La creciente participación de mujeres en el deporte, tanto a nivel recreativo como profesional, ha puesto de relieve la necesidad de generar evidencia científica robusta y específica para el sexo femenino. En este contexto, el ciclo menstrual (CM) y sus fluctuaciones hormonales han sido objeto de debate respecto a su posible influencia en el rendimiento físico.
El ciclo menstrual presenta variaciones en las concentraciones de estradiol (E2), progesterona (P4), hormona luteinizante (LH) y hormona folículo estimulante (FSH) a lo largo de un ciclo de 21 a 35 días. Estas hormonas no solo afectan la fisiología reproductiva femenina, sino también sistemas como el músculo esquelético, hueso, sistema nervioso, metabolismo, ventilación y función cardiovascular. Sin embargo, los estudios sobre cómo estas variaciones hormonales influyen en el rendimiento deportivo han arrojado resultados inconsistentes.
Revisiones anteriores sugieren que, en general, el CM no afecta significativamente el rendimiento aeróbico, la fuerza o la potencia, aunque siempre hay al menos un estudio que reporta lo contrario. Este panorama contradictorio se atribuye, en parte, a deficiencias metodológicas: escasa verificación hormonal de las fases del ciclo, heterogeneidad en la clasificación de fases, muestras pequeñas y falta de control de variables como el nivel de entrenamiento.
Un problema recurrente ha sido el uso de métodos indirectos para determinar las fases del ciclo (como calendarios menstruales o temperatura basal), que pueden incluir sin saberlo ciclos anovulatorios o con fase lútea deficiente (LPD). Esto distorsiona los resultados y subestima los posibles efectos del CM en el rendimiento. Se ha estimado que hasta el 78% de los estudios incluyen este tipo de ciclos alterados.
A raíz de estas limitaciones, se han propuesto recomendaciones metodológicas que enfatizan el uso de análisis de sangre para medir E2 y P4, así como la detección del pico de LH para confirmar la ovulación. Estas medidas permiten identificar con mayor precisión cuatro fases clave: folicular temprana (EF), folicular tardía (LF), ovulación (OV) y lútea media (ML), cada una con perfiles hormonales distintos.
Este estudio se planteó dos objetivos:
- Evaluar la prevalencia de estudios que cumplen con altos estándares metodológicos para verificar las fases del CM.
- Analizar si, al considerar solo estos estudios rigurosos, se observan efectos consistentes del CM sobre el rendimiento deportivo y sus variables relacionadas.
El análisis incluyó 19 estudios con un total de 279 mujeres eumenorreicas, no usuarias de anticonceptivos hormonales, y en su mayoría moderadamente entrenadas. Solo dos estudios incluyeron atletas de élite, lo que destaca una importante infrarrepresentación de esta población.
Aunque los estudios seleccionados cumplieron con altos estándares metodológicos (análisis de E2, P4 y confirmación de ovulación mediante LH), persiste una gran heterogeneidad en los diseños experimentales, los tipos de pruebas físicas, y las fases comparadas. Esta variabilidad impide establecer conclusiones firmes y generalizables.
En cuanto a los resultados:
- 58% de los estudios reportaron diferencias significativas entre fases del CM en al menos una variable de rendimiento o fisiológica relacionada.
- Sin embargo, no hubo consenso sobre cuál fase es óptima o desfavorable, ni sobre la magnitud de los efectos.
Entre los hallazgos más frecuentes:
- La fase folicular temprana (EF) fue señalada como potencialmente desfavorable en algunos estudios para el VO₂max, potencia máxima, y ventilación submáxima.
- La fase ovulatoria (OV) mostró mejoras en coordinación neuromuscular y agilidad en varias investigaciones.
- La fuerza máxima y explosiva (como saltos o contracciones voluntarias máximas) no mostró cambios relevantes en la mayoría de los estudios.
Respecto a la ventilación y economía del ejercicio, algunos estudios documentaron una ventilación submáxima reducida en EF, lo que podría influir negativamente en el rendimiento de resistencia prolongada. También se observaron menores valores de potencia en ciclismo durante la fase lútea tardía (LL) en algunos casos, aunque este resultado no fue universal.
En cuanto al perfil hormonal, quedó claro que las concentraciones de E2 y P4 varían ampliamente incluso dentro de una misma fase si no se delimitan cuidadosamente los días de medición. Esto respalda la necesidad de una verificación hormonal precisa para evitar agrupar a mujeres con contextos endocrinos muy distintos bajo la misma categoría.
El estudio también subraya que los efectos subjetivos del CM (como dolor menstrual, hinchazón, fatiga, irritabilidad) no fueron considerados, ya que el enfoque se centró exclusivamente en variables objetivas de rendimiento. Aun así, se reconoce que estos síntomas pueden tener un efecto modulador en el rendimiento físico, particularmente en deportes de alta exigencia.
Un aspecto destacable es la diferencia potencial entre mujeres entrenadas y no entrenadas. Se postula que las atletas de élite, debido a su mayor eficiencia mitocondrial, control neuromuscular y capacidad de recuperación, podrían ser menos sensibles a las fluctuaciones hormonales. Además, podrían haber desarrollado estrategias para mitigar el impacto de los síntomas menstruales. Esta hipótesis, sin embargo, no ha sido suficientemente explorada ni confirmada.
Por otra parte, las diferencias metodológicas entre estudios dificultan la comparación directa. Mientras algunos dividen el ciclo en solo dos fases (folicular y lútea), otros consideran hasta seis, con términos no uniformes. Esta falta de estandarización genera confusión y limita la posibilidad de hacer metaanálisis robustos.
En general, se observó un riesgo medio-alto de sesgo en varios estudios, especialmente en la aleatorización y la selección de resultados. Esto sugiere que incluso entre los trabajos de alta calidad, las conclusiones deben interpretarse con cautela.
Conclusiones principales
- La mayoría de los estudios rigurosos no encuentran efectos consistentes del CM en el rendimiento físico, aunque una proporción significativa (58%) sí reporta alguna diferencia según la fase del ciclo.
- La fase folicular temprana podría ser ligeramente desfavorable para algunas variables como VO₂max y potencia anaeróbica, aunque no es concluyente.
- La ovulación podría ser ventajosa en tareas que requieren coordinación neuromuscular.
- No se identifican efectos claros sobre la fuerza máxima ni la fuerza explosiva.
- La representatividad de atletas de élite es muy baja, lo que limita la aplicabilidad de los resultados a este grupo.
- La precisión en la verificación hormonal es clave para evitar errores metodológicos que pueden enmascarar o falsear los efectos reales del CM.
- Las recomendaciones metodológicas actuales aún no se implementan ampliamente, lo que sigue comprometiendo la calidad de la investigación en esta área.
Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2025/07/Effects-of-Menstrual-Cycle-Phases.pdf
Referencia completa:
Schlie J, Krassowski V, Schmidt A. Effects of Menstrual Cycle Phases on Athletic Performance and Related Physiological Outcomes. A Systematic Review of Studies Using High Methodological Standards. J Appl Physiol (1985). 2025 Jul 22. doi: 10.1152/japplphysiol.00223.2025.



