
El artículo analiza de manera sistemática la contribución relativa de los sistemas energéticos anaeróbico y aeróbico durante el ejercicio máximo, un tema central en la fisiología del ejercicio y en la planificación del entrenamiento deportivo. Desde su introducción, los autores destacan que la capacidad de generar energía para la contracción muscular depende del mantenimiento de la disponibilidad de ATP, la molécula que actúa como fuente inmediata de energía en el músculo. Debido a que las reservas de ATP intramuscular son limitadas, el organismo dispone de tres sistemas bioenergéticos principales para su resíntesis: el sistema fosfágeno (ATP-fosfocreatina), el sistema glucolítico anaeróbico y el sistema oxidativo aeróbico. Estos sistemas no funcionan de forma independiente, sino integrados, contribuyendo simultáneamente en diferentes proporciones según la intensidad y la duración del ejercicio.
En este contexto, la introducción subraya que el metabolismo anaeróbico permite una rápida producción de ATP mediante la degradación de la fosfocreatina y del glucógeno muscular sin necesidad de oxígeno, lo que resulta especialmente útil en esfuerzos explosivos o de corta duración. Sin embargo, su capacidad es limitada debido al agotamiento de sustratos y a la acumulación de subproductos metabólicos que contribuyen a la fatiga muscular. Por el contrario, el metabolismo aeróbico, basado en la oxidación mitocondrial de carbohidratos y grasas, posee una capacidad mucho mayor para sostener la producción energética a largo plazo, aunque con menor potencia instantánea. Esta diferencia entre potencia y capacidad constituye uno de los principios fundamentales que explican la transición progresiva entre la predominancia anaeróbica y aeróbica durante el ejercicio máximo.
Los autores señalan además que, históricamente, las actividades físicas han sido clasificadas de manera simplificada como “aeróbicas” o “anaeróbicas”, lo cual resulta engañoso desde una perspectiva fisiológica. En realidad, ningún sistema energético actúa de manera aislada más allá de las primeras contracciones musculares, sino que todos participan simultáneamente, aunque uno de ellos predomine según las características del esfuerzo. Este enfoque integrador es clave para comprender la regulación metabólica del rendimiento deportivo.
Otro aspecto relevante destacado en la introducción es la dificultad metodológica para cuantificar con precisión la contribución relativa de cada sistema energético durante el ejercicio máximo. Dado que las mediciones directas invasivas no son aplicables en contextos deportivos habituales, los investigadores han desarrollado diversos métodos indirectos, entre ellos el déficit de oxígeno acumulado, el análisis de metabolitos musculares y sanguíneos, el consumo de oxígeno post-ejercicio (EPOC) y modelos matemáticos teóricos. Sin embargo, cada uno de estos enfoques implica supuestos y limitaciones que explican las inconsistencias observadas en la literatura científica.
En este sentido, el artículo justifica la necesidad de realizar una revisión sistemática actualizada que sintetice los resultados disponibles y permita estimar con mayor precisión la contribución relativa de los sistemas energéticos durante esfuerzos máximos de distinta duración. Asimismo, se propone identificar factores moduladores como el nivel de entrenamiento, el tipo de ejercicio, el ritmo de ejecución o las condiciones fisiológicas individuales.
En la parte interpretativa del estudio, equivalente a la discusión de resultados, los autores integran los datos procedentes de 102 investigaciones y 311 registros experimentales para describir el comportamiento temporal de los sistemas energéticos durante el ejercicio máximo. Uno de los hallazgos más relevantes es que el sistema anaeróbico predomina claramente en esfuerzos de corta duración, especialmente durante los primeros segundos del ejercicio. Por ejemplo, en esfuerzos máximos de aproximadamente 10 segundos, la contribución anaeróbica puede alcanzar alrededor del 90%, mientras que la participación aeróbica es todavía limitada.
Sin embargo, a medida que aumenta la duración del esfuerzo, la contribución aeróbica crece de forma progresiva debido a la aceleración de la cinética del consumo de oxígeno. Este incremento ocurre antes de lo que tradicionalmente se asumía, lo que demuestra que incluso en ejercicios breves el metabolismo aeróbico desempeña un papel significativo. El análisis de los modelos de regresión empleados en la revisión permitió estimar que el punto de equilibrio entre ambos sistemas energéticos se sitúa aproximadamente en los 78,6 segundos de ejercicio máximo, momento en el que la contribución anaeróbica y aeróbica es similar. A partir de esa duración, el metabolismo oxidativo pasa a ser predominante.
Este resultado tiene implicaciones importantes para la comprensión del rendimiento deportivo, especialmente en pruebas de velocidad prolongada o medio fondo, donde la interacción entre ambos sistemas energéticos resulta determinante. Asimismo, los autores destacan que la contribución relativa de cada sistema no depende únicamente de la duración del esfuerzo, sino también de factores como la estrategia de ritmo (pacing), el nivel de entrenamiento y el método utilizado para estimar el gasto energético.
Otro aspecto discutido es la relativa consistencia de los resultados entre diferentes modalidades de ejercicio, como el ciclismo y la carrera, lo que sugiere que los principios generales de la contribución energética pueden aplicarse a distintos contextos deportivos. Sin embargo, sí se observaron pequeñas diferencias atribuibles al método de medición empleado, lo que refuerza la necesidad de estandarizar los procedimientos de evaluación metabólica en futuras investigaciones.
Los autores también destacan la importancia de considerar la rapidez con la que aumenta el consumo de oxígeno al inicio del ejercicio. Una cinética aeróbica más rápida permite reducir la dependencia del metabolismo anaeróbico, retrasar la aparición de la fatiga y mejorar la capacidad de mantener esfuerzos de alta intensidad. Este hallazgo tiene especial relevancia para el diseño de programas de entrenamiento interválico de alta intensidad, orientados a optimizar simultáneamente la capacidad anaeróbica y la eficiencia aeróbica.
Desde una perspectiva aplicada, la discusión subraya que los entrenadores y preparadores físicos deben evitar enfoques reduccionistas basados en la supuesta predominancia exclusiva de un sistema energético en determinadas pruebas deportivas. En su lugar, se recomienda diseñar programas de entrenamiento que desarrollen de manera integrada ambos sistemas, ajustando variables como la duración del esfuerzo, la intensidad, la recuperación y la estrategia de ritmo según las demandas específicas de cada disciplina.
Finalmente, el artículo concluye que la interacción dinámica entre los sistemas anaeróbico y aeróbico constituye un elemento central del rendimiento en ejercicios máximos, y que la comprensión precisa de sus contribuciones relativas puede mejorar la planificación del entrenamiento y la evaluación fisiológica del deportista. Asimismo, se destaca la necesidad de continuar desarrollando métodos más precisos y menos invasivos para estimar la producción energética durante el ejercicio, con el fin de reducir la variabilidad existente entre estudios y avanzar hacia modelos más integradores del metabolismo muscular.
Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/04/Anaerobic-and-Aerobic-Energy-System-Contribution-During-Maximal-Exercise.pdf
Referencia completa del artículo:
Gastin PB, Suppiah HT. Anaerobic and Aerobic Energy System Contribution During Maximal Exercise: A Systematic Review. Sports Med. 2026 Apr 11. doi: 10.1007/s40279-026-02414-7




