Entrenamiento de fuerza e hipertensión: ¿qué tan efectivo es?

Ejercicio en Patologías Crónicas

El artículo analiza de manera crítica el papel del entrenamiento de resistencia en el control de la presión arterial en personas con hipertensión, comparándolo con el ejercicio aeróbico, que históricamente ha sido considerado la intervención no farmacológica de referencia. A partir de revisiones sistemáticas, metaanálisis y ensayos clínicos recientes, los autores exploran si el entrenamiento de fuerza puede ofrecer beneficios comparables a los del ejercicio aeróbico, especialmente en términos de reducción de la presión arterial tanto en mediciones clínicas como ambulatorias.

La hipertensión arterial constituye uno de los principales problemas de salud pública a nivel mundial y se encuentra estrechamente asociada con estilos de vida sedentarios, cuya prevalencia aumenta con la edad y con el crecimiento de las poblaciones urbanas. En este contexto, las modificaciones del estilo de vida siguen siendo el pilar fundamental del tratamiento inicial, y dentro de ellas el ejercicio físico ocupa un lugar central. Tradicionalmente, las guías clínicas han enfatizado el ejercicio aeróbico como la estrategia más eficaz para reducir la presión arterial. Sin embargo, en años recientes se ha incrementado el interés por el entrenamiento de resistencia debido a su papel en el mantenimiento de la masa muscular, la funcionalidad física y la independencia durante el envejecimiento.

El ejercicio aeróbico y el entrenamiento de resistencia difieren significativamente en sus características fisiológicas y hemodinámicas. El primero se caracteriza por la realización continua y rítmica de movimientos que involucran grandes grupos musculares durante períodos prolongados, como caminar, correr, nadar o andar en bicicleta. Este tipo de ejercicio está orientado principalmente a mejorar la capacidad cardiorrespiratoria. En cambio, el entrenamiento de resistencia implica la generación de fuerza contra una carga externa, mediante pesas, bandas elásticas o incluso el propio peso corporal, con el objetivo de aumentar la fuerza y la resistencia muscular.

Durante la realización de ambos tipos de ejercicio se producen incrementos en la presión arterial sistólica, aunque las respuestas diastólicas difieren. Mientras que en el ejercicio aeróbico la presión diastólica permanece relativamente estable, en el entrenamiento de resistencia puede aumentar de forma considerable. De hecho, se han registrado valores extremadamente elevados durante ejercicios intensos con cargas altas. Estas respuestas agudas llevaron históricamente a desaconsejar este tipo de entrenamiento en personas hipertensas. No obstante, investigaciones posteriores han demostrado que estas respuestas disminuyen con la adaptación al entrenamiento y que, en general, sus beneficios superan los posibles riesgos.

Los resultados de múltiples estudios clínicos muestran que el ejercicio aeróbico sigue siendo la intervención más eficaz para reducir la presión arterial en personas con hipertensión. En promedio, puede disminuir la presión sistólica y diastólica aproximadamente en 7 y 5 mmHg, respectivamente. Por su parte, el entrenamiento dinámico de resistencia produce reducciones más modestas, alrededor de 2 mmHg en ambas medidas. Sin embargo, el entrenamiento isométrico, aunque menos estudiado, ha mostrado reducciones más relevantes, cercanas a 5 mmHg tanto en presión sistólica como diastólica.

Un aspecto fundamental que analizan los autores es la diferencia entre la presión arterial medida en consultorio y la presión ambulatoria de 24 horas, considerada el estándar de referencia para evaluar el riesgo cardiovascular. Mientras que tanto el ejercicio aeróbico como el entrenamiento de resistencia pueden reducir la presión arterial en mediciones clínicas, solo el ejercicio aeróbico ha demostrado efectos consistentes en la reducción de la presión ambulatoria. En contraste, los estudios disponibles indican que el entrenamiento de resistencia no produce cambios significativos en esta variable, lo que limita su impacto clínico cuando se utiliza como única intervención.

Otro punto relevante es la relación dosis-respuesta entre ejercicio y reducción de la presión arterial. En el caso del ejercicio aeróbico, se observa que el efecto hipotensor aumenta proporcionalmente con la duración semanal hasta aproximadamente 150 minutos, a partir de los cuales los beneficios adicionales son mínimos. Cada incremento de 30 minutos semanales puede reducir aproximadamente 2 mmHg la presión arterial. En cambio, la relación dosis-respuesta del entrenamiento de resistencia no está claramente definida, aunque se ha observado que programas de más de diez semanas producen mayores reducciones que intervenciones más breves.

El fenómeno de la hipotensión postejercicio constituye otro elemento clave en la explicación de los efectos del ejercicio sobre la presión arterial. Tras una sesión de ejercicio, la presión arterial puede descender por debajo de los valores basales durante un período determinado. Este efecto agudo parece predecir la magnitud de las adaptaciones crónicas inducidas por el entrenamiento. Aunque tanto el ejercicio aeróbico como el de resistencia pueden provocar hipotensión postejercicio en mediciones clínicas, nuevamente solo el ejercicio aeróbico ha demostrado reducciones significativas en la presión ambulatoria tras sesiones individuales.

El artículo también analiza estrategias emergentes que combinan diferentes modalidades de ejercicio. El entrenamiento combinado, que integra ejercicio aeróbico y de resistencia, ha mostrado reducciones promedio de aproximadamente 6.4 mmHg en presión sistólica y 3.7 mmHg en presión diastólica en personas con hipertensión. Este enfoque resulta especialmente atractivo porque permite obtener beneficios cardiovasculares y musculares simultáneamente, alineándose con las recomendaciones actuales de actividad física para la salud integral.

Además, los autores destacan el potencial de los deportes recreativos como herramientas eficaces para el control de la presión arterial. Actividades como el fútbol recreativo o el tenis playa han demostrado reducciones significativas tanto en la presión arterial clínica como en la ambulatoria, posiblemente debido a su carácter social y motivador, que favorece la adherencia a largo plazo. De forma similar, los ejercicios calisténicos y otras modalidades accesibles sin equipamiento especializado representan alternativas prometedoras dentro de las estrategias no farmacológicas.

Desde el punto de vista fisiológico, la reducción de la presión arterial inducida por el ejercicio aeróbico se explica principalmente por la disminución de la resistencia vascular periférica. En cambio, los mecanismos asociados al entrenamiento de resistencia aún no están completamente esclarecidos, aunque algunos estudios sugieren que también podrían implicar reducciones en esta resistencia. Asimismo, el ejercicio aeróbico ha demostrado mejorar la elasticidad arterial, un factor clave en la regulación de la presión arterial con el envejecimiento, mientras que el entrenamiento de resistencia puede aumentar la rigidez arterial en adultos jóvenes, aunque este efecto no se observa en adultos mayores.

Finalmente, los autores concluyen que, aunque el entrenamiento de resistencia ofrece beneficios relevantes para la salud general, especialmente en la prevención de la sarcopenia asociada al envejecimiento, no debe considerarse equivalente al ejercicio aeróbico como estrategia principal para el control de la presión arterial. Por ello, las intervenciones dirigidas a reducir la hipertensión deben priorizar el ejercicio aeróbico, utilizando el entrenamiento de resistencia como complemento dentro de programas integrales de actividad física. Asimismo, subrayan la necesidad de realizar estudios clínicos de mayor calidad que permitan clarificar el papel específico del entrenamiento de resistencia en la reducción de la presión arterial ambulatoria y optimizar las recomendaciones futuras.

Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/04/Does-Resistance-Training-Provide-Benefits.pdf

Referencia completa del artículo:

Tanaka H, Ferrari R. Does Resistance Training Provide Benefits that Are Comparable to Aerobic Exercise in Hypertension? Curr Hypertens Rep. 2026 Apr 10;28(1):22. doi: 10.1007/s11906-026-01369-4.

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