distribuir entre diferentes funciones: rendimiento físico, crecimiento, reproducción y defensa inmunitaria. En situaciones de alta demanda, como el ejercicio intenso o el entrenamiento de élite, puede producirse una competencia entre estos sistemas. Esto implica que, en determinados contextos, una elevada exigencia física podría comprometer temporalmente la función inmunitaria, o viceversa.

Desde el punto de vista fisiológico, el sistema inmunitario desempeña un papel fundamental en la adaptación al ejercicio. No solo participa en la defensa frente a patógenos, sino también en procesos de “mantenimiento” como la reparación tisular y la recuperación post-ejercicio. Este aspecto suele infravalorarse, pero es esencial: sin una respuesta inmunitaria adecuada, no hay adaptación al entrenamiento.

El artículo distingue claramente entre respuestas agudas y adaptaciones crónicas al ejercicio. Durante el ejercicio agudo, se produce una compleja cascada de eventos: redistribución del flujo sanguíneo, movilización de sustratos energéticos, liberación hormonal y activación inmunitaria. A nivel inmunológico, esto se traduce en leucocitosis y movilización de células inmunes hacia la circulación periférica. Además, se observa una respuesta inflamatoria transitoria caracterizada por un aumento inicial de citoquinas proinflamatorias (como IL-6), seguido de una respuesta antiinflamatoria (IL-10, IL-1RA).

Este patrón refleja un proceso altamente regulado: primero se activa el sistema para responder al estrés del ejercicio y después se promueve la recuperación. Además, existe una interacción intensa con el sistema endocrino, especialmente a través del eje hipotálamo-hipófiso-adrenal (HPA), donde hormonas como el cortisol modulan la respuesta inmunitaria.

Cuando estos estímulos agudos se repiten en el tiempo, se generan adaptaciones crónicas. Entre ellas destacan el aumento de la actividad de células NK, una mejor regulación del equilibrio entre células efectoras y reguladoras, y una mejora en la vigilancia inmunológica. Estas adaptaciones pueden retrasar el envejecimiento inmunitario (inmunosenescencia) y contribuir a una mejor salud general.

Sin embargo, no todas las adaptaciones son necesariamente beneficiosas. El entrenamiento excesivo o mal programado (overtraining) puede deteriorar la función inmunitaria, reduciendo la actividad de células clave y aumentando la susceptibilidad a infecciones. Este deterioro no suele alcanzar niveles clínicos graves, pero sí puede afectar al rendimiento y a la recuperación.

Aquí aparece una discusión importante: la clásica teoría de la curva en “J”, que sugiere que el ejercicio moderado mejora la inmunidad, mientras que el ejercicio intenso la deprime. Los autores cuestionan esta visión simplista. Argumentan que muchos de los datos que apoyaban esta teoría pueden explicarse por factores como la redistribución celular (no inmunosupresión real) o variables de confusión (viajes, estrés competitivo, etc.).

En su lugar, proponen una visión más compleja y realista: una especie de curva en “S”, donde los atletas bien adaptados y optimizados pueden tener incluso menor riesgo de infección que la población general. Esto implica que el problema no es la alta carga de entrenamiento per se, sino la falta de optimización de los sistemas que la soportan.

En este contexto, el artículo enfatiza la importancia de factores moduladores clave:

  • Nutrición: déficits de micronutrientes (hierro, zinc, vitaminas) comprometen la inmunidad. Además, no todos los macronutrientes tienen el mismo efecto: los carbohidratos pueden atenuar la respuesta inflamatoria al ejercicio, mientras que dietas altas en grasas saturadas pueden ser perjudiciales.
  • Proteína: ingestas elevadas pueden reducir infecciones respiratorias en atletas.
  • Microbiota intestinal: influye en la función inmunitaria y en la disponibilidad de nutrientes.
  • Sueño: fundamental para la regulación inmunitaria; su privación aumenta la inflamación y el riesgo de lesión.
  • Estrés: tanto físico como psicológico, modula la función inmunitaria a través del eje HPA.

Todo esto refuerza la idea de que el sistema inmunitario está profundamente integrado en la homeostasis global del organismo.

Desde una perspectiva aplicada, los autores proponen que el sistema inmunitario puede utilizarse como un biosensor clínico y deportivo. Es decir, mediante el análisis de biomarcadores inmunológicos (idealmente con tecnologías avanzadas), se podría monitorizar el estado de salud, la carga de entrenamiento y la capacidad de adaptación de un individuo. Esto abriría la puerta a una prescripción de ejercicio verdaderamente personalizada.

Sin embargo, aquí conviene ser escéptico: el propio artículo reconoce que todavía existen importantes limitaciones. Falta investigación longitudinal en humanos, especialmente que integre respuestas agudas y adaptaciones crónicas. Además, muchos biomarcadores utilizados actualmente (como IgA salival) son poco específicos y están influenciados por múltiples factores.

Finalmente, el artículo plantea preguntas abiertas relevantes:

  • ¿Cómo afecta el entrenamiento a lo largo de toda la vida a la composición del sistema inmunitario?
  • ¿Cómo se regula la asignación de recursos entre rendimiento e inmunidad en situaciones de alta demanda?
  • ¿Cuál es el momento óptimo para entrenar en relación con infecciones o vacunación?

Estas cuestiones reflejan que aún estamos lejos de comprender completamente la interacción entre ejercicio e inmunidad.

Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/03/The-Immune-System-as-a-Biosensor-o.pdf

Referencia completa del artículo:

Reitzner SM, Brodin P. The Immune System as a Biosensor of Health and Athletic Performance. Scand J Med Sci Sports. 2026 Mar;36(3):e70258. doi: 10.1111/sms.70258.

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