La insuficiencia cardíaca constituye un importante problema de salud pública, asociado a limitación funcional, disnea, hospitalizaciones y deterioro de la calidad de vida. Más allá del tratamiento farmacológico, la rehabilitación basada en ejercicio representa una intervención relevante para mejorar la capacidad de esfuerzo y reducir la carga sintomática. Sin embargo, las distintas modalidades de entrenamiento no producen adaptaciones equivalentes: sus efectos dependen del objetivo funcional perseguido y de las características de cada paciente.
La debilidad de la musculatura inspiratoria puede aumentar el coste respiratorio del esfuerzo y contribuir a la intolerancia al ejercicio. El entrenamiento muscular inspiratorio (IMT), mediante resistencias progresivas, pretende mejorar la función de estos músculos y favorecer la disponibilidad de oxígeno para la musculatura periférica. También pueden intervenir mecanismos propios del entrenamiento aeróbico y de fuerza, relacionados con la función vascular, la regulación autonómica y la inflamación sistémica.
La evidencia procedente de 88 ensayos clínicos aleatorizados, con 5.757 participantes, muestra diferencias relevantes entre intervenciones. El IMT de intensidad moderada, realizado aproximadamente al 30–40 % de la presión inspiratoria máxima, destacó por mejorar la fuerza inspiratoria, tanto aisladamente como combinado con ejercicio aeróbico o entrenamiento concurrente aeróbico y de fuerza. En cambio, esta última modalidad obtuvo los mejores resultados sobre la presión espiratoria máxima, lo que refleja la especificidad muscular de las adaptaciones.
Para la función pulmonar, el ejercicio aeróbico presentó las posiciones más favorables en capacidad vital forzada y volumen espiratorio forzado en el primer segundo. Añadir IMT al entrenamiento combinado no aseguró beneficios suplementarios sobre estos parámetros, posiblemente por el incremento de la carga y la fatiga respiratoria.
La capacidad funcional también respondió de manera diferenciada. El IMT moderado consiguió una mejoría estimada de 85 metros en la prueba de marcha de seis minutos, mientras que los ejercicios de técnicas respiratorias y el IMT de alta intensidad mostraron aumentos aproximados de 66 y 64 metros, respectivamente. Estas magnitudes superan el umbral de 30 metros utilizado habitualmente como referencia de cambio clínicamente relevante en insuficiencia cardíaca. Para el consumo máximo de oxígeno, destacaron las combinaciones de IMT y ejercicio aeróbico, el entrenamiento combinado con IMT intenso y el entrenamiento interválico de alta intensidad, con mejoras máximas cercanas a 3,7 mL/kg/min.
En términos de síntomas y percepción de salud, el IMT de alta intensidad —superior al 60 % de la presión inspiratoria máxima— mostró resultados favorables sobre calidad de vida, especialmente al asociarse con ejercicio aeróbico o entrenamiento combinado. La asociación de IMT intenso y ejercicio aeróbico fue también la más favorable para reducir la disnea.
Estos resultados respaldan una rehabilitación individualizada, orientada a la limitación predominante: debilidad inspiratoria, baja capacidad de marcha, deterioro aeróbico o disnea. Una intensidad mayor no garantiza siempre mejores resultados y puede comprometer la adherencia. Además, la heterogeneidad clínica, las diferencias entre protocolos y la incertidumbre de algunas comparaciones impiden interpretar las clasificaciones de eficacia como jerarquías definitivas. La selección del programa debe integrar objetivos, tolerancia, comorbilidades y preferencias del paciente, considerando también la accesibilidad a los recursos disponibles.
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Referencia completa del artículo:
Tavakoli K, Ansari A, Alaei E, Jahanfard R, Mansouri ES, Ganjalikhani M, Selk-Ghaffari M, Shahi MHP, Memari AH. Identifying the Optimal Respiratory Muscle Training Intervention for Heart Failure Patients: A Network Meta-analysis of Randomized Controlled Trials. J Cardiol. 2026 Oct 24:S0914-5087(26)00201-7. doi: 10.1016/j.jjcc.2026.10.004.