La triada de la atleta en mujeres adolescentes

Autora: Dafne Granado
Graduada en Fisioterapia por la ULPGC
Máster en Fisiología del Ejercicio por la UBA

RESUMEN

En junio de 1992, el Colegio Americano de Medicina del Deporte (ACSM) convocó a un panel de expertos para hacer frente a un conjunto de trastornos observados en mujeres atletas; trastornos de alimentación, amenorrea, y osteoporosis. Esta condición fue reconocida como la “Triada de la mujer atleta”, y el ACSM publicó por primera vez un documento sobre esta condición en 1997. Éste fue actualizado en 2007 redefiniendo a la triada como un síndrome complejo que involucra 3 espectros interrelacionados consistentes en la baja disponibilidad de energía, disfunción menstrual, y baja densidad mineral ósea.

A pesar del aumento de la concienciación y de haber aumentado significativamente la investigación, la tríada continúa siendo altamente prevalente en atletas.

El objetivo principal es conocer los indicadores de efectividad de los componentes de la triada de la atleta en los diferentes estudios.

Se llevó a cabo una revisión bibliográfica y se realizó una búsqueda de artículos en las siguientes bases de datos: Cochrane, PEDro, Pubmed y Elsevier. En total se seleccionaron 9 artículos para realizar el estudio.

Tras el análisis de los 9 estudios seleccionados, se mostró los diferentes indicadores de efectividad existentes en la bibliografía actual para reconocer y valorar los componentes de la triada. Los cuestionarios de trastornos alimenticios fueron los parámetros empleados por excelencia en varios estudios. Sin embargo también se contempló el estado menstrual y la densidad mineral ósea de las participantes en los estudios.

Se recomienda un fomento, a nivel mundial, de medidas de prevención como primera línea de tratamiento, por lo que sería interesante realizar un manual específico para cada deporte y, posteriormente adaptarlo al atleta.

Podemos concluir que existen numerosos indicadores de efectividad para la detección de la triada, siendo el desorden alimenticio el parámetro más utilizado por todos los autores en sus estudios por medio de cuestionarios.

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN
Justificación
Marco teórico

  • Conceptos y componentes de la triada
  • Mecanismos etiológicos de los componentes de la triada
  • Patologías secundarias asociadas de la triada
  • Parámetros diagnósticos y valoración
  • Tratamiento y prevención

Objetivos

MATERIAL Y MÉTODO
Diseño del estudio
Selección de artículos
Recogida de datos: estrategia de búsqueda
Tipo de estudios

RESULTADOS
Variables recogidas en la anamnesis de los estudios

  • Características generales de la población
  • Factores relacionados con la triada
  • Otros parámetros

Características específicas del estudio

  • Indicadores de efectividad
  • Otras características relacionadas con los componentes de la triada
  • Cuestionarios de detección de trastornos alimenticios
  • Deportes realizados en los estudios seleccionados
  • Edad de la población estudiada
  • Características de las muestras de población de los estudios

DISCUSIÓN

CONCLUSIONES

BIBLIOGRAFÍA


 

INTRODUCCIÓN

JUSTIFICACIÓN

Durante las últimas décadas los cambios sociales han fomentado el desarrollo de una actitud positiva hacia las actividades deportivas femeninas, y ha habido un notable aumento en el número de niñas y mujeres que participan en todos los niveles de competiciones deportivas6, 7.

Para la mayoría de las personas es una experiencia positiva que proporciona una mejor condición física y una mejora en la salud. Sin embargo, las mujeres atletas han desarrollado su propio conjunto de problemas médicos, siendo la Tríada de la Atleta, uno de los más relevantes6.

A mediados de 1990 fueron identificadas las primeras mujeres con condiciones de la triada de la atleta, presentando consecuencias negativas a largo plazo28.

En junio de 1992, ACSM convocó a un panel de expertos para hacer frente a un conjunto de trastornos observados en mujeres atletas adolescentes y adultas jóvenes. Trastornos de alimentación, amenorrea, y osteoporosis fueron observados atletas que participan en actividades deportivas para acentuar un físico más delgado1, 68, 9, 28. Esta condición fue reconocida como la “Triada de la mujer atleta”, y el ACSM publicó por primera vez un documento sobre esta condición en 1997 1, 9, 12, 13, 17, 19, 21, 25, 28, 34, 37, 40.

Posteriormente, en 2007 el ACSM actualiza el documento redefiniendo a la triada como un síndrome complejo que involucra 3 espectros interrelacionados consistentes en la baja disponibilidad de energía, disfunción menstrual, y baja densidad mineral ósea (DMO)4, 6, 7, 8, 9, 10, 12, 13, 19, 21, 25, 28, 31. Esta nueva definición enfatiza las causas subyacentes de este síndrome y destaca el papel de la baja disponibilidad de energía como el trastorno clave entre la tríada40. Con estas nuevas definiciones, más atletas son ahora reconocidos con componentes de la tríada28.

Fig1

(Figura 1. Intervalos de disponibilidad energética, función menstrual y densidad mineral ósea a lo largo de los cuales pueden localizar las distintas situaciones de las deportistas (flechas rojas). La disponibilidad energética, definida como la ingesta de energía a través de la dieta menos el gasto energético, afecta a la densidad mineral ósea bien vía hormonas metabólicas (insulina, hormona del crecimiento, etc.), que facilitan la formación ósea, o bien mediante el efecto sobre la función menstrual, contribuyendo a mantener unos niveles estrogénicos adecuados que limiten la destrucción ósea (flechas negras)47.

Según el ACSM, hay algunas disciplinas deportivas que tienen un mayor riesgo para el desarrollo de uno o más componentes de la triada, estos son6:

  • Deportes en los que se califica subjetivamente el desempeño: danza, gimnasia, patinaje artístico6, 7.
  • Deportes de resistencia a favor de participantes con un bajo peso corporal: carreras de fondo6, 7, ciclismo6.
  • Deportes donde la ropa de competición es ajustada y muestra el contorno del cuerpo: natación6, 7, buceo6.
  • Deportes que utilizan categorías de peso su participación: lucha libre, artes marciales6.
  • Deportes donde la constitución corporal prepuberal favorece el éxito: gimnasia, patinaje artístico6, 7.

Las atletas femeninas suelen presentar uno o más de los tres componentes de la tríada4, 10. Cada trastorno de por sí es una preocupación médica significativa, pero cuando los tres componentes están presentes, los efectos tienen un mayor potencial de riesgo con impactos graves y prolongados sobre la salud y el rendimiento deportivo de la persona7.

A pesar del aumento de la concienciación y de haber aumentado significativamente la investigación, la tríada continúa siendo altamente prevalente en los atletas13.

Existe una alta prevalencia en los colegios, sobre todo en aquella población que cursa secundaria31 y en poblaciones de atletas de elite femeninas28.

Es importante tener en cuenta que una gran minoría de los atletas con diagnóstico de este síndrome, se manifiesta en realidad con los tres componentes en el mismo grado de forma simultánea40.

La prevalencia de atletas femeninas con los tres componentes de la triada es baja 25, sólo el 1-14% de las mujeres atletas presenta los tres componentes de la triada16, 37. Sin embargo los componentes individuales de la triada son más comunes en los atletas de todos los niveles y edades competitivos25. Hasta 78% de las mujeres atletas tienen al menos uno de los tres componentes de la tríada37.

En los atletas, la prevalencia de la baja disponibilidad de energía, disfunción menstrual y DMO alterada demuestra una marcada variabilidad40.

Un estudio mostró que en secundaria el 78% de mujeres atletas tuvo uno o más componentes de la tríada, y el 50% informó de la disfunción menstrual25.

Una mayor prevalencia de disfunción menstrual se ha reportado en la población atlética en comparación con la población general. Las alteraciones menstruales se estima que afecta al 20% de las mujeres deportistas, con prevalencias tan grandes como 44% en bailarinas de ballet y el 51% en los corredores de resistencia1, 6.

Los estudios realizados en la población atlética adolescentes han estimado la prevalencia de disfunción menstrual en un rango de 20% a 54%1.

Javed A. et al estudio a atletas de secundaria que cumplían con los criterios para trastornos alimenticios, irregularidad menstrual y baja DMO con unos porcentajes de 18.2%, 23.5% y 21.8% respectivamente25.

En Estados Unidos en escuela secundaria y las atletas universitarias, la prevalencia de la tríada se ha estimado en un rango 0-12%; Sin embargo, la prevalencia de trastornos individuales de la tríada es mucho más alta, con 23,5% en mujeres atletas que experimentan disfunción menstrual, un 18,2% de mujeres que exhiben patrones desordenados alimenticios y el 4,1% tiene una baja densidad mineral ósea25.

Los atletas son un grupo con características distintivas, considerados la población de mayor riesgo para desarrollar trastornos alimenticios3, 28, estimándose que el 95% de los casos de trastornos alimenticios ocurren entre las mujeres, y el 90% de los casos ocurren en personas menores de 25 años2, 3, 22, 27, 29.

Los trastornos de la alimentación se asocian con una morbilidad considerable y, por lo tanto, una de las mayores tasas de mortalidad entre las enfermedades mentales27.

El atletismo femenino en secundaria ha continuado creciendo a pasos agigantados, incluyendo un incremento aproximado de 4 veces a más de 3 millones participantes activos actualmente. A la vista de este crecimiento dinámico y con el conjunto de ideales perfeccionistas sobre la imagen corporal, hace que sea más probable que aumente considerablemente el riesgo desarrollar este síndrome 40.

A pesar de los efectos negativos de la Tríada, los entrenadores y los atletas son en gran parte inconsciente de la Tríada y sus consecuencias4, 31.

Por ejemplo, Feldman et al informaron en su estudios que la mayoría de los atletas de secundaria femenina no estaban familiarizados con las relaciones entre la disfunción menstrual, mineral ósea densidad, y el riesgo de lesión (número promedio de respuestas correctas fue de 1,46 sobre 6)4.

MARCO TEÓRICO

Triada de la atleta: conceptos y clasificación de sus componentes.

La triada de la mujer atleta es una condición que se caracteriza por la baja disponibilidad de energía, la disfunción menstrual, y la pérdida de densidad mineral ósea.

  • Baja disponibilidad de energía: se define como el consumo de energía, menos gasto energético, o la cantidad de energía restante después de hacer ejercicio para la regulación de las funciones corporales normales.

La disponibilidad de energía se produce a lo largo de un espectro, desde la óptima la disponibilidad de energía a la baja disponibilidad de energía, donde la baja energía disponibilidad puede ocurrir con o sin un trastorno alimenticio1, 5, 12, 13, 15, 34.

Se considera baja disponibilidad de energía < 30 kilocalorías por kilogramo de masa magra (kcal / kgMm), porque los cambios relacionados con el metabolismo, la reproducción y formación hueso se ven por debajo de este nivel12.

  • Disfunción menstrual: Se refiere a la irregularidad menstrual que incluye amenorrea primaria, amenorrea secundaria, y oligomenorrea1.
  1. Amenorrea primaria: se refiere a un retraso en la menarquía. La edad de definición para la amenorrea primaria es ahora 151, 12, 13.
  2. La amenorrea secundaria: se define como el cese de la menstruación durante 3 meses consecutivos en el adolescente que ha comenzado a menstruar1, 12.
  3. Oligomenorrea: se define como ciclos menstruales ocurren con más de 35 días de diferencia1, 12.

Baja DMO: se refiere a la DMO a través de un espectro, que van desde la salud ósea óptima a la osteoporosis1. En la población adolescente, baja masa ósea se define como “la densidad mineral ósea inferior a las normas establecidas acordes a la edad cronológica”. Se requiere tanto la presencia de baja densidad de masa ósea como un historial clínico de lesiones significativo1.

  • Mecanismos etiológicos de la triada de la atleta.

BAJA DISPONIBILIDAD DE ENERGÍA – TRASTORNOS ALIMENTICIOS

Los estudios que han evaluado la presencia de la triada de la mujer atleta han demostrado que el trastorno alimenticio es el componente más prevalente y parece ser el factor que desencadena este síndrome3, 29, 40, ya que influye directamente en los otros dos componentes de la tríada12. Sin embargo, no está tan claro si el ambiente deportivo actúa como un factor de riesgo o un factor protector para el desarrollo trastornos alimenticios2, 27.

Los beneficios que la práctica deportiva puede traer son innegables7 y en general, los beneficios del ejercicio son muy superiores a los riesgos27, 28.

La excesiva actividad física sin un aumento concomitante en la ingesta dietética adecuada se asocia, sin embargo a la deficiencia de energía, resultando en una disminución del rendimiento y la salud a largo plazo7, 32.

La práctica deportiva puede aumentar la autoestima, lo cual puede servir como medio de protección contra el desarrollo de trastornos alimentarios. Sin embargo, los deportes de competición no siempre son sinónimo de equilibrio y la salud27.

Los cambios fisiológicos y las tensiones nutricionales generados por el ejercicio extenuante y competitivo pueden llevar al atleta a la frontera entre la salud y la enfermedad. Por otra parte, la presión ejercida por entrenadores, familiares y amigos para mantener un bajo peso corporal bajo, así como la falta de orientación profesional, puede hacer a las atletas vulnerables a la aparición de desórdenes alimenticios, lo que compromete su rendimiento y estado de salud7, 27, 29, 40.

Por otra parte, cuando el deporte requiere una exposición del cuerpo de la mujer y hace hincapié en la flexibilidad y agilidad de movimientos, promoviendo además un físico delgado, el riesgo de inicio de un desorden alimenticio aumenta considerablemente2, 7, 8.

La investigación sugiere que las actitudes y los comportamientos alimenticios poco saludables, como las observadas en individuos con trastornos alimentarios, se forman durante la adolescencia1.

Estos trastornos mentales clínicos son definidos por la Asociación Psiquiátrica Americana (APA, 2000) y la Organización Mundial de la Salud (OMS, 1992) como conductas alimenticias anormales diagnosticados por criterios estrictos2. Como resultado de estos criterios estrictos, el número de personas con alguna conducta alimenticia patológica es en realidad mucho mayor que el número de personas diagnosticadas con trastornos alimenticios1, 2.

La restricción calórica intencional de las atletas, que causa baja disponibilidad de energía a menudo se manifiesta como un desorden alimenticio. Esta desorden alimenticio puede implicar comportamientos de restricción de comidas (comer menos, evitar o minimizar ciertos alimentos “malos”), ayunos, saltarse las comidas, o el uso de píldoras de dieta, laxantes, diuréticos, enemas, o atracones seguido de purga (vómitos)1, 3, 29.

En otras palabras, algunos atletas pueden tener una baja disponibilidad de energía, ya que están restringiendo deliberadamente la ingesta de calorías, mientras que otros pueden caer en un balance energético negativo, simplemente porque no son conscientes de la ingesta de calorías necesarias para la regulación de las funciones corporales vitales más el ejercicio1, 9, 11, 12, 34. Los atletas que intencionalmente reducen la disponibilidad de energía lo hacen, ya sea aumentando el gasto calórico mediante el aumento de la intensidad del ejercicio y la frecuencia, o disminuyendo drásticamente la ingesta calórica1, 9, 34.

Una deficiencia de energía, que se producen a propósito o involuntariamente, puede alterar la actividad de los ejes de la hipófisis y las hormonas hipotalámicas involucradas en la función menstrual y el metabolismo óseo9, 10.

Cuando la disponibilidad total de energía neta no es suficiente, para promover la supervivencia mecanismos fisiológicos naturales, se reducirá la cantidad de energía utilizada para el crecimiento y la reproducción37.

DISFUNCIÓN MENSTRUAL

La disfunción menstrual es difícil de evaluar en los adolescentes, ya que los ciclos tempranos suelen ser bastantes irregulares. El 90% de las adolescentes normalizan sus ciclos pasados 2 años de la menarquía12.

Es necesaria la energía suficiente para mantener una adecuada eumenorrea y una suficiente producción de estrógeno y así como para mantener una buena salud ósea34.

La baja disponibilidad de energía puede afectar a la función hipotalámica y dar lugar depresión de la secreción de gonadotropinas34, interfiriendo posteriormente en la liberación de hormona luteinizante (LT), lo cual conduce a la disfunción menstrual y a bajos niveles de estrógenos12.

Irregularidad menstrual se ha asociado principalmente con las fracturas por estrés en atletas colegiales y de competición y en reclusas militares14.

BAJA DENSIDAD MINERAL ÓSEA – LESIONES DE ESTRÉS

La adolescencia es un período excepcionalmente importante para la acumulación mineral ósea14, 30, 38. Aproximadamente una cuarta parte de la masa ósea máxima se forma durante los dos años de crecimiento esquelético pico y a los 16,9 ± 1,3 años se adquiere ya más del 90% de la masa ósea máxima5, 30.

La densidad mineral ósea no adquirida durante la adolescencia no se puede reemplazar en el futuro, a pesar de la restauración de las menstruaciones normales30.

La mineralización ósea es dependiente de estrógenos14, 30 y cuanto más tiempo pase sin que estos niveles de estrógeno sean adecuados (como se ve en oligomenorrea y amenorrea) durante el crecimiento, menor será el pico de masa ósea14.

Las fracturas óseas se desarrollan cuando el hueso no está en condiciones de soportar los esfuerzos mecánicos repetitivos que se le aplican, como por ejemplo en la carrera de resistencia5.

Varias localidades de la extremidad inferior tienen una predisposición hacia el desarrollo de fracturas por estrés, incluyendo la tibia, metatarsianos y peroné33.

La etiología de las lesiones por estrés del hueso en los atletas es complejo y diversas. Las principales variables que influyen en la respuesta del hueso a la carga son la mecánica de la marcha, el volumen e intensidad del ejercicio, densidad y calidad ósea5, 8.

También irregularidades estructurales y biomecánicas (es decir, las diferencias de longitud de las piernas, pie plano/cavo, de alto ángulo Q, pie varo/valgo) pueden dar lugar a una distribución desequilibrada de los impactos en los huesos y aumentar el riesgo de fractura en varios sitios del mismo5, 8.

Otros factores también influyentes son los genéticos, hormonales, metabólicos, musculo-esqueléticos, y componentes de nutritivos8.

Los déficits nutricionales comprometen al hueso y aumentan la susceptibilidad de fracturas. Deficiencias de micronutrientes, en particular las deficiencias de nutrientes que fortalecen los huesos como el calcio, vitamina D, vitamina K, vitamina C, magnesio y hierro, pueden limitar la formación de hueso nuevo8, 12.

Un déficit de energía sostenida durante un periodo de semanas o meses puede reducir la leptina, estradiol, y el factor de crecimiento-1 similar a la insulina y puede aumentar cortisol. Estas alteraciones hormonales pueden disminuir la actividad de los osteoblastos y aumentar la resorción ósea, produciendo un desequilibrio en el recambio óseo que a su vez puede reducir la capacidad de fijar el hueso recién formado y reparar microlesiones8.

El estrógeno, tienen también una influencia significativa en el desarrollo óseo. El estrógeno es un conocido inhibidor los osteoclastos, y bajos niveles contribuyen a un aumento de la resorción ósea12, por lo que niveles más elevados contribuyen a aumentar los niveles de calcio, aumentando el almacenamiento de calcio en el hueso14.

  • Patologías secundarias asociadas a la triada.

Otras complicaciones médicas de los trastornos de la tríada pueden extenderse a los sistemas endocrino, gastrointestinal, renal y sistemas neuro-psiquiátricos10.

Una conducta alimentaria restringida y la amenorrea hipotalámica funcional pueden aumentar el riesgo de sobrecarga muscular y articular11.

La hipotensión ortostática es común entre los pacientes con trastornos de la alimentación y la sensación de mareos al levantarse de una posición supina a una posición de bipedestación, por lo tanto, ser un síntoma de baja disponibilidad de energía11.

Se ha observado una reducción de T3 y T4 en atletas con amenorrea hipotalámica funcional y en pacientes con desorden alimenicios11.

El hipotiroidismo puede dar lugar a un aumento de la sensibilidad al frío y podría, por lo tanto, ser un síntoma de baja EA11.

Una disponibilidad de energía baja y persistente podría tener consecuencias inmunosupresores, y por lo tanto aumentar el riesgo de infecciones en los atletas11.

Patrones de comida irregulares y alto consumo de fibra se ha divulgado entre las mujeres atletas de dieta o con trastornos de la alimentación y pueden causar una variedad de diferentes síntomas gastrointestinales, como distensión abdominal y estreñimiento11.

La evidencia de la investigación reciente identifica la disfunción endotelial como un factor fundamental que contribuye al desarrollo de la enfermedad cardiovascular, como otra consecuencia potencial de la Tríada9.

El estrógeno, el cual es menor en mujeres con la Tríada, estimula el sistema de señalización de la sintasa del óxido nítrico (NO) endotelial, por lo tanto estimula la promoción de liberación de NO. Este promueve la vasodilatación a las células vasculares del músculo liso y tiene propiedades anti-ateroscleróticas, incluyendo la inhibición de la agregación plaquetaria, la proliferación del músculo liso, la adhesión de leucocitos, y oxidación de la lipoproteína de baja densidad (LDL). Por lo que los efectos cardiovasculares de la tríada incluyen la disfunción endotelial y el aumento de lipoproteína de baja densidad9, 12.

Se ha establecido como valor predictivo positivo del 95% la dilatación braquial anormal para la predicción de la disfunción endotelial coronaria9.

  • Parámetros diagnósticos y valoración
  • Desarrollo puberal: La edad biológica se determinó mediante una autoevaluación de la etapa puberal deMarshall y Tanner basado en el desarrollo de vello púbico y en el pecho2, 3, 29. Se valoró también las características sexuales secundarias acordes a su edad3, 29.
  • Composición corporal: La composición corporal de cada adolescente (masa magra corporal y porcentaje de grasa corporal) se estimó mediante Absorciometría de rayos X de energía doble (DEXA) 2, 3, 29.

Los participantes fueron instruidos para abstenerse de hacer ejercicio físico 12 horas antes de realizar el examen2, 3, 29.

La masa corporal (kg) se midió utilizando una plataforma antropométrica a escala con graduaciones de 0,1 kg y una capacidad de 150 kg.

La Altura (m) se determinó con un estadiómetro de pared que era exacta a 0,1 cm2, 3, 29.

Para las mediciones, los adolescentes llevaban poca ropa y estaban descalzos.

Se utilizaron los procedimientos recomendados por la Sociedad Internacional para el Avance de la Cineantropometría2, 3, 29.

  • Ingesta alimenticia: Tras una orientación con un especialista en nutrición, se llevó a cabo un registro alimenticio de 3 días en días alternos en la casa de los participantes en el momento de cada comida2, 3.

Se tuvo en cuenta la ingesta de suplementos alimenticios (gr – ml) 2, 3.

Se observaron las recomendaciones ACSM para el consumo energético y de las recomendaciones de la Asociación Americana de Dietética para los macronutrientes2, 3.

La masa libre de grasa se midió mediante DEXA2.

Los análisis de la dieta incluyen la energía (kilocalorías por kilogramo de masa libre de grasa por día), proteínas (gramos de masa corporal por kilogramo por día), carbohidratos (gramos de masa corporal por kilogramo por día), grasa (porcentaje del consumo de energía), calcio (miligramos por día), hierro (miligramos por día), ácido fólico (microgramos por día), vitamina B12 (microgramos por día), zinc (miligramos por día) y vitamina C (miligramos por día)3.

  • Desorden alimenticio: Se valoró este parámetro por medio de cuestionarios.

Eating Attitudes Test (EAT-26): Es un instrumento que se centra en la evaluación de la incidencia y gravedad de los comportamientos similares a los de las personas con anorexia nerviosa. Se utilizó un punto de corte de 202, 3, 29.

Bulimic Investigatory Test Edinburgh (BITE): Identifica episodios bulímicos y proporciona datos sobre aspectos cognitivos y de comportamiento de este trastorno2, 3, 29.

Body Shape Questionnaire (BSQ): Mide el nivel de preocupación por la forma del cuerpo, el nivel de preocupación por la sensación de “estar gordo”, y la cantidad de “auto-depreciación” debido a la apariencia física. Se utilizó un punto de corte 802, 3, 29.

Eating Disorder Examination Questionnaire (EDE-Q): Se trata de una autoevaluación que compromete 4 subescalas; preocupación por el peso, preocupación por la imagen corporal, preocupación alimenticia y restricción dietética.

Las puntuaciones van de 0 a 6 en la escala de Likert y se corresponden con el número de días durante las últimas cuatro semanas donde el participante ha experimentado una actitud, sentimiento o comportamiento específico.

El EDE-Q también evalúa conductas alimentarias patógenas, incluidos atracones, vómitos autoinducidos, uso de laxantes, diuréticos o píldoras de dieta para controlar el peso corporal17, 19, 32.

Ideal Body Stereotype Scale-Revised (IBSSR): Cuestionario que consta de 10 items que pide a los participantes que evalúen en qué medida esta de acuerdo o en desacuerdo con ciertas grases que promueven estándares de ideales delgados como belleza en la mujer32.

Dutch Restrained Eating Scale (DRES): Es un cuestionario que consta de 10 preguntas en relación a la frecuencia de restricción de comidas32.

Positive Affect and Negative Affect Schedule-Revised (PANAS-X): Se usa para medir el afecto negative en subescalas miedo, culpa y tristeza.

Es un cuestionario que consta de 17 ítems que evalua hasta qué punto los participantes sienten ciertas emociones (por ejemplo, nerviosismo, culpabilidad, miedo) durante las últimas semanas32.

Los sujetos con resultados positivos en al menos uno de estos tres cuestionarios se clasificaron como sujetos con trastornos alimenticios2.

  • Estado menstrual: Se evaluó la edad de comienzo de menarquía, el uso de anticonceptivos orales y los cambios en el ciclo menstrual tras un año de menarquía2, 8.

Los ciclos menstruales regulares se definieron como la menstruación que ocurre cada 28-30 días2.

También se investigó la presencia de amenorrea primaria, amenorrea secundaria y oligomenorrea según la definición por la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva (ASRM, 2008) 2.

La presencia de cualquiera de estas disfunciones se consideró para indicar irregularidades menstruales2.

También el cuestionario EDE-Q sirvió para aportar datos sobre el estado menstrual de las participantes8.

El Healthy Wisconsin High School Female Athlete Survey (HWHSFAS) es otro cuestionario empleado sobre el estado menstrual de la participante en los últimos 12 meses (frecuencia y duración de los ciclos menstruales), la edad de la menarquía, y uso de la píldora anticonceptiva19.

  • Densidad mineral ósea: Para evaluar la masa ósea se utilizó DEXA con un software desarrollado para los niños y adolescentes. Se valoró la columna vertebral (L1-L4), todo el contenido mineral óseo del cuerpo exceptuando la cabeza y el área de DMO, según las recomendaciones de la Sociedad Internacional de Densitometría Clínica2, 8, 17.

Las atletas deben tener un DMO del 5-15% mayor que las no atletas2, 17.

  • Parámetros biomecánicos: Se trata de una recogida de muestra de sangre del participante tras no haber hecho ejercicio las 8 horas posteriores a la toma.

Se analizó el hematocrito, la hemoglobina, nivel de hierro en suero, concentración de ferritina, capacidad de saturación de la transferrina, capacidad de fijación total del hierro y concentraciones plasmáticas de ácido fólico y vitamina B123, 29.

  • Lesiones deportivas – historial de lesiones: Se utilizó el Athletic Health Care System Daily Injury Report (DIR) 17.

La lesión fue definida como cualquier queja muscular, problema/lesión de la articulación o hueso de la espalda o las extremidades inferiores (es decir, la cadera, el muslo, la rodilla, la espinilla, pantorrilla, tobillo, pie) como resultado de la participación en una práctica o evento competitivo y requiere la attleta sea retirada de un evento de práctica o competencia o se pierda otro posterior.

Las lesiones que no ocurrieron durante la participación, fueron excluidas17.

Se utilizaron tres clasificaciones por tiempo perdido para evaluar la gravedad de lesiones:

1) Menor: 1-7 días perdidos17

2) Moderado: 8-21 días perdidos17

3) Mayor: 22 días o más perdidos17

Thein-Nissenbaum J.M et al. Empleó el Healthy Wisconsin High School Female Athlete Survey (HWHSFAS) 19.

Tratamiento y prevención

La detección en los atletas en riesgo debe llevarse a cabo durante los exámenes pre-participación o chequeos anuales de salud6.

El ACSM recomienda una adecuada comprensión de las relaciones entre los componentes de grasa, el espectro dentro de cada componente, y las tasas de movimiento a lo largo de cada espectro (fig. 1), para la detección correcta6.

Se debe comenzar con una historia detallada, incluyendo aspectos relacionados con la dieta y comportamientos alimenticios, historial menstrual, actividad física y lesiones6.

Las pruebas de laboratorio, incluyendo un perfil químico con electrolitos, hemograma completo, pruebas de función tiroidea, análisis de orina y los niveles hormonales de LH, FSH, estradiol, prolactina y TSH, ayudará al diagnóstico. DMO debe ser evaluado por DEXA en atletas con evidencia de disfunción menstrual o un historial de fracturas por estrés6, 40.

Para maximizar la eficacia terapéutica, el tratamiento requiere un enfoque multidisciplinario con el apoyo de la atención primaria y / o médicos deportivos, así como de nutricionistas o dietistas, psiquiatras o psicólogos, entrenadores y miembros de la familia6, 9, 34, 40.

Los miembros del equipo deben identificar las condiciones que pueden haber contribuido a los síntomas y tratar de abordar estas cuestiones. El primer paso debe ser ” mejorar el estado nutricional, modificar pensamientos no saludables, y normalizar la conducta alimentaria 6, 40. El éxito del tratamiento está íntimamente relacionado con el desarrollo de relaciones de confianza entre atleta y “cuidado” 40.

Otras formas de no farmacológico incluye psicoterapia individual, terapia cognitivo-conductual y la terapia de grupo40. Otros enfoques recientes con resultados prometedores son terapia de aceptación y compromiso (ACT), y la terapia conductual dialéctica (DBT)12.

Educación y asesoramiento nutricional es suficiente para otras atletas6, 12. Sin embargo, la presencia de trastornos de la alimentación clínica requiere una gestión de los profesionales de salud mental, con prescripción médica psiquiátrica o psicoterapia, cuando sea necesario6, 34.

Debido a que la disponibilidad de energía es el aspecto clave en el inicio de la triada, es muy importante, ya enfatizado por el documento de ACSM, determinar si la ingesta de energía es insuficiente para aumentar la ingesta total de calorías, y valorar si se requiere una disminución en la intensidad y volumen del entrenamiento6, 9, 34.

Los atletas necesitan, para aumentar la disponibilidad de energía, por lo menos 30 kcal por kilogramo de masa libre de grasa por día para restablecer la menstruación regular6, 12. Para un atleta de 50 kg con 10% de grasa corporal, esto significa que debe consumir al menos 1.350 calorías (30 kcal / kg x 45 kg LBM) más de lo que gasta en ejercicio cada día12.

Mientras que las terapias de cambio de comportamiento, incluyendo modificaciones en la dieta y el ejercicio, son recomendados como primera línea de tratamiento es la Tríada, la eficacia de varias terapias farmacológicas también han sido exploradas6, 9.

El calcio debe complementarse para cumplir una meta diaria de 1000 mg para los mayores de 18 años y 1.300 mg para los menores de 18. En 2011, el Instituto de Medicina publicó un informe que indica que la cantidad diaria recomendada de vitamina D debe ser al menos de 600 UI. La Academia Americana de Pediatría ha aprobado esta declaración6, 12, 34.

Los atletas con trastornos alimenticios que no cumplan con el tratamiento pueden necesitar les ser restringido de entrenamiento o la competición34.

Las intervenciones farmacológicas con la terapia de reemplazo hormonal o los anticonceptivos orales no revierten completamente los mecanismos subyacentes que causan el deterioro de la formación de hueso, y por lo tanto, solo como tratamiento no restauran completamente la DMO6, 9, 12, 34, 40.

Los bisfosfonatos están aprobados para el tratamiento de la osteoporosis postmenopáusica; sin embargo, no se debe utilizar en mujeres jóvenes porque, el uso de estos medicamentos en esta población no ha sido bien estudiado y por lo tanto los riesgos potenciales y los efectos a largo plazo no se conocen6, 9, 34, 40.

La prevención primaria tiene como objetivo prevenir la aparición de una enfermedad o trastorno, por lo general, influyendo en los factores de riesgo que pueden contribuir al desarrollo de la enfermedad. Debe ir dirigido sobre todo a los grupos de riesgo, y a su vez, se deben identificar los factores de riesgo con precisión para permitir una adecuada prevención primaria22

Aspectos preventivos son esenciales y deben involucrar a todo el equipo de salud Una excelente estrategia para iniciar una medida de prevención es simplemente aumentar el conocimiento sobre este síndrome22. Los atletas, padres y entrenadores deben ser educados sobre lo que es la triada, cómo reconocer los signos y qué medidas tomar antes de que esta condición cause problemas de salud irreversibles6, 9, 10, 22.

Se espera que el desarrollo e implementación de programas educativos que promueven la auto-aceptación, una alimentación saludable, y la formación razonable de atletas sea suficientemente eficaz para la prevención del trastorno alimenticio22.

Las medidas preventivas deben incluir la optimización de la disponibilidad de energía con iniciativas educativas para disuadir a una dieta extrema. Por otra parte, los entrenadores deben considerar ciertas pautas para desalentar las prácticas de pérdida de peso no saludables6, 40.

 OBJETIVOS  

Objetivo general:

  • Conocer los indicadores de efectividad de la triada de la atleta en los diferentes estudios.

Objetivos específicos:

  • Estudiar, en la bibliografía actual, los datos recabados por los diferentes autores en relación a los factores de riesgo y características relevantes asociadas a la triada en las atletas estudiadas.
  • Revisar en los estudios seleccionados la inclusión de cuestionarios para la detección de trastornos alimenticios.
  • Determinar en qué deportes puede acontecer dicha patología durante la adolescencia.
  • Analizar las edades donde acontece este síndrome en las deportistas adolescentes.
  • Conocer patologías secundarias asociadas a la triada de la atleta adolescente.

MATERIAL Y METODOS

Diseño del estudio

Se realizó una búsqueda bibliográfica acerca de la triada de la atleta en la adolescencia.

Con la finalidad de localizar información científica sobre el tema de estudio, se llevó a cabo una búsqueda bibliográfica en las principales bases de datos del ámbito sanitario.

La búsqueda bibliográfica se realizó en el periodo transcurrido entre los meses de Marzo y Julio de 2015 en las siguientes bases de datos: Biblioteca Cochrane, PubMed, PEDro y ScienceDirect.

Selección de los artículos

De los artículos obtenidos tras realizar la búsqueda con las palabras clave se aplicaron los siguientes criterios de inclusión-exclusión.

  • CRITERIOS DE INCLUSIÓN
  1. Ensayos o estudios que detallaran los procesos
  2. Estudios cuya muestra de población incluyeran a mujeres adolescentes (11-26 años)
  3. Estudios cuya muestra poblacional fueran deportistas
  4. Estudios con una muestra poblacional de al menos 30 participantes.
  5. Selección de idioma: español, inglés, alemán, francés, portugués.
  6. Estudios publicados en un periodo comprendido entre los años 2010-2015.
  • CRITRERIOS DE EXCLUSIÓN
  1. Revisiones bibliográficas y/o sistemáticas, casos reportados y manuales.
  2. Estudios cuya muestra poblacional fueran varones.
  3. Estudios cuya muestra poblacional superaran los 30 años de edad.
  4. Estudios con tamaño de muestra ≤ 30.
  5. Estudios cuya muestra poblacional fueran no deportistas
  6. Artículos con ausencia de datos.

Recogida de datos: estrategias de búsqueda

Biblioteca Cochrane

Se realizó una búsqueda con los descriptores “Female athlete triad”, “adolescent”, “teenager”,“triada de la atleta” y “adolescencia”. Los marcadores boleanos empleados fueron AND y OR. No se encontraron resultados al respecto.

Búsqueda 1: “Female athlete triad” AND “adolescent” OR “triada de la atleta” AND “adolescencia”.

 PEDro

Se realizó una segunda búsqueda con los descriptores ” Female athlete triad “, ” adolescent “, “triada de la atleta” y “adolescencia” y el marcador boleano empleado fue AND y OR. Tampoco se encontraron artículos.

Búsqueda 1: “Female athlete triad” AND “adolescent” OR “triada de la atleta” AND “adolescencia”.

Búsqueda 2: “triada de la atleta” AND “Adolescente”

Pubmed

En la base de datos del National Institutes of Health de Pubmed se realizaron varias búsquedas con los siguientes descriptores: “Female athlete triad”, “adolescent”, “teenager”, “athlete”, “triada de la atleta” y “adolescencia” empleando los marcadores boleanos AND y OR.

Se realizaron tres búsquedas estableciendo los siguientes límites de búsquedas: año de publicación 2010-2015, ambas fechas incluidas.

Búsqueda 1: “Female athlete triad” AND “adolescent” OR “Female athlete triad” AND “adolescent” AND “athlete”.

Se encontraron 31 resultados de los cuales 22 fueron seleccionados para posteriormente ser revisados según los criterios de selección de inclusión.

Búsqueda 2: Female athlete triad” AND “teenager”

Búsqueda 3: “triada de la atleta” AND “Adolescente”

En la búsqueda 2 y 3 no se encontraron resultados.

Finalmente 6 estudios han sido seleccionados para realizar la investigación en esta base de datos.

Elsevier

Se realizó una primera búsqueda con los descriptores “Female athlete triad” y “adolescent” utilizando AND como marcador boleano. Se obtuvieron 73 artículos de los cuales 18 fueron reclutados tras una primera lectura del resumen.

Búsqueda 1: “Female athlete triad” AND “adolescent”

Se realizó una segunda búsqueda en donde el marcador boleano empleado fue AND con los descriptores “triada de la atleta” y “Adolescente” y no se obtuvo ningún resultado de artículos.

Búsqueda 2: “triada de la atleta” AND “Adolescente”

Y en la última búsqueda los descriptores fueron “Female athlete triad” y “teenager”, y el marcador boleano AND y tampoco se encontraron artículos.

Búsqueda 3: Female athlete triad” AND “teenager”

El número de artículos finalmente escogidos fueron 3.

A continuación se muestra (fig.2) una síntesis de la selección de artículos realizada.

Fig2(Figura 2. Selección de artículos tras la búsqueda en las bases de datos.)

Tipos de estudios seleccionados

Los estudios finalmente seleccionados fueron (tabla I.):

  • 5 estudios transversales, de los cuales 1 fue analítico y 1 controlado
  • 1 estudio piloto
  • 1 estudio de cohorte retrospectivo
  • 2 estudios de cohorte porspectivos.

Tabla I. Relación de artículos seleccionados para el análisis

EstudioAñoTipo de estudioNúmero de muestra
02. Coelho G.M.O et.al2013Estudios transversal controladoN=45
03. Ferreira da Costa N. et al.2013Estudio transversal analíticoN=77
04. Brown K.N. et al.2014Estudio transversalN=240
08. Barrack M.T. et al.2014Estudio de cohorte prospectivoN=259
17. Rauh M.J. et al.2014Estudio de cohorte prospectivoN=99
19. Thein-Nissenbaum J.M. et al.2011Estudio de cohorte retrospectivoN=311
30. Feldmann J.M. et al.2011Estudio transversalN=103
32. Stewart T.M et al.2014Estudio pilotoN=157
38. Mitchell D.M. et al2015Estudio transversalN= 161

RESULTADOS

Variables recogidas en la anamnesis

Los estudios recogen una gran diversidad de variables en la anamnesis pudiendo clasificarlas en tres categorías:

  • Características generales de la población
  • Factores relacionados con la triada
  • Otros parámetros

Características generales de la población

Además de los datos mostrados en la figura, algunos autores recogieron otros parámetros tales como el IMC (Índice de Masa Corporal) acorde a la edad (1 estudio), número de menstruaciones en el año pasado (2 estudios) y la densidad mineral ósea (2 estudios) e historial de fracturas de los sujetos incluidos en los estudios (2 estudios).

Fig3(Figura 3. Variables sociodemográficas generales recogidas en la anamnesis de los sujetos a estudio.)

Factores relacionados con la triada de la atleta

De los nueve artículos seleccionados, cuatro contemplaron en la anamnesis, aspectos relacionados con los componentes de la triada de la atleta.

Fig4(Figura 4. Otros factores relacionados con la triada de la atleta recogidos en la anamnesis)

Otros parámetros

Otros autores contemplaron en la recogida de datos, otros aspectos tales como la raza, el curso académico, número de temporadas que ha participado en atletismo y millas recorridas por semana.

Características específicas: relacionados con triada de la atleta

  • Parámetros recogidos por los autores para la detección de componentes de la triada. Indicadores de efectividad.
  • Otras características relacionadas con los componentes de la triada de la atleta.
  • Cuestionarios de trastornos alimenticios
  • Deportes realizados en los estudios seleccionados
  • Edad de la población evaluada.

Parámetros recogidos por los autores para la detección de componentes de la triada: Indicadores de efectividad de la triada de la atleta

Cada autor empleó en su estudio diferentes parámetros de efectividad en función de la muestra (figura 5.).

Fig5(Figura 5. Indicadores de efectividad para la evaluación de los componentes de la triada de la atleta)

Otras características relacionadas con los componentes de la triada de la atleta.

Algunos autores recogieron otro tipo de parámetros en función del tipo de estudio llevado a cabo.

Otros parámetros recabados por un estudio fueron; la microarquitectura esquelética, la morfología trabecular y la orientación y conectividad de la segmentación trabecular (1 estudio).

Fig6(Figura 6. Otras características contemplada por los autores en relación a los componentes de la triada)

Además   K.N. Brown et al. elaboró su propia encuesta de autoevaluación, la cual consta de 34 preguntas diseñadas para evaluar el conocimiento de la triada y la prevalencia de factores de riesgo.

Tabla II. Síntesis del cuestionario empleado por Brown K.N. et al.

Datos demográficos4 preguntas
Conocimiento sobre la triada11 preguntas
Conocimiento nutricional4 preguntas
Factores de riesgo de la triadaComportamiento alimenticio2 preguntas
Peso corporal3 preguntas
Historial menstrual8 preguntas
Historial de lesiones2 preguntas

Cuestionarios de detección de desórdenes alimenticios.

Varios artículos evaluaron la presencia de desordenes alimenticios por medio de cuestionarios siendo el EDE-Q el más utilizado por los autores en la bibliografía actual (4 estudios). Los cuestionarios EAT-26, BITE y BSQ también fueron empleados frecuentemente para contemplar la presencia de desordenes alimenticios.

Fig7(Figura 7. Cuestionarios empleados por los autores para la identificación de trastornos alimenticios)

Deportes realizados en los estudios seleccionados

Muchos de los estudios analizaban varios deportes de manera conjunta, mientras que otros estudiaban deportes de forma independiente. En la figura 8. se muestra toda clase de actividades realizadas en los estudios seleccionados.

Fig8(Figura 8. Deportes realizados en los estudios seleccionados para la revisión)

Edades de las participantes de los estudios seleccionados

Por último se recogió las edades de las participantes en los estudios, teniendo en cuenta que todas ellas son adolescentes, los datos quedan mostrados en la tabla III.

Tabla III. Edad de las participantes incluidas en los estudios seleccionados.

EDAD12-1911-1914-1815-1813-1818-2214-26
Nº de estudios1222111

Características de las muestras de población de los estudios

Los criterios de inclusión y exclusión para los participantes en los estudios de los autores también son muy diversos y determinan el tipo de población a estudiar.

Los criterios de inclusión de todos los estudios contemplados requerían ser mujer y realizar deporte.

Sin embargo los criterios de exclusión eran más variados y más minuciosos, adaptados al tipo de estudio llevado a cabo por los autores, por lo que algunos criterios son más específicos que otros.

En la figura 9 se muestran los criterios de exclusión más representativos de los estudios analizados.

Fig9(Figura 9. Criterios de exclusión más representativos de la población analizada en los estudios)

Además de los datos representados en la figura 8, Mitchell D.M. et al. También excluyó a aquellas participantes que tuvieran el síndrome de Cushing, cáncer, enfermedad renal, enfermedad celíaca y la enfermedad inflamatoria del intestino.

Coelho G.M.O. et al excluyó de su estudio también a mujeres fumadoras, sedentarias o que realizaran deporte < 1 hora por semana.

Otro estudio tuvo en cuenta los medicamentos que afectaban a la masa corporal, siendo estas participantes excluidas del estudio.

DISCUSIÓN

El objetivo principal de este trabajo de Fin de Máster fue analizar los parámetros recabados por los autores para la detección y evaluación de los componentes de la triada de la atleta.

Los estudios analizados ofrecen datos alentadores en todos los casos.

En todos los estudios revisados y en la bibliografía encontrada, además de hacer hincapié en los trastornos alimenticios, se hace especial mención a la baja disponibilidad de energía1, 9, 12, 13, 17, 19, 21, 25, 28, 34, 37, 40.

En concordancia con ACSM, el componente fundamental y desencadenante del síndrome de la triada de la atleta es el desarrollo de un trastorno alimenticio3, 29, 40, el cual da lugar a una baja disponibilidad de energía (también puede suceder sin trastorno alimenticio).

Está quedó así definida en el 2007 por el ACSM, dando lugar a un espectro más amplio de este síndrome4, 6, 7, 8, 9, 10, 12, 13, 19, 21, 25, 28, 31.

La baja disponibilidad de energía conduce a una disminución del rendimiento en las atletas y si continua progresando, afectará gravemente a la salud, induciendo incluso cambios irreversibles1, 9, 11, 12, 34.

Menos de la mitad de los estudios analizados para el trabajo (33’3%), evaluaron dicho parámetro por medio de la ingesta alimenticia, la cual debe ser superior 30 kilocalorías por kilogramo de masa magra (kcal / kgMm), ya que los cambios relacionados con el metabolismo, la reproducción y formación hueso se observan por debajo de este nivel12.

Sin embargo este indicador tan importante no es comparable entre los estudios y deportes analizados, puesto que es un dato que debe ajustarse a tipo de entrenamiento, volumen e intensidad del mismo, al metabolismo de cada individuo… Deben realizarse, por lo tanto, unos protocolos estandarizados para cada tipo de deporte e individualizados y adaptados a cada deportista.

No obstante considero que debe ser un parámetro esencial a evaluar en todos los estudios. Este indicador es un factor de riesgo en para el síndrome de la triada y aumenta de forma exponencial la probabilidad de padecerlo3, 29, 40.

También, y relacionado con el parámetro anterior, los autores utilizaron el parámetro de “desordenes alimenticios”.

Para su detección se ha empleado como primera línea de elección los cuestionarios, siendo el EDE-Q el cuestionario elegido por excelencia por los autores en los estudios analizados.

Este ofrece una visión global, abarcando todos los campos necesarios para la detección de desordenes alimenticios17, 19, 32. Es un cuestionario muy completo y ofrece la posibilidad de poder comprar los datos obtenidos entre estudios que utilicen este mismo instrumento para el análisis de este parámetro.

Por otro lado existen otros tres cuestionarios adicionales, el EAT-26, BITE y BSQ, que se centran en patologías más concretas, anorexia nerviosa, bulimia y la preocupación por la apariencia física respectivamente, por lo que estos cuestionarios son más específicos y están enfocados a la confirmación de una patología ya diagnosticada o con sospecha de padecimiento6.

Coelho G.M.O. et al. y Ferreira da Costa N. et al. emplearon estos tres cuestionarios simultáneamente en las muestras de sus estudios (jugadoras de tenis y nadadoras respectivamente). Los resultados mostraron muchos más resultados positivos en nadadoras que en jugadoras de tenis. Por lo que puedo deducir que hay que tener especial cuidado y proponer mayores medidas de prevención en este grupo de atletas para evitar la aparición de trastornos alimenticios y posteriores patologías como es el síndrome de la triada de la atleta.

Por otra parte el historial menstrual y la densidad mineral ósea, también han sido parámetros básicos y muy relevantes a tener en cuenta, puesto que son los otros dos componentes que conforman el síndrome de la triada de la atleta.

Respecto al historial menstrual podemos decir que no todos los estudios lo contemplaron.

Es importante analizar este dato; la edad de comienzo de la menarquía, número de menstruaciones en el último año, el uso de anticonceptivos, ya que proporcionan datos decisivos para la detección de uno de los componentes de la triada. Es también, junto con la baja disponibilidad de energía, precursor de la baja densidad mineral ósea, otro componente de la triada y un factor fundamental en la etapa adolescente12.

Durante la adolescencia este fenómeno tiene su pico máximo de producción12 y si se encuentra alterada, estos cambios persisten hasta el envejecimiento, dando lugar además, a otras patologías asociadas expuestas anteriormente.

Otros datos secundarios que recogen los autores en sus estudios son el historial de lesiones, desarrollo puberal y composición corporal.

Ferreira da Costa N. et al. realiza en su estudio un análisis de los parámetros biomecánicos para analizar los componentes sanguíneos y concluir si la ingesta alimenticia está proporcionando toda la energía necesaria para las funciones vitales y el deporte realizado.

Hay que destacar que he observado los deportes estudiados, pero ha resultado imposible establecer una comparación entre ellos por los diferentes parámetros analizados y los diferentes tipos de estudios llevados a cabo.

Sería interesante proponer un estudio donde se analicen varios deportes y se establezcan unos parámetros estándares para identificar el grupo con mayor índice de probabilidad de padecer el síndrome de la triada de la atleta y, a partir de este punto, proponer especiales medidas de prevención a este grupo de mayor riesgo.

Además, y avalado por la bibliografía encontrada en las diversas bases de datos, otro grupo de riesgo importantes son las adolescentes1, 25, 35. Durante esta etapa, esta población tiene mayor predisposición a desarrollar un trastorno alimenticio12.

La etapa de la adolescencia no solo es importante en deportistas, sino también en no deportistas. Se trata de un período donde todo tipo de opiniones y presiones se tienen en cuenta y la susceptibilidad se encuentra en un nivel máximo. Comienzan a preocuparse más por su imagen corporal, su peso ideal, el desarrollo sexual de los órganos femeninos y todo lo que ello conlleva, el cuerpo va cambiando de aspecto y unos más rápidos que otros.

La presión social por mantener un “cuerpo diez” juega un papel fundamental. Toda la publicidad de moda e incluso publicidad de alimentos, fomentan una imagen corporal que no es real. A estas edades puede influir negativamente. Considero que a éste nivel hay que actuar de forma directa e inmediata para cambiar el canon actual.

En el análisis de los estudios, las edades de la población observada iban en un rango de 14 a los 18 años. No se ha podido establecer tampoco a qué edad concretamente o en qué rango de edad puede comenzar a desarrollarse esta patología desencadenante de la triada, por lo que se requieren más estudios al respecto.

En general los estudios han aportado datos interesantes, pero la diversidad de datos, tipo y objetivos de los estudios ha dificultado la comparación entre ellos.

Se debe fomentar, a nivel mundial, las medidas de prevención como primera línea de tratamiento y, a pesar de haber encontrado en la base de datos numerosos manuales acerca del manejo, tratamiento y prevención de la triada, considero que debe especificarse y adecuarse a cada deporte.

Este síndrome afecta negativamente a los deportistas y a su rendimiento, impidiendo avanzar en la carrera profesional de los deportistas, provocando una regresión y detrimento de los mismos, por lo que sería interesante que se incluyera en el entrenamiento una clase acerca de los posibles problemas relacionados con los deportistas, inculcarles un conocimiento básico y esencial para prevenir patologías t aumentar el rendimiento en la medida de lo posible.

CONCLUSIÓN

Podemos concluir que los indicadores de efectividad más utilizados por los autores para la detección y evaluación de la triada son los desordenes alimenticios, el historial menstrual y la densidad mineral ósea.

En cuanto a otros datos recabados por los autores relacionados con los factores de riesgo de los componentes de la triada, el control de peso y la restricción alimenticia fueron empleados por la mayoría de los estudios.

Para el análisis de los trastornos alimenticios el cuestionario EDE-Q ha sido el más utilizado en los estudios seleccionados de la bibliografía actual, seguidos del AET-26, BITE y BSQ.

Por otro lado los deportes más estudiados fueron el tenis, la natación, el atletismo y el ciclismo de montaña.

Por último una de las características de la muestra poblacional estudiada fue la edad. Los rangos de edad más frecuentemente estudiados fueron 11-19, 14-18 y de 15-18 años.

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