El embarazo constituye un período de profundos cambios fisiológicos que afectan a prácticamente todos los sistemas del organismo materno. Estas adaptaciones, necesarias para sostener el desarrollo fetal, pueden también favorecer la aparición de complicaciones clínicas relevantes, como la diabetes gestacional, la preeclampsia, la anemia o diversos trastornos musculoesqueléticos, con un impacto significativo tanto en la salud materna como fetal. En este contexto, la identificación de estrategias no farmacológicas que contribuyan a mejorar los resultados del embarazo es una prioridad creciente en la práctica clínica y en la investigación en salud materno-fetal.
La evidencia acumulada en las últimas décadas ha demostrado que el ejercicio físico durante el embarazo es una intervención segura y eficaz cuando se prescribe y supervisa adecuadamente. La práctica regular de ejercicio se asocia con una reducción de síntomas físicos frecuentes como la incontinencia urinaria, el dolor lumbar y pélvico, así como con menores niveles de fatiga. Además, las mujeres físicamente activas durante el embarazo presentan una menor probabilidad de partos instrumentales, mayores tasas de parto vaginal y un menor número de cesáreas. Desde el punto de vista metabólico, el ejercicio contribuye a un mejor control glucémico y a la prevención de una ganancia excesiva de peso, factores clave en la prevención de la diabetes gestacional.
Más allá de los beneficios funcionales y clínicos, el ejercicio durante el embarazo induce adaptaciones fisiológicas a nivel molecular que se reflejan en cambios en diversos biomarcadores. Estas modificaciones incluyen mejoras en el metabolismo de la glucosa mediadas por un aumento de la sensibilidad a la insulina, una optimización del perfil lipídico con reducción de triglicéridos y lipoproteínas aterogénicas, así como modulaciones hormonales y de la respuesta inflamatoria. En particular, se ha observado que el ejercicio reduce marcadores proinflamatorios como el TNF-α y la interleucina 6, al tiempo que incrementa citocinas antiinflamatorias como la interleucina 10, favoreciendo un entorno metabólico e inmunológico más saludable.
A pesar de este creciente interés, hasta la fecha no existía una revisión sistemática que analizara de forma integral qué biomarcadores maternos, fetales y placentarios se ven modificados por distintos tipos de ejercicio durante el embarazo. Esta laguna de conocimiento limita la comprensión de los mecanismos biológicos subyacentes a los beneficios clínicos del ejercicio prenatal y dificulta el desarrollo de recomendaciones basadas en biomarcadores objetivos. El artículo revisado aborda precisamente esta necesidad, con el objetivo de sintetizar la evidencia disponible sobre los efectos del entrenamiento físico durante el embarazo en biomarcadores relacionados con la salud materno-fetal.
El objetivo principal de esta revisión sistemática fue identificar y analizar los biomarcadores que se ven influenciados por el ejercicio físico durante el embarazo y que contribuyen a un desarrollo materno-fetal saludable. De manera específica, los autores se propusieron evaluar cómo diferentes modalidades, intensidades y duraciones del ejercicio afectan a biomarcadores metabólicos, inflamatorios, hormonales e inmunológicos medidos en suero materno, sangre del cordón umbilical, leche materna y tejido placentario.
Metodología
Se llevó a cabo una revisión sistemática siguiendo las directrices PRISMA y el Manual Cochrane para revisiones sistemáticas. Se incluyeron exclusivamente ensayos clínicos aleatorizados que evaluaran programas de ejercicio supervisado durante el embarazo con una duración mínima de seis semanas y una frecuencia de al menos dos sesiones semanales. Finalmente, se incluyeron once estudios, con intervenciones predominantemente iniciadas en el segundo trimestre de gestación.
Las modalidades de ejercicio más frecuentes fueron el entrenamiento concurrente (combinación de ejercicio aeróbico y de fuerza en la misma sesión), el entrenamiento combinado (aeróbico y fuerza en sesiones separadas), el ejercicio aeróbico aislado y, en menor medida, protocolos de entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT). La mayoría de las intervenciones se realizaron a intensidades moderadas a vigorosas.
Principales hallazgos
Los resultados de la revisión muestran que los programas de ejercicio de al menos 12 semanas, con una frecuencia de 2–3 sesiones semanales y una intensidad moderada a vigorosa, inducen cambios favorables en múltiples biomarcadores. En el suero materno, se observaron reducciones consistentes en marcadores proinflamatorios como TNF-α e IL-6, junto con incrementos en IL-10. Asimismo, se evidenciaron mejoras en el perfil lipídico, con descensos en colesterol total, LDL y triglicéridos, y aumentos en HDL.
En relación con el metabolismo de la glucosa, el ejercicio se asoció con menores concentraciones de glucosa e insulina, así como con reducciones del índice HOMA-IR, lo que sugiere una mejora de la sensibilidad a la insulina. También se describieron cambios hormonales relevantes, como disminuciones en leptina y aumentos en el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), especialmente en programas que combinaban ejercicio aeróbico y de fuerza.
De manera novedosa, algunos estudios incluidos analizaron biomarcadores en sangre del cordón umbilical, leche materna y placenta. En la sangre del cordón, el ejercicio materno se asoció con un entorno inflamatorio más favorable y con menores concentraciones de glucosa, lo que sugiere una influencia positiva sobre el metabolismo fetal. En la leche materna, se observaron cambios en el perfil inmunológico, con reducciones de citocinas proinflamatorias en el calostro y aumentos de marcadores antiinflamatorios en la leche madura. En la placenta, se detectaron modificaciones en el contenido mineral, especialmente un aumento del manganeso, un elemento clave en la defensa antioxidante.
Discusión
La discusión del artículo subraya que el entrenamiento concurrente emerge como la modalidad más consistente para inducir adaptaciones favorables en biomarcadores durante el embarazo. La combinación de ejercicio aeróbico y de fuerza parece generar un estímulo metabólico e inflamatorio suficiente para modular vías clave implicadas en la salud materno-fetal. Estos hallazgos refuerzan la idea de que el ejercicio no solo actúa a nivel funcional, sino también como un potente modulador del entorno biológico durante la gestación.
Los autores comparan sus resultados con estudios previos y destacan que la reducción de citocinas proinflamatorias y la mejora del perfil metabólico podrían explicar, al menos en parte, la menor incidencia de complicaciones como la diabetes gestacional o la preeclampsia observada en mujeres físicamente activas. Asimismo, la modulación de biomarcadores en la sangre del cordón y en la leche materna sugiere que los beneficios del ejercicio se extienden más allá de la madre, influyendo potencialmente en la programación metabólica e inmunológica del recién nacido.
No obstante, la discusión también enfatiza importantes limitaciones. Existe una notable heterogeneidad en los biomarcadores analizados, en los momentos de muestreo y en los métodos de laboratorio utilizados, lo que impide realizar metaanálisis y limita la generalización de los resultados. Además, la mayoría de las intervenciones comienzan en el segundo trimestre, existiendo una clara falta de datos sobre los efectos del ejercicio en el primer trimestre del embarazo. La concentración de varios estudios en un mismo proyecto de investigación también puede introducir sesgos relacionados con poblaciones y protocolos específicos.
Aplicaciones prácticas y conclusiones
Desde una perspectiva aplicada, los autores recomiendan que las mujeres embarazadas participen en programas de ejercicio estructurados y supervisados, preferentemente de tipo concurrente, realizados 2–3 veces por semana durante aproximadamente 60 minutos a intensidad moderada-vigorosa. Este enfoque se asocia de manera consistente con mejoras en biomarcadores inflamatorios, metabólicos e inmunológicos relevantes para la salud materno-fetal.
En conclusión, esta revisión sistemática aporta evidencia sólida de que el ejercicio durante el embarazo, especialmente el entrenamiento concurrente, actúa como una intervención no farmacológica capaz de modular biomarcadores clave en distintos tejidos. Estos efectos a nivel molecular refuerzan el papel del ejercicio como una herramienta central en el abordaje integral del embarazo saludable y abren la puerta a futuras estrategias de prescripción basadas en biomarcadores.
Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/01/Impact-of-exercise-training-during-pregnancy-on.pdf
Referencia completa del artículo:
Redondo-Delgado P, Santos-Lozano A, Maroto-Izquierdo S. Impact of exercise training during pregnancy on maternal biomarkers: a systematic review. Am J Obstet Gynecol. 2026 Jan;234(1):61-77. doi: 10.1016/j.ajog.2025.09.021.




