
El artículo examina cómo el entrenamiento físico y una dieta rica en grasas modulan la capacidad mitocondrial del músculo esquelético para oxidar distintos sustratos energéticos, con especial atención a los ácidos grasos de cadena corta (AGCC), como el acetato, el propionato y el butirato. Tradicionalmente, el metabolismo energético muscular se ha estudiado principalmente en relación con los carbohidratos y los ácidos grasos de cadena larga, pero en años recientes los AGCC han emergido como posibles moduladores metabólicos relevantes, particularmente por su origen en la microbiota intestinal y en la oxidación peroxisomal de lípidos. En este contexto, el estudio busca determinar si el entrenamiento físico y la dieta alta en grasas pueden modificar la capacidad mitocondrial para utilizar estos sustratos, así como esclarecer los mecanismos mediante los cuales estos estímulos metabólicos inducen adaptaciones en el músculo esquelético.
El contenido de proteínas mitocondriales en el músculo esquelético es altamente plástico y responde con rapidez a cambios en la demanda energética. Uno de los estímulos más conocidos para inducir biogénesis mitocondrial es el ejercicio físico, el cual activa vías de señalización dependientes del calcio y de la AMPK tras una sola sesión de actividad, iniciando respuestas coordinadas de transcripción y traducción que involucran tanto el genoma nuclear como el mitocondrial. Este proceso incrementa la capacidad oxidativa del músculo y mejora la eficiencia metabólica. Sin embargo, el ejercicio no es el único estímulo capaz de provocar adaptaciones mitocondriales. La ingesta prolongada de dietas altas en grasas también activa mecanismos redox y rutas dependientes de calcio que pueden aumentar el contenido mitocondrial y la capacidad respiratoria del músculo esquelético.
A partir de estas observaciones, los autores plantean la hipótesis de que el ejercicio y la dieta rica en grasas podrían actuar de manera aditiva sobre la acumulación de proteínas mitocondriales y la capacidad oxidativa muscular. Esta hipótesis es particularmente relevante en el caso de los AGCC, cuyo papel como sustratos energéticos en el músculo esquelético aún no está completamente definido. Aunque estos compuestos se encuentran en menor concentración plasmática que los ácidos grasos de cadena larga, existe evidencia de que pueden ser captados por el músculo y utilizados para la producción de ATP. Además, el músculo esquelético posee fuentes intracelulares adicionales de AGCC derivadas de la oxidación peroxisomal de ácidos grasos de cadena muy larga y ramificados, lo que sugiere que su contribución metabólica podría ser mayor de lo estimado previamente.
Un aspecto importante destacado es que la oxidación mitocondrial de los AGCC difiere de la de los ácidos grasos de cadena larga, ya que su transporte al interior mitocondrial no depende del sistema carnitina-palmitoiltransferasa. Sin embargo, la baja abundancia de enzimas activadoras específicas, como las acil-CoA sintetasa de cadena corta, sugiere que su contribución a la fosforilación oxidativa podría ser limitada. Aun así, debido a su baja capacidad basal de oxidación, estos sustratos podrían presentar un mayor margen de adaptación frente a estímulos metabólicos como el ejercicio o la dieta alta en grasas. En consecuencia, los autores proponen que ambas intervenciones podrían incrementar de forma independiente y aditiva la capacidad mitocondrial para oxidar AGCC.
En la discusión se ofrece una interpretación detallada de las adaptaciones observadas. En primer lugar, los autores confirman que la capacidad de los AGCC para sostener la respiración mitocondrial en el músculo esquelético es relativamente baja en comparación con la de los carbohidratos y los ácidos grasos de cadena larga. Incluso bajo condiciones experimentales favorables, la contribución de los AGCC representó sólo una pequeña fracción del flujo respiratorio máximo. Este hallazgo coincide con estudios previos realizados en corazón y músculo esquelético que muestran que otros monocarboxilatos de cadena corta, como los cuerpos cetónicos, también generan tasas respiratorias inferiores a las inducidas por el piruvato o el palmitoilcarnitina.
Sin embargo, la baja capacidad oxidativa de los AGCC no implica que carezcan de relevancia fisiológica. Los autores sugieren que estos sustratos podrían desempeñar un papel importante en el metabolismo basal, especialmente en condiciones caracterizadas por alta disponibilidad lipídica o baja demanda energética, como ocurre durante la recuperación postejercicio o en situaciones de dieta rica en grasas. En estos contextos, el aumento en la disponibilidad de enzimas y sustratos podría potenciar su utilización metabólica.
Otro hallazgo clave discutido en el artículo es que la dieta alta en grasas incrementó la capacidad intrínseca de las mitocondrias para oxidar ácidos grasos, incluyendo algunos AGCC, mientras que el entrenamiento físico previno estos cambios cuando ambas intervenciones se combinaron. Este resultado sugiere que la dieta rica en grasas induce un remodelado funcional de las mitocondrias existentes, aumentando la eficiencia de las rutas de oxidación lipídica sin necesariamente incrementar el número total de mitocondrias.
En contraste, el ejercicio físico actuó principalmente promoviendo la biogénesis mitocondrial, es decir, aumentando el contenido total de proteínas mitocondriales en el músculo esquelético. Este incremento fue aún mayor cuando el ejercicio se combinó con la dieta alta en grasas, lo que indica un efecto aditivo entre ambos estímulos. Desde una perspectiva fisiológica, esto implica que el ejercicio no modifica tanto la capacidad intrínseca de cada mitocondria individual para oxidar AGCC, sino que aumenta el número total de mitocondrias disponibles, elevando así la capacidad oxidativa global del músculo.
Los autores interpretan estos resultados como evidencia de que el ejercicio y la dieta alta en grasas representan estímulos metabólicos distintos pero parcialmente convergentes. Mientras que la dieta parece favorecer la acumulación selectiva de enzimas implicadas en la oxidación de lípidos dentro de mitocondrias preexistentes, el ejercicio induce una respuesta transcripcional más amplia que incrementa el contenido mitocondrial total. Esta diferencia podría explicarse por la intensidad relativa de las señales intracelulares generadas por cada estímulo, particularmente en relación con las vías dependientes de calcio y especies reactivas de oxígeno.
Finalmente, la discusión destaca que la combinación de ejercicio y dieta alta en grasas incrementó de manera significativa la capacidad oxidativa estimada del músculo esquelético para múltiples sustratos, incluidos los AGCC. Este efecto aditivo sugiere que ambos estímulos pueden actuar de forma complementaria para optimizar el metabolismo energético muscular. No obstante, los mecanismos moleculares responsables de esta interacción aún no se comprenden completamente y constituyen un área prometedora para futuras investigaciones, especialmente en el desarrollo de intervenciones terapéuticas dirigidas al tratamiento de enfermedades metabólicas.
En conjunto, el estudio aporta evidencia sólida de que los AGCC desempeñan un papel limitado pero potencialmente relevante en la bioenergética muscular, y demuestra que el ejercicio y la dieta alta en grasas inducen adaptaciones mitocondriales diferenciadas que, cuando se combinan, aumentan la capacidad oxidativa total del músculo esquelético.
Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/04/Dowling-2026-Exercise_training_induces_mitochondrial_biogenesis-1.pdf
Referencia completa del artículo:
Dowling JL, Handy RM, Notaro NM, Frangos SM, Dyck DJ, Holloway GP. Exercise training induces mitochondrial biogenesis, while high-fat diet increases the ability of mitochondria to use long and short-chain fatty acids. J Physiol. 2026 Apr 3. doi: 10.1113/JP289545.




