
El entrenamiento concurrente (concurrent training, CT), entendido como la combinación sistemática de entrenamiento de fuerza y entrenamiento de resistencia dentro de un mismo programa de entrenamiento, es una estrategia ampliamente utilizada tanto en el ámbito deportivo como en contextos clínicos y de salud. Sin embargo, su aplicación ha estado históricamente rodeada de debate debido a la posible existencia del denominado “efecto de interferencia”, según el cual las adaptaciones inducidas por el entrenamiento de resistencia podrían limitar o atenuar las adaptaciones neuromusculares asociadas al entrenamiento de fuerza. Este concepto, planteado originalmente en los años ochenta, ha generado una amplia literatura científica que intenta esclarecer en qué condiciones el entrenamiento concurrente favorece o perjudica el desarrollo simultáneo de múltiples capacidades físicas.
Desde una perspectiva fisiológica, las adaptaciones inducidas por el entrenamiento de resistencia y el entrenamiento de fuerza se sustentan en mecanismos moleculares parcialmente diferentes. El entrenamiento de resistencia se asocia principalmente con mejoras en la función cardiovascular y metabólica, destacando el aumento del consumo máximo de oxígeno (VO₂max), la mejora de la función mitocondrial y la optimización del uso de sustratos energéticos. En cambio, el entrenamiento de fuerza induce adaptaciones predominantemente neuromusculares, como el incremento del reclutamiento de unidades motoras, el aumento de la fuerza máxima y la hipertrofia muscular.
A nivel molecular, el posible conflicto adaptativo se explica por la interacción entre dos vías de señalización clave: la AMP-activated protein kinase (AMPK) y la mTORC1 (mammalian target of rapamycin complex 1). Mientras que la AMPK se activa principalmente durante el ejercicio de resistencia y promueve procesos catabólicos relacionados con el metabolismo energético, la mTORC1 es estimulada por el entrenamiento de fuerza y regula procesos anabólicos responsables de la síntesis de proteínas musculares y el crecimiento del tejido muscular. La activación de AMPK puede inhibir mTORC1 directa o indirectamente, lo que ha llevado a plantear que el entrenamiento de resistencia podría interferir con las adaptaciones hipertróficas inducidas por el entrenamiento de fuerza.
Sin embargo, la evidencia acumulada en las últimas décadas ha producido resultados heterogéneos. Algunas revisiones sistemáticas han sugerido que el entrenamiento concurrente reduce las ganancias de fuerza o hipertrofia, mientras que otras no han encontrado diferencias relevantes respecto al entrenamiento de fuerza aislado. Esta inconsistencia se debe en parte a diferencias metodológicas entre estudios, incluyendo variaciones en el volumen de entrenamiento, la intensidad, el estado de entrenamiento de los participantes y el orden de los ejercicios. Para abordar esta complejidad, el presente trabajo realiza una umbrella review, es decir, una revisión que sintetiza resultados de múltiples metaanálisis con el objetivo de identificar patrones consistentes y extraer conclusiones más robustas.
El análisis incluyó 17 metaanálisis que agrupaban 144 estudios individuales y un total de 1492 participantes, principalmente adultos sanos con niveles recreacionales de entrenamiento. Los resultados globales muestran que el entrenamiento concurrente permite mejorar simultáneamente diferentes dominios de rendimiento sin comprometer significativamente las adaptaciones clave de ninguno de ellos.
En primer lugar, cuando se compara el entrenamiento concurrente con el entrenamiento de resistencia aislado, las mejoras en capacidad aeróbica resultan prácticamente equivalentes entre ambos enfoques. Esto indica que la incorporación de entrenamiento de fuerza no perjudica las adaptaciones cardiovasculares típicamente asociadas al entrenamiento de resistencia. Por el contrario, el entrenamiento concurrente produce mejoras significativamente mayores en la fuerza muscular respecto al entrenamiento aeróbico aislado, lo cual resulta esperable debido a la inclusión de estímulos mecánicos propios del entrenamiento de fuerza. Las mejoras en potencia muscular fueron pequeñas y no significativas.
Desde un punto de vista mecanístico, estas adaptaciones podrían explicarse por la interacción entre las vías moleculares que regulan el metabolismo y el crecimiento muscular. En el entrenamiento de resistencia, la activación del coactivador transcripcional PGC-1α desempeña un papel fundamental en la biogénesis mitocondrial y en la mejora de la capacidad oxidativa del músculo esquelético. Este factor se activa tanto a través de AMPK como de otras vías de señalización relacionadas con el estrés metabólico, contribuyendo al aumento del número y la eficiencia de las mitocondrias. La combinación con entrenamiento de fuerza puede añadir adaptaciones neuromusculares adicionales, incluyendo cambios en el tipo de fibra muscular y mejoras en la eficiencia mecánica.
Cuando se compara el entrenamiento concurrente con el entrenamiento de fuerza aislado, los resultados muestran que el CT produce mejores mejoras en la capacidad aeróbica, lo cual era esperable debido a la inclusión de estímulos de resistencia. Sin embargo, en relación con la fuerza, la potencia y la hipertrofia muscular, las diferencias entre ambos enfoques fueron mínimas o triviales. Este hallazgo es particularmente relevante porque cuestiona la hipótesis clásica de interferencia, sugiriendo que las adaptaciones neuromusculares pueden mantenerse incluso cuando el entrenamiento de resistencia se incorpora al programa.
Estos resultados indican que el impacto molecular de la activación de AMPK sobre mTORC1 podría ser menor de lo que se pensaba inicialmente, especialmente cuando las variables de entrenamiento se gestionan adecuadamente. Factores como la intensidad del entrenamiento, el volumen total de trabajo, la recuperación y la nutrición parecen desempeñar un papel más determinante que la simple coexistencia de estímulos de fuerza y resistencia.
Otro aspecto analizado en esta revisión fue el orden de los ejercicios dentro de una misma sesión de entrenamiento concurrente. La evidencia sugiere que la secuencia de entrenamiento tiene un impacto limitado sobre las adaptaciones aeróbicas. Sin embargo, realizar el entrenamiento de fuerza antes del entrenamiento de resistencia parece favorecer ligeramente las ganancias de fuerza y la hipertrofia muscular. Esta ventaja se explica probablemente por la menor fatiga neuromuscular al iniciar la sesión con ejercicios de fuerza y por un entorno molecular más favorable para la activación de mTORC1 antes de que aumente la señalización asociada al metabolismo energético.
No obstante, el efecto real de esta secuencia parece relativamente pequeño en términos prácticos. Estudios previos han mostrado que posibles efectos negativos de realizar primero el entrenamiento de resistencia pueden mitigarse mediante una adecuada periodización del entrenamiento o introduciendo periodos de recuperación entre sesiones. Algunos autores sugieren que intervalos de varias horas entre ambos tipos de entrenamiento podrían reducir la interacción entre las vías de señalización metabólicas y anabólicas.
A pesar de estos avances, los autores subrayan varias limitaciones importantes de la evidencia disponible. En primer lugar, la mayoría de los estudios incluidos se realizaron en individuos recreacionalmente entrenados o no entrenados, lo que limita la generalización de los resultados a atletas altamente entrenados o de élite. En segundo lugar, la duración media de los programas analizados fue de aproximadamente diez semanas, lo que implica que las conclusiones se basan principalmente en adaptaciones iniciales al entrenamiento y no necesariamente reflejan los efectos a largo plazo.
En términos prácticos, los resultados sugieren que el entrenamiento concurrente constituye una estrategia eficaz para mejorar simultáneamente la capacidad aeróbica y las capacidades neuromusculares en poblaciones recreacionalmente activas. Para maximizar las adaptaciones de fuerza dentro de programas concurrentes, se recomienda priorizar cargas elevadas en el entrenamiento de fuerza y, cuando sea posible, realizar este componente antes del entrenamiento de resistencia.
En conclusión, la evidencia sintetizada en esta revisión indica que el entrenamiento concurrente puede diseñarse de manera que permita optimizar múltiples adaptaciones fisiológicas sin comprometer significativamente el desarrollo de la fuerza o la hipertrofia muscular. Aunque el orden de los ejercicios puede influir ligeramente en algunas adaptaciones neuromusculares, el efecto global es relativamente pequeño. No obstante, se requieren estudios futuros que incluyan atletas altamente entrenados y programas de entrenamiento más prolongados para comprender completamente cómo interactúan las adaptaciones de fuerza y resistencia en contextos de alto rendimiento.
Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/03/Maximizing-Adaptations-in-Concurrent-Training.pdf
Referencia completa del artículo:
Held S, Wolf L, Rappelt L, Bloch W, Donath L, Micke F, Geisler S, Isenmann E. Maximizing Adaptations in Concurrent Training: An Umbrella Review of Meta-analyses. Sports Med. 2026 Feb 28. doi: 10.1007/s40279-026-02401-y.




