La actividad física regular constituye uno de los pilares fundamentales de la salud cardiovascular y, en términos generales, reduce el riesgo de fibrilación auricular. Sin embargo, cuando el ejercicio de resistencia se realiza durante años con volúmenes muy elevados, esta relación protectora puede modificarse y adoptar una forma de “J”: el sedentarismo se asocia con mayor riesgo, los niveles moderados de actividad ofrecen la mayor protección y, en el extremo superior de exposición, el riesgo relativo puede volver a aumentar. Esta relación está bien documentada en hombres y comienza a definirse con mayor precisión en mujeres deportistas de resistencia.
La principal diferencia parece encontrarse en la cantidad de ejercicio que puede acumularse antes de que aparezca ese incremento del riesgo. En mujeres, aproximadamente 7,5 MET-h/semana —una cantidad cercana a las recomendaciones mínimas de actividad física— se ha asociado con una reducción cercana al 14% del riesgo de desarrollar fibrilación auricular. Además, los datos poblacionales sugieren que esa protección puede mantenerse con cargas considerablemente superiores. Mientras en hombres el riesgo comienza a aumentar alrededor de 41,7 MET-h/semana, en mujeres el punto de inflexión podría encontrarse aproximadamente en 83,3 MET-h/semana, equivalente de forma aproximada a unas 10-14 horas semanales de entrenamiento de resistencia de intensidad moderada-vigorosa.
Esto no significa, sin embargo, que las mujeres estén protegidas frente a cualquier volumen de entrenamiento. En deportistas femeninas de resistencia de élite, sometidas durante años a cargas extremadamente elevadas, también se ha observado un incremento significativo del riesgo de fibrilación auricular. Por tanto, la curva en J parece aplicarse a ambos sexos, aunque la “ventana de tolerancia” cardiovascular sería más amplia en las mujeres.
Los mecanismos implicados son complejos y combinan remodelado estructural, alteraciones electrofisiológicas y factores moduladores. El entrenamiento prolongado puede producir dilatación auricular, inflamación, fibrosis y cambios en la función contráctil de la aurícula. No obstante, la simple dilatación auricular asociada al denominado corazón del deportista no debe interpretarse por sí misma como patológica. El riesgo parece relacionarse más con el desarrollo de una miopatía auricular y con la interacción entre el sustrato estructural, los desencadenantes eléctricos y el entorno autonómico y hormonal.
Las diferencias entre hombres y mujeres probablemente dependen menos del remodelado estructural y más de estos factores moduladores. Los hombres deportistas de resistencia muestran con mayor frecuencia predominio vagal intenso, bradicardia, pausas sinusales y prolongación del intervalo PR, condiciones que pueden favorecer la reentrada eléctrica auricular. En las mujeres, los estrógenos podrían ejercer efectos cardioprotectores y modificar los canales iónicos, prolongando el potencial de acción auricular, aunque la evidencia directa en deportistas sigue siendo limitada. Además, el ciclo menstrual puede modificar tanto la respuesta autonómica como determinados marcadores inflamatorios.
En conjunto, la evidencia actual refuerza el mensaje de que el ejercicio de resistencia continúa siendo claramente beneficioso para la mayoría de las mujeres. El posible incremento del riesgo de fibrilación auricular parece concentrarse fundamentalmente en exposiciones muy elevadas y mantenidas durante años. Aun así, faltan estudios longitudinales que permitan precisar el impacto del ciclo menstrual, la menopausia, el envejecimiento, la terapia hormonal y la carga acumulada de entrenamiento a lo largo de la vida. Por ello, la valoración del riesgo debería ser individualizada y considerar no solo el volumen de ejercicio, sino también la edad, los antecedentes cardiovasculares, los síntomas y la trayectoria deportiva.
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Referencia completa del artículo:
Piccolo S, Sarai A, Giuriato G, Dorelli G, Tomasi L, Scarsini R, Ribichini FL, Schena F, Mugnai G, Venturelli M. Atrial fibrillation among women in endurance sports: sex-specific risk and mechanisms. Eur J Appl Physiol. 2026 Sep 19. doi: 10.1007/s00421-026-06433-0.