En los últimos años ha aumentado la preocupación sobre los posibles efectos acumulativos de los impactos repetitivos en la cabeza (repetitive head impacts, RHIs) sufridos durante la práctica deportiva, incluso en ausencia de conmociones cerebrales diagnosticadas. Deportes como el fútbol americano implican colisiones frecuentes que, aunque no siempre provocan síntomas inmediatos, podrían producir alteraciones estructurales cerebrales a largo plazo. Estudios recientes han demostrado que los RHIs pueden estar asociados con la neurodegeneración y el deterioro cognitivo progresivo, elevando el riesgo de enfermedades como la encefalopatía traumática crónica (ETC).
A diferencia de los traumatismos craneoencefálicos graves, los RHIs se caracterizan por su baja intensidad y alta frecuencia, lo que dificulta su detección clínica. Sin embargo, se ha observado que estos impactos subclínicos pueden alterar el volumen de regiones cerebrales sensibles, como el hipocampo, los lóbulos frontales y temporales, o las estructuras subcorticales, incluyendo el tálamo.
Estudios longitudinales en jugadores universitarios y de secundaria han mostrado resultados mixtos. Algunos hallazgos apuntan a reducciones de volumen cerebral y cambios en la conectividad funcional tras una sola temporada, mientras que otros no han encontrado diferencias significativas. Además, la relación entre estos cambios estructurales y el rendimiento cognitivo sigue siendo poco clara. Muchos trabajos previos presentan limitaciones metodológicas, como tamaños muestrales reducidos, falta de grupos control, y escasa estandarización en las herramientas de evaluación neuropsicológica.
En este contexto, el presente estudio buscó examinar si una sola temporada de fútbol americano universitario, sin que los jugadores sufrieran conmociones cerebrales clínicamente diagnosticadas, podría provocar cambios medibles en el volumen cerebral y en la función cognitiva. Se utilizó resonancia magnética de alta resolución (MRI) antes y después de la temporada para evaluar la morfología cerebral, junto con una batería de pruebas neuropsicológicas estandarizadas. Además, se empleó instrumentación biomecánica para cuantificar la exposición real a impactos en la cabeza durante los entrenamientos y partidos. Con ello, se pretendió arrojar luz sobre los efectos acumulativos de los RHIs subclínicos en jugadores jóvenes y sanos.
Se reclutaron 25 jugadores de fútbol americano universitario, a los que se les realizaron resonancias magnéticas estructurales y evaluaciones cognitivas antes y después de la temporada. Además, se usaron sensores en los cascos para registrar la frecuencia, localización e intensidad de los impactos en la cabeza. Los datos volumétricos cerebrales se analizaron mediante FreeSurfer, y las pruebas cognitivas incluyeron medidas de memoria, atención, velocidad de procesamiento y funciones ejecutivas.
Tras una sola temporada, los jugadores mostraron reducciones significativas en el volumen de estructuras cerebrales como el tálamo y el núcleo caudado. Estas reducciones se correlacionaron con la cantidad y localización de los impactos recibidos. Sin embargo, no se observaron cambios significativos en el rendimiento cognitivo global medido por las pruebas neuropsicológicas, aunque algunos dominios mostraron tendencias decrecientes.
Este estudio proporciona evidencia sólida de que los impactos repetitivos en la cabeza, incluso sin diagnóstico de conmoción cerebral, pueden inducir cambios estructurales en el cerebro en tan solo una temporada deportiva. En concreto, se observaron reducciones de volumen en el tálamo y el núcleo caudado, regiones involucradas en funciones motoras, cognitivas y sensoriales. Estos hallazgos son consistentes con estudios previos en atletas de contacto que han mostrado atrofia en estructuras subcorticales, como los ganglios basales, en respuesta a RHIs.
El tálamo, en particular, se considera una estructura clave en la transmisión sensorial y en la modulación de la conciencia, y ha sido implicado en trastornos neurodegenerativos asociados con traumatismos repetitivos, como la ETC. La reducción de volumen en esta área podría reflejar pérdida neuronal, desmielinización o procesos inflamatorios inducidos por impactos mecánicos.
Una observación importante es que estos cambios estructurales ocurrieron sin alteraciones claras en el rendimiento cognitivo. Esto sugiere que el cerebro puede tener mecanismos compensatorios que protegen la función a corto plazo, incluso cuando se producen daños morfológicos. No obstante, los autores advierten que los efectos acumulativos de múltiples temporadas con RHIs podrían eventualmente superar esa capacidad de compensación, lo que explicaría por qué el deterioro cognitivo suele aparecer años después de la exposición inicial.
Otro punto relevante es la asociación directa entre el volumen de los impactos recibidos y los cambios cerebrales. Los jugadores que experimentaron más impactos, o impactos más intensos en ciertas regiones craneales, mostraron mayor reducción volumétrica. Este hallazgo apoya la hipótesis de una relación dosis-respuesta entre la exposición a RHIs y el daño cerebral estructural.
Aunque los resultados son preocupantes, también deben interpretarse con cautela. No se observaron cambios clínicamente significativos en las pruebas cognitivas, y el seguimiento fue de corto plazo (una temporada). Además, el número de participantes fue limitado y no hubo grupo control sin exposición a RHIs. Los autores destacan la necesidad de estudios longitudinales con múltiples puntos de seguimiento para establecer mejor la progresión del daño cerebral y su relación con el rendimiento cognitivo y la calidad de vida.
También se plantea que el uso de resonancia magnética estructural puede no ser lo suficientemente sensible para detectar ciertos tipos de daño cerebral funcional o metabólico, por lo que sería conveniente incorporar técnicas complementarias como la espectroscopía por RM o la imagen por tensor de difusión (DTI). Asimismo, podría explorarse la utilidad de biomarcadores periféricos (como la neurofilament light chain en plasma) para detectar neurodegeneración subclínica.
Este estudio también tiene implicaciones prácticas para las políticas deportivas. Aunque no hubo conmociones clínicas, los resultados sugieren que incluso una temporada de juego con impactos subclínicos puede no ser inocua. Esto refuerza la necesidad de monitorear la exposición a impactos en todos los jugadores, ajustar las cargas de entrenamiento y fomentar estrategias de prevención y recuperación más rigurosas, incluso en ausencia de síntomas evidentes.
En conclusión, los hallazgos indican que los RHIs pueden causar cambios estructurales cerebrales a corto plazo, sin manifestaciones clínicas inmediatas, pero con un potencial riesgo acumulativo. El tálamo y el núcleo caudado podrían actuar como biomarcadores sensibles de daño cerebral inducido por impacto. La ausencia de déficits cognitivos no implica ausencia de daño, y se requiere un enfoque preventivo y de seguimiento más activo en deportes de contacto.
Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2025/08/Effects-of-repetitive-head-impacts-from-a-single.pdf
Referencia completa:
Watson RS, Sergio L, Mao H, Brooks JS, Dickey JP. Effects of repetitive head impacts from a single season on the cognitive functioning of youth male soccer players. PLoS One. 2025 Jul 31;20(7):e0329329. doi: 10.1371/journal.pone.0329329.



