
El estrés térmico, tanto en ambientes secos como húmedos, representa un desafío fisiológico significativo durante el ejercicio, ya que incrementa la carga cardiovascular y térmica, compromete el rendimiento y eleva el riesgo de enfermedad por calor. La aclimatación al calor (heat acclimation, HA) constituye una estrategia clave para mitigar estos efectos, induciendo adaptaciones como la expansión del volumen plasmático, el aumento de la sudoración y mejoras en la estabilidad cardiovascular, que en conjunto reducen la frecuencia cardiaca y la temperatura corporal durante el ejercicio a una carga dada.
Tradicionalmente, se ha asumido que estas adaptaciones son específicas del entorno en el que se desarrollan, basándose en el principio de especificidad del entrenamiento. Así, se ha planteado que la aclimatación en condiciones secas favorecería principalmente mecanismos evaporativos (mayor sudoración), mientras que en ambientes húmedos predominarían adaptaciones cardiovasculares (expansión del volumen plasmático) para compensar la menor evaporación. Sin embargo, la evidencia que sustenta esta diferenciación es limitada y metodológicamente inconsistente. Muchos estudios previos no han igualado adecuadamente el estrés térmico entre condiciones o han utilizado intensidades de ejercicio insuficientes para generar una respuesta adaptativa robusta.
Además, un aspecto crítico poco explorado es la aclimatación cruzada, es decir, hasta qué punto las adaptaciones adquiridas en un tipo de ambiente (seco o húmedo) se transfieren a otro. Esta cuestión tiene implicaciones prácticas relevantes en el ámbito deportivo, militar y laboral, donde los individuos pueden entrenar en un entorno pero competir o trabajar en otro distinto. La literatura existente es contradictoria: algunos estudios sugieren adaptaciones similares entre condiciones, mientras que otros indican cierta especificidad, especialmente en variables como la frecuencia cardiaca, la temperatura corporal o la tasa de sudoración. Sin embargo, la mayoría de estos trabajos han evaluado las adaptaciones en un único entorno, lo que introduce sesgos en la interpretación.
En este contexto, el objetivo del presente estudio fue analizar de forma directa y controlada si la aclimatación en calor seco y húmedo produce adaptaciones específicas o similares, y evaluar el grado de transferencia entre ambos entornos. Para ello, se utilizó un diseño cruzado en ciclistas entrenados, con protocolos de aclimatación basados en frecuencia cardiaca controlada y condiciones ambientales equivalentes en términos de estrés térmico (WBGT).
Los resultados muestran de forma consistente que la aclimatación al calor seco y húmedo induce adaptaciones fisiológicas muy similares. Ambos protocolos produjeron mejoras comparables en el rendimiento (aumento de la potencia a igual frecuencia cardiaca), incremento de la tasa de sudoración y expansión del volumen plasmático y de la masa de hemoglobina. Asimismo, se observaron reducciones similares en la temperatura corporal y la frecuencia cardiaca durante pruebas de estrés térmico, tanto en condiciones secas como húmedas, lo que evidencia una clara aclimatación cruzada.
Uno de los hallazgos más relevantes es que, a pesar de estas adaptaciones similares, el entorno seco permitió mantener una mayor carga de trabajo durante las sesiones de aclimatación, con una potencia media superior a igual frecuencia cardiaca. Esto probablemente se debe a una mayor capacidad de evaporación del sudor en condiciones secas, lo que facilita la disipación del calor y permite sostener mayores tasas de producción metabólica. En contraste, en ambientes húmedos, la elevada presión de vapor limita la evaporación, incrementando la sensación térmica y reduciendo la capacidad de trabajo.
Desde un punto de vista mecanístico, los autores interpretan que el principal estímulo adaptativo no es tanto la naturaleza específica del ambiente (seco vs. húmedo), sino el estrés térmico global combinado con el ejercicio. Es decir, cuando la carga térmica interna (reflejada en la temperatura corporal y la frecuencia cardiaca) se mantiene constante entre condiciones, el organismo desarrolla respuestas adaptativas similares independientemente de la humedad o la temperatura ambiental. Esto cuestiona la idea clásica de especificidad ambiental en la aclimatación al calor.
En relación con la sudoración, los resultados no muestran diferencias claras entre condiciones, lo cual contrasta con algunas investigaciones previas que sugerían mayores aumentos en ambientes húmedos. Los autores destacan que la variabilidad interindividual y metodológica en la medición del sudor dificulta establecer conclusiones definitivas. Además, subrayan que factores como la duración del protocolo o la intensidad del ejercicio pueden modular estas respuestas.
Otro hallazgo interesante es el aumento relativamente rápido de la masa de hemoglobina tras los protocolos de aclimatación, lo que sugiere un posible efecto ergogénico adicional relacionado con la mejora de la capacidad de transporte de oxígeno. Aunque este fenómeno no ha sido consistentemente observado en estudios previos, los autores proponen mecanismos potenciales como la activación de factores inducibles por hipoxia o cambios hormonales asociados a la expansión del volumen plasmático.
En cuanto a la aclimatación cruzada, los datos son especialmente robustos: las mejoras en temperatura corporal, frecuencia cardiaca y percepción del esfuerzo se observaron independientemente del entorno en el que se evaluaban, lo que indica una transferencia efectiva de las adaptaciones. Esto tiene implicaciones prácticas claras, ya que sugiere que no es estrictamente necesario aclimatarse en condiciones idénticas a las de la competición o el trabajo.
Desde una perspectiva aplicada, los autores concluyen que la aclimatación en calor seco podría ser una estrategia preferente, ya que permite mantener una mayor calidad de entrenamiento sin comprometer las adaptaciones fisiológicas. No obstante, recomiendan incluir exposiciones específicas a ambientes húmedos en las fases finales si se prevé competir o trabajar en dichas condiciones.
En síntesis, este estudio aporta evidencia sólida de que la especificidad ambiental en la aclimatación al calor es menos relevante de lo que se pensaba, y que el factor determinante es el estímulo térmico global inducido por el ejercicio. Las adaptaciones son ampliamente transferibles entre ambientes secos y húmedos, lo que simplifica la planificación del entrenamiento en condiciones de calor y amplía las posibilidades logísticas para deportistas y profesionales expuestos a estrés térmico.
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Referencia completa del artículo:
McDonald P, John K, Topham TH, Sawka MN, Clark B, Périard JD. Dry and humid heat acclimation induces similar adaptations and cross-acclimation benefits in trained male cyclists. J Physiol. 2026 Mar 9. doi: 10.1113/JP290089.




