Inflamación crónica de bajo grado: el nexo oculto entre estilo de vida y enfermedad

Salud y Deporte

La inflamación es una respuesta biológica altamente regulada frente a estímulos dañinos, caracterizada por una fase inicial proinflamatoria mediada por células del sistema inmune innato y la liberación de citocinas. Posteriormente, debería activarse una fase de resolución, en la que intervienen mediadores especializados (SPMs como resolvinas, lipoxinas y protectinas) que eliminan detritos celulares y restauran la función tisular. Sin embargo, cuando este proceso falla, se establece una inflamación crónica.

La inflamación crónica de bajo grado se define como un estado inflamatorio persistente, subclínico, sin síntomas evidentes, pero con efectos sistémicos acumulativos. Está impulsada por factores del estilo de vida moderno como dieta rica en ultraprocesados, sedentarismo, estrés, alteraciones del sueño, consumo de alcohol, tabaquismo y exposición a contaminantes. A nivel molecular, estos factores inducen estrés oxidativo, disfunción mitocondrial y liberación de señales proinflamatorias (MAMPs), activando vías como NF-κB.

Un aspecto clave es la interacción entre especies reactivas de oxígeno (ROS) y citocinas proinflamatorias, generando un bucle de retroalimentación positiva que perpetúa la inflamación. Este proceso favorece alteraciones como resistencia a la insulina, fibrosis, senescencia celular y disfunción metabólica sistémica.

Fibrosis y daño tisular

La inflamación crónica está estrechamente vinculada con la fibrosis, proceso caracterizado por la acumulación excesiva de matriz extracelular. Aunque inicialmente reparadora, la fibrosis se vuelve patológica cuando es persistente, alterando la arquitectura y función de los órganos.

Este fenómeno es clave en múltiples enfermedades: en el hígado conduce a cirrosis, en el corazón a fibrosis miocárdica, en el riñón a nefropatía crónica y en el tejido adiposo a disfunción metabólica. Además, en el cáncer, la fibrosis genera un microambiente que favorece la progresión tumoral y la metástasis.

Inflamación como base común de enfermedades crónicas

Muchas enfermedades crónicas comparten una base inflamatoria común. Estas enfermedades no son estrictamente “no transmisibles”, ya que sus factores de riesgo (hábitos de vida, entorno social) pueden “transmitirse” dentro de comunidades.

Además, existe una interacción compleja entre genética y ambiente. Variantes genéticas influyen en la susceptibilidad a la inflamación y en la respuesta a estímulos ambientales, modulando el riesgo de enfermedad.

Inflamación y obesidad

La obesidad se describe como un estado prototípico de inflamación crónica de bajo grado. El tejido adiposo disfuncional presenta infiltración de macrófagos, aumento de citocinas proinflamatorias (TNF-α, IL-6) y alteraciones en adipocinas (↑ leptina, ↓ adiponectina).

Este entorno favorece resistencia a la insulina, lipotoxicidad y alteraciones metabólicas sistémicas. Un mecanismo clave es la activación del inflamasoma NLRP3, que promueve la liberación de IL-1β y perpetúa la inflamación.

Además, la microbiota intestinal desempeña un papel relevante. La disbiosis aumenta la permeabilidad intestinal, facilitando el paso de lipopolisacáridos (LPS) a la circulación, lo que amplifica la respuesta inflamatoria sistémica.

La inflamación no es intrínsecamente negativa: un cierto grado de inflamación es necesario para la función normal del tejido adiposo, y su supresión completa puede ser perjudicial. El problema es la cronificación.

Inflamación y enfermedades cardiovasculares

La inflamación participa en todas las fases de la enfermedad cardiovascular, especialmente en la aterosclerosis. Marcadores como PCR e IL-6 se asocian con mayor riesgo cardiovascular.

En la hipertensión, la inflamación contribuye mediante disfunción endotelial, activación del sistema renina-angiotensina y alteraciones del sistema nervioso autónomo. Existe además una interacción relevante entre sistema inmune y sistema nervioso, generando un circuito de amplificación inflamatoria.

El papel de la microbiota también aparece en este contexto, influyendo en la regulación de la presión arterial a través de metabolitos como el TMAO y modulando respuestas inmunes.

Factores como sedentarismo, tabaquismo y contaminación ambiental actúan como amplificadores del estado inflamatorio, aumentando el riesgo cardiovascular.

Desde el punto de vista terapéutico, los ensayos clínicos han demostrado que la modulación de la inflamación (por ejemplo, inhibiendo IL-1β o el inflamasoma NLRP3) puede reducir eventos cardiovasculares, aunque con limitaciones y efectos secundarios.

Inflamación y cáncer

La inflamación es un componente clave en la carcinogénesis. En cáncer de mama, factores inflamatorios como la PCR elevada y la infiltración de células inmunes en el tejido mamario se asocian con mayor riesgo.

La inflamación favorece procesos como la transición epitelio-mesénquima, la angiogénesis y la evasión inmune. Vías como NF-κB y citocinas como IL-1β juegan un papel central en la progresión tumoral.

El artículo destaca el papel de los exosomas en la comunicación celular tumoral y la amplificación de la inflamación, así como el papel de los fibroblastos asociados al cáncer (CAFs) en la remodelación del microambiente tumoral.

En tumores gastrointestinales, la inflamación crónica (por ejemplo, infecciones por H. pylori o enfermedad inflamatoria intestinal) actúa como precursor del cáncer. También se subraya el papel emergente de la epigenética en la transición de inflamación a cáncer.

Estrategias terapéuticas: hacia la resolución de la inflamación

Tradicionalmente, el tratamiento ha consistido en inhibir la inflamación. Sin embargo, esto puede comprometer la función inmune. El artículo propone un cambio de paradigma: favorecer la resolución activa de la inflamación.

Los mediadores proresolutivos (SPMs) derivados de ácidos grasos poliinsaturados representan una estrategia prometedora. También se exploran terapias celulares y biológicas que modulan la respuesta inflamatoria.

Fármacos como estatinas, colchicina, metformina o agonistas GLP-1 muestran efectos antiinflamatorios adicionales a sus acciones principales. En oncología, modular la inflamación puede mejorar la respuesta a inmunoterapia.

La nanotecnología emerge como una herramienta innovadora para el diagnóstico y tratamiento dirigido de la inflamación, aunque aún existen desafíos relacionados con su seguridad.

Conclusiones

La inflamación crónica de bajo grado constituye un denominador común en muchas enfermedades crónicas y representa un objetivo terapéutico clave. Su origen es multifactorial, involucrando interacciones complejas entre estilo de vida, ambiente, genética e inmunidad.

El control de la inflamación requiere estrategias integrales que incluyan cambios en el estilo de vida, intervenciones farmacológicas y nuevas aproximaciones terapéuticas centradas en la resolución del proceso inflamatorio. El avance en tecnologías como la genómica, la inteligencia artificial y la nanotecnología permitirá desarrollar intervenciones más precisas y eficaces en el futuro.

Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/03/cifuentes-et-al-2024-low-grade-chronic-inflammation-a-shared-mechanism-for-chronic-diseases-1.pdf

Referencia completa del artículo:

Cifuentes M, Verdejo HE, Castro PF, Corvalan AH, Ferreccio C, Quest AFG, Kogan MJ, Lavandero S. Low-Grade Chronic Inflammation: a Shared Mechanism for Chronic Diseases. Physiology (Bethesda). 2025 Jan 1;40(1):0. doi: 10.1152/physiol.00021.2024.

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