El cerebro utiliza principalmente glucosa, aunque no depende exclusivamente de ella. Durante el ayuno, el ejercicio prolongado y la restricción de carbohidratos, el hígado produce cuerpos cetónicos, sobre todo beta-hidroxibutirato (BHB) y acetoacetato. Estos atraviesan la barrera hematoencefálica y pueden oxidarse en neuronas y células gliales, aportando energía y reduciendo parcialmente la necesidad de glucosa. Ambos combustibles se utilizan simultáneamente; cambia su contribución relativa según la disponibilidad metabólica.
Esta alternancia constituye flexibilidad metabólica cerebral. El transporte de cetonas depende de transportadores de monocarboxilatos presentes en los vasos cerebrales. La adaptación a una disponibilidad sostenida de cetonas podría aumentar la capacidad de captarlas y utilizarlas. La cetosis no implica necesariamente reemplazar la glucosa, sino ofrecer una fuente complementaria cuando su utilización es limitada o cambian las demandas energéticas.
El BHB también actúa como molécula de señalización. Entre los mecanismos propuestos figuran cambios en la regulación génica, el equilibrio redox y la función mitocondrial, además de efectos antioxidantes y antiinflamatorios. En modelos experimentales, se relaciona con menor activación del inflamasoma NLRP3 y con vías del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), asociado con supervivencia neuronal, plasticidad, aprendizaje y memoria. Una intervención cetogénica en humanos se ha vinculado con cambios en el flujo sanguíneo cerebral y el BDNF circulante. Estos mecanismos ofrecen plausibilidad biológica, pero no prueban beneficios cognitivos clínicos.
La hipótesis preventiva plantea que elevaciones leves, breves y repetidas de cetonas podrían estimular la adaptación, manteniendo la capacidad de cambiar de combustible y activando vías relacionadas con resiliencia celular y función mitocondrial. El posible objetivo no sería mejorar una prueba cognitiva ni sostener cetosis permanente, sino preservar la competencia metabólica neuronal. Importarían la frecuencia, magnitud y contexto de las elevaciones, así como la capacidad de entrar y salir de cetosis.
La evidencia clínica más consistente como prueba de concepto procede de personas con deterioro cognitivo leve y enfermedad de Alzheimer. En estos cuadros, el metabolismo cerebral de glucosa puede reducirse significativamente mientras la captación y oxidación de cetonas permanecen relativamente conservadas. Algunos estudios con bebidas cetogénicas, triglicéridos de cadena media o dietas bajas en carbohidratos describen mejoras en medidas cognitivas seleccionadas y mayor uso cerebral de cetonas, sin restaurar necesariamente la captación de glucosa. Los resultados en Alzheimer son heterogéneos y podrían depender de la fase clínica y el genotipo APOE. En Parkinson, los datos son preliminares.
La prevención en personas cognitivamente sanas está mucho menos establecida: no hay ensayos que demuestren que la cetosis recurrente evite el deterioro cognitivo. Tampoco son intercambiables el ayuno, el ejercicio, la dieta cetogénica, los triglicéridos de cadena media y los suplementos de cetonas, pues generan contextos hormonales y energéticos distintos.
Los hallazgos justifican investigar la flexibilidad metabólica cerebral, pero no recomendar cetosis crónica como estrategia universal. La restricción intensa puede dificultar la adherencia, provocar molestias gastrointestinales o respuestas lipídicas desfavorables y comprometer la ingesta energética o proteica, sobre todo en personas mayores. Los próximos estudios deberían seguir la dinámica de BHB y relacionarla longitudinalmente con metabolismo cerebral, condición física, sueño, marcadores biológicos y evolución cognitiva.
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Referencia completa del artículo:
Paoli A. Ketones and brain health: from metabolic rescue to metabolic flexibility. Front Nutr. 2026 Sep 21;13:1977189. doi: 10.3389/fnut.2026.1977189. PMID: 42835838; PMCID: PMC13635883.