
El entrenamiento concurrente (concurrent training, CT), definido como la combinación de entrenamiento de resistencia aeróbica y entrenamiento de fuerza dentro de un mismo programa o periodo de entrenamiento, es una estrategia ampliamente utilizada tanto en el ámbito del rendimiento deportivo como en la salud. Esta modalidad resulta especialmente atractiva porque permite desarrollar simultáneamente adaptaciones neuromusculares y cardiorrespiratorias, dos capacidades fisiológicas que se han asociado de manera consistente con una menor mortalidad y un mejor estado de salud general. En la práctica, preparadores físicos y profesionales del ejercicio suelen buscar programas capaces de mejorar simultáneamente la fuerza máxima, la potencia muscular, la capacidad de salto, la potencia crítica, los umbrales ventilatorios y el consumo máximo de oxígeno (VO₂max).
Sin embargo, desde hace varias décadas existe un debate relevante en la literatura científica: el llamado “efecto de interferencia”. Este fenómeno fue descrito inicialmente por Hickson en 1980, quien observó que la combinación de entrenamiento aeróbico y entrenamiento de fuerza durante diez semanas producía menores ganancias de fuerza que el entrenamiento de fuerza realizado de forma aislada. Desde entonces, múltiples estudios y metaanálisis han confirmado en cierta medida este efecto, especialmente cuando el componente aeróbico se realiza con volúmenes elevados o frecuencias altas. En particular, el desarrollo de potencia muscular parece ser uno de los aspectos más sensibles a esta interferencia. Curiosamente, la evidencia sugiere que este fenómeno tiene una naturaleza unidireccional: mientras que el entrenamiento aeróbico puede limitar las adaptaciones de fuerza, la combinación de ambos estímulos no parece perjudicar las mejoras en VO₂max.
Los mecanismos fisiológicos que podrían explicar este efecto de interferencia son complejos y multifactoriales. Uno de los principales mecanismos propuestos es la fatiga residual o el agotamiento de sustratos energéticos inducidos por el entrenamiento aeróbico, lo que podría deteriorar la calidad del entrenamiento de fuerza. Por ejemplo, la acidosis metabólica puede afectar la función contráctil del músculo, reduciendo la liberación y recaptación de calcio en el retículo sarcoplásmico, disminuyendo la sensibilidad miofibrilar al calcio y reduciendo la actividad de enzimas implicadas en la producción de energía.
Otro mecanismo propuesto se relaciona con las interacciones moleculares entre las vías de señalización celular activadas por ambos tipos de entrenamiento. El entrenamiento de fuerza estimula la vía mTOR, que es el principal regulador de la síntesis proteica muscular y de la hipertrofia. En cambio, el entrenamiento aeróbico activa vías metabólicas como AMPK y CaMKII, que pueden inhibir parcialmente la activación de mTOR y limitar así el crecimiento muscular cuando ambos estímulos se combinan.
Con el tiempo se han propuesto diferentes modelos para reducir este efecto de interferencia. Uno de ellos plantea que el fenómeno depende en gran medida de variables de programación del entrenamiento, como el volumen, la intensidad o el orden de los ejercicios. Por ejemplo, el efecto de interferencia podría ser mayor cuando el entrenamiento aeróbico se realiza a intensidades moderadas y durante largos periodos, o cuando el entrenamiento de fuerza implica múltiples series al fallo con muchas repeticiones. En contraste, protocolos que generen menor fatiga periférica podrían minimizar este problema.
En los últimos años ha surgido una hipótesis particularmente interesante: que el uso de entrenamiento interválico de sprint (Sprint Interval Training, SIT) como componente aeróbico del entrenamiento concurrente podría reducir o incluso eliminar el efecto de interferencia. El SIT consiste en realizar esfuerzos supramáximos de corta duración, normalmente inferiores a 30 segundos, con recuperaciones incompletas. Este tipo de entrenamiento se caracteriza por producir una elevada activación muscular y altos niveles de potencia mecánica, características que podrían favorecer adaptaciones similares a las del entrenamiento de fuerza. Por ello, algunos autores han sugerido que la inclusión de SIT dentro de programas concurrentes podría evitar respuestas fisiológicas antagonistas.
No obstante, hasta ahora la evidencia empírica sobre esta cuestión era limitada. Por esta razón, el objetivo de la revisión sistemática con metaanálisis analizada fue evaluar si los programas de entrenamiento concurrente que incorporan SIT como componente aeróbico generan o no un efecto de interferencia sobre variables como la fuerza muscular, la potencia, el VO₂max o el rendimiento en sprint.
Los resultados del metaanálisis, que incluyó nueve estudios con un total de 187 participantes jóvenes y físicamente activos o deportistas, muestran hallazgos relevantes. En primer lugar, no se observaron diferencias significativas en las ganancias de fuerza máxima —tanto del tren inferior como del tren superior— entre los programas que combinaban entrenamiento de fuerza y SIT y aquellos que realizaban únicamente entrenamiento de fuerza. Este resultado contrasta con algunos metaanálisis previos que sí habían observado una interferencia en la fuerza cuando el entrenamiento aeróbico se realizaba mediante métodos continuos o intervalos submáximos.
Una posible explicación es que el SIT implica una producción de fuerza elevada y una gran activación de unidades motoras de alto umbral, especialmente aquellas asociadas a fibras tipo II. Este tipo de estímulo podría generar adaptaciones neuromusculares similares a las del entrenamiento de fuerza, lo que explicaría la ausencia de interferencia. Además, el carácter breve y explosivo de los sprints reduce la perturbación metabólica y la activación crónica de AMPK, disminuyendo así la inhibición de la vía mTOR.
En relación con la potencia muscular, evaluada mediante el salto con contramovimiento (CMJ), el análisis global tampoco mostró diferencias significativas entre el entrenamiento concurrente con SIT y el entrenamiento de fuerza aislado. Sin embargo, los análisis de sensibilidad revelaron un hallazgo interesante: cuando el SIT se realizaba con sprints muy cortos (≤10 segundos), el entrenamiento concurrente producía mejoras significativamente mayores en el rendimiento de salto. Este resultado sugiere incluso un posible efecto potenciador, probablemente relacionado con una mayor activación de fibras rápidas, mejoras en la frecuencia de disparo de las unidades motoras y menor acumulación de fatiga periférica debido a la predominancia del sistema energético ATP-fosfocreatina.
Respecto al rendimiento en sprint, el metaanálisis tampoco encontró diferencias significativas entre los programas concurrentes y el entrenamiento de fuerza aislado. Este resultado puede parecer sorprendente, ya que cabría esperar que el entrenamiento basado en sprints produjera mejoras específicas en esta capacidad. No obstante, los autores sugieren que en deportistas que ya realizan grandes volúmenes de sprints en sus entrenamientos y competiciones, la capacidad de mejora adicional puede ser limitada.
En cambio, en el caso de la capacidad aeróbica sí se observaron diferencias claras. Los programas que combinaban SIT con entrenamiento de fuerza produjeron mejoras significativamente mayores en VO₂max que el entrenamiento de fuerza realizado de forma aislada. Este resultado confirma la elevada eficacia del SIT para mejorar la función cardiorrespiratoria, probablemente mediante adaptaciones como el aumento del gasto cardíaco y de la capacidad mitocondrial muscular.
En conjunto, los resultados de esta revisión respaldan la hipótesis de que el entrenamiento interválico de sprint puede ser compatible con el entrenamiento de fuerza sin generar el clásico efecto de interferencia. De hecho, cuando se utilizan sprints muy cortos y de bajo volumen, el entrenamiento concurrente puede incluso potenciar algunas adaptaciones neuromusculares.
No obstante, los autores señalan varias limitaciones importantes. El número de estudios incluidos fue relativamente reducido y casi todos los participantes eran hombres jóvenes físicamente activos o deportistas, lo que limita la generalización de los resultados a mujeres, poblaciones clínicas, personas mayores o atletas de élite. Además, solo un estudio evaluó cambios en hipertrofia muscular, lo que impide extraer conclusiones sólidas sobre esta variable.
En conclusión, la evidencia actual sugiere que combinar entrenamiento de fuerza con sprint interval training no compromete las adaptaciones de fuerza ni de potencia y, al mismo tiempo, mejora la capacidad cardiorrespiratoria. Desde una perspectiva aplicada, esto indica que los programas concurrentes que incluyen sprints cortos de alta intensidad y bajo volumen pueden ser una estrategia eficaz para mejorar simultáneamente el rendimiento neuromuscular y aeróbico sin provocar interferencias significativas.
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Referencia completa del artículo:
Ferraro Farro D, Guimarães M, Blanco-Rambo E, Cadore EL, Ferreira-Vieira A, Benítez Flores S. Does sprint interval training cause interference in concurrent training? A meta-analysis study. Int J Sports Med. 2026 Feb 24. doi: 10.1055/a-2820-4527.




