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Grasa intramuscular: un nuevo biomarcador de salud muscular

La grasa intramuscular, frecuentemente englobada bajo el término mioesteatosis, está adquiriendo una importancia creciente como indicador de la calidad y la salud del músculo esquelético. Su interés radica en que proporciona información que no puede obtenerse simplemente midiendo la masa muscular o el área transversal del músculo. Una persona puede conservar una cantidad relativamente adecuada de tejido muscular y, sin embargo, presentar una infiltración grasa elevada asociada a menor fuerza, potencia y movilidad. Esta circunstancia podría explicar parte del deterioro funcional que aparece con el envejecimiento y diversas enfermedades crónicas.

No toda la grasa localizada en el músculo posee, sin embargo, el mismo significado fisiológico. Los lípidos intramiocelulares (IMCL) se encuentran dentro de las fibras musculares y constituyen una importante reserva energética, especialmente durante el ejercicio prolongado. Por el contrario, otros depósitos lipídicos y determinadas especies como ceramidas y diacilgliceroles pueden asociarse con alteraciones de la señalización de la insulina y procesos inflamatorios cuando su acumulación es excesiva. Por ello, interpretar la grasa muscular únicamente desde una perspectiva cuantitativa puede resultar engañoso: tanto su localización como su composición metabólica son determinantes.

El envejecimiento constituye uno de los principales factores relacionados con la acumulación de grasa muscular. En personas mayores se han observado cantidades de grasa intramuscular varias veces superiores a las de adultos jóvenes, incluso cuando las diferencias en el tamaño muscular son relativamente pequeñas. Este fenómeno puede contribuir a explicar por qué la pérdida de fuerza y movilidad asociada a la edad es proporcionalmente mayor que la reducción de masa muscular. La grasa intramuscular también está relacionada con obesidad, resistencia a la insulina, diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, enfermedad renal y hepática, osteoartritis y diferentes tipos de cáncer, donde además puede tener valor pronóstico.

La actividad física modifica de forma importante esta relación. El sedentarismo favorece la infiltración grasa, mientras que el ejercicio regular puede prevenirla o reducirla. No obstante, existe una aparente paradoja: los deportistas de resistencia pueden presentar elevados niveles de lípidos intramiocelulares junto con una elevada sensibilidad a la insulina y una excelente capacidad oxidativa. En el músculo entrenado, estas reservas lipídicas están más próximas a las mitocondrias y presentan una elevada tasa de utilización durante el ejercicio. Por tanto, una elevada concentración de lípidos intramiocelulares no debe interpretarse automáticamente como un signo patológico.

La grasa muscular es además un compartimento claramente modificable. Una única sesión de ejercicio de resistencia aeróbica puede reducir aproximadamente un 24 % los lípidos intramiocelulares del músculo ejercitado, especialmente en fibras tipo I. A largo plazo, el entrenamiento aeróbico y de fuerza puede limitar la infiltración adiposa y preservar la función muscular. Programas prolongados de actividad física han mostrado incrementos mínimos de grasa muscular frente al importante aumento observado en personas sedentarias, incluso cuando ambos grupos experimentaban cambios similares en la masa muscular. Esto refuerza la importancia de valorar la calidad muscular, y no únicamente su cantidad.

Las intervenciones dirigidas a la pérdida de peso, incluida la restricción energética y la cirugía bariátrica, también reducen la grasa intramuscular, aunque pueden acompañarse de pérdida de masa magra si no se combinan con suficiente aporte proteico y ejercicio de fuerza. Del mismo modo, tratamientos farmacológicos como los agonistas del receptor de GLP-1, incluidos liraglutida y semaglutida, parecen reducir la infiltración grasa y mejorar algunos indicadores de calidad muscular, aunque puedan producir simultáneamente cierto descenso de la masa muscular.

La cuantificación de este fenómeno todavía presenta importantes dificultades. La resonancia magnética, especialmente mediante técnicas Dixon multieco y PDFF, ofrece actualmente una de las aproximaciones más reproducibles para el seguimiento longitudinal. La espectroscopia permite diferenciar lípidos intra y extramiocelulares, mientras que la tomografía computarizada proporciona una medida indirecta mediante unidades Hounsfield y puede aprovechar exploraciones clínicas realizadas por otros motivos. La ecografía representa una alternativa económica y accesible, aunque presenta una mayor dependencia del operador y dificultades para diferenciar grasa de fibrosis.

La principal limitación para trasladar esta información a la práctica clínica es que todavía no existen valores de referencia ni puntos de corte universales. La cantidad normal de grasa muscular depende del músculo estudiado, la edad, el sexo, la composición corporal, el nivel de actividad física, la etnia y la enfermedad considerada. Por ello, un determinado porcentaje puede representar una adaptación fisiológica en un deportista y un indicador de deterioro metabólico en una persona sedentaria.

En conjunto, la grasa intramuscular emerge como una dimensión relativamente “oculta” de la salud muscular. Su mayor utilidad probablemente no estará en considerarla de forma aislada, sino en integrarla con medidas de masa muscular, fuerza, potencia y rendimiento funcional. La estandarización de los métodos de imagen, el desarrollo de valores de referencia específicos y la utilización creciente de inteligencia artificial para automatizar su análisis podrían convertirla en los próximos años en un biomarcador clínico relevante para evaluar riesgo, monitorizar tratamientos y determinar si una intervención mejora realmente la calidad del músculo.

Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/10/Intramuscular-Fat-as-a-Biomarker-of-Muscle-Health.pdf

Referencia completa del artículo:

Spence C, Belzunce MA, Di Laura A, Henckel J, Hart AJ. Intramuscular Fat as a Biomarker of Muscle Health: Strengths, Limitations and Open Challenges. J Cachexia Sarcopenia Muscle. 2026;17(5):e70389. doi: 10.1002/jcsm.70389.

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