El tejido adiposo intermuscular (IMAT) constituye un compartimento de grasa blanca que se localiza entre y alrededor de los grupos musculares, pero es anatómicamente distinto de los lípidos ectópicos que se acumulan dentro de las fibras musculares (intramiocelulares). Este tipo de tejido posee un secretoma activo con un perfil más inflamatorio e inmunogénico que otros depósitos de grasa, como el tejido adiposo subcutáneo (SAT) o el visceral (VAT).
En los últimos años, el IMAT ha sido identificado como un actor relevante en la disfunción metabólica y la pérdida de calidad muscular asociadas al envejecimiento. Su acumulación se ha relacionado con la resistencia a la insulina y con la disminución del rendimiento muscular, tanto en personas con obesidad o diabetes como en adultos mayores aparentemente sanos. Estudios in vitro han mostrado que los factores secretados por IMAT pueden reducir la sensibilidad a la insulina en las células musculares, sugiriendo una influencia paracrina negativa sobre el metabolismo del músculo esquelético.
Con el envejecimiento, la acumulación de IMAT se considera un fenómeno insidioso que contribuye a la pérdida de calidad muscular y a la aparición de déficits funcionales. La literatura ha documentado que su cantidad aumenta con la edad y se asocia con peor capacidad metabólica, menor fuerza y un descenso del rendimiento físico. Por otra parte, la actividad física regular se presenta como un factor clave capaz de modular esta acumulación: periodos de inactividad favorecen su incremento, mientras que el entrenamiento puede reducirlo. De hecho, diversos estudios han demostrado que el ejercicio mejora la sensibilidad a la insulina y disminuye el IMAT en adultos mayores, reforzando el papel del ejercicio como estrategia protectora frente al deterioro metabólico y funcional relacionado con la edad.
Sin embargo, la mayoría de las investigaciones previas se han centrado en personas mayores con obesidad, fragilidad o enfermedades metabólicas, lo que limita la extrapolación de los hallazgos a adultos mayores sanos. Por tanto, no está claro si la acumulación de IMAT y su relación con la sensibilidad a la insulina también se observan en ausencia de comorbilidades.
El propósito de este estudio fue doble:
- Determinar si el IMAT de la pierna aumenta en adultos mayores sanos sin obesidad, diabetes ni fragilidad, y cómo se relaciona con la sensibilidad a la insulina, la capacidad oxidativa muscular y la distribución de otros depósitos de grasa.
- Analizar si un programa de entrenamiento físico de 12 semanas podía reducir el IMAT y mejorar los parámetros metabólicos en jóvenes y mayores, utilizando técnicas avanzadas de resonancia magnética (MRI y MRS) y el clamp hiperinsulinémico-euglucémico como medida de referencia de la sensibilidad a la insulina.
Los resultados mostraron que los adultos mayores presentaron un volumen muscular en la pierna un 15% inferior al de los jóvenes y una mayor proporción de grasa corporal total. Aunque la grasa subcutánea de la pierna fue similar en ambos grupos, el IMAT fue significativamente mayor en los mayores, incluso tras normalizarlo por la masa muscular.
El IMAT se correlacionó positivamente con la grasa corporal total y con la grasa visceral abdominal, pero no con la grasa subcutánea local ni con los lípidos intramiocelulares (IMCL). En términos metabólicos, la capacidad oxidativa muscular (ATPmax) fue menor en los mayores y mostró una relación inversa con el IMAT. Además, aunque la sensibilidad periférica a la insulina fue similar entre grupos, se observó una asociación negativa entre el IMAT y la tasa de infusión de glucosa durante el clamp, especialmente en los adultos mayores.
Tras 12 semanas de entrenamiento combinado (intervalos aeróbicos de alta intensidad o entrenamiento de fuerza), ambos grupos mejoraron su masa libre de grasa y su VO₂pico, y redujeron la masa grasa total. Sin embargo, solo los jóvenes mostraron una disminución significativa del IMAT; en los mayores, los niveles permanecieron estables. Pese a ello, la sensibilidad a la insulina mejoró en ambos grupos, y dichos cambios fueron independientes de las variaciones en IMAT.
Acumulación de IMAT en el envejecimiento saludable
El hallazgo principal fue que el IMAT aumenta con la edad incluso en adultos mayores sanos, sin obesidad ni alteraciones metabólicas. Esto indica que su acumulación no requiere necesariamente un contexto de enfermedad o fragilidad. Estudios longitudinales previos ya habían descrito un incremento progresivo del IMAT en poblaciones mayores funcionales y sin patologías graves, pero este trabajo confirma que el fenómeno ocurre también en la vejez saludable.
El interés por el IMAT se ha intensificado por su potencial contribución a la pérdida de fuerza y rendimiento en el envejecimiento. Su infiltración en la musculatura se relaciona con un descenso de la calidad muscular que no puede explicarse solo por la reducción de masa. Además, su presencia se asocia a una mayor resistencia a la insulina y a un metabolismo glucídico deteriorado, probablemente por la secreción de citocinas y quimioquinas proinflamatorias que interfieren con la señalización insulínica en el músculo.
Aunque en este estudio no se observaron diferencias de sensibilidad a la insulina entre jóvenes y mayores, la correlación negativa entre IMAT y la tasa de infusión de glucosa respalda su papel como marcador de riesgo metabólico. La ausencia de un deterioro global de la sensibilidad insulínica con la edad podría explicarse por la buena salud y el nivel funcional de los participantes, lo que concuerda con investigaciones que apuntan a la adiposidad y la inactividad como principales determinantes del deterioro metabólico, más que la edad cronológica per se.
Relación entre IMAT, función mitocondrial y metabolismo muscular
Los resultados mostraron una menor capacidad oxidativa mitocondrial en los adultos mayores, junto con una tendencia a la correlación inversa entre ATPmax e IMAT. Aunque esta relación no fue significativa al analizar cada grupo por separado, sugiere que la infiltración grasa podría asociarse a un músculo menos eficiente metabólicamente. No obstante, el estudio no demuestra causalidad y otros factores, como la reducción de actividad física o cambios en la biogénesis mitocondrial, podrían intervenir.
Efectos del ejercicio físico
El entrenamiento físico redujo el IMAT en los jóvenes pero no en los mayores, lo que sugiere una menor plasticidad del tejido adiposo intermuscular con la edad. Este hallazgo contrasta con estudios previos en adultos mayores obesos, donde el ejercicio logró reducciones marcadas del IMAT. En este caso, la ausencia de cambios podría deberse a la menor reserva adiposa disponible, a diferencias en la intensidad real del ejercicio o a características anatómicas del área analizada (pierna inferior frente a muslo).
Aun así, la mejora de la sensibilidad a la insulina y del VO₂pico en los mayores demuestra que el ejercicio sigue siendo eficaz para optimizar el metabolismo, aunque sus efectos sobre el IMAT sean limitados. Esto sugiere que los beneficios metabólicos del entrenamiento se deben a otros mecanismos, como la mejora de la captación de glucosa o el aumento de la masa muscular activa, más que a una reducción directa del IMAT.
Consideraciones fisiológicas
El IMAT presenta un fenotipo molecular más inflamatorio que otros depósitos grasos: secreta más citocinas, quimioquinas y eicosanoides, y expresa genes relacionados con la inflamación y la remodelación de la matriz extracelular. Este perfil secretor podría ejercer efectos paracrinos sobre el músculo esquelético, promoviendo resistencia a la insulina, alteraciones en la señalización de crecimiento y fibrosis local.
La posibilidad de que el IMAT sirva como fuente energética durante el ejercicio aún no está clara. Sin embargo, su reducción preferente frente a la restricción calórica sugiere que puede ser un depósito metabólicamente activo y accesible durante la contracción muscular. Aun así, la resistencia del IMAT al entrenamiento observada en los mayores indica una pérdida de plasticidad con la edad, lo que podría reflejar cambios estructurales o en la composición celular de este tejido.
Limitaciones del estudio
El tamaño muestral relativamente pequeño impidió analizar de forma diferenciada los efectos del entrenamiento aeróbico frente al de fuerza o las posibles interacciones entre edad y sexo. Además, las mediciones de IMAT se realizaron únicamente en la parte inferior de la pierna, lo que podría no representar el patrón global de infiltración grasa en otros músculos. Finalmente, el diseño observacional limita las conclusiones causales sobre la relación entre IMAT y las variables metabólicas.
Conclusiones
Este estudio demuestra que el IMAT se acumula en los músculos de las piernas de adultos mayores sanos, incluso sin obesidad ni deterioro metabólico. Su presencia se asocia con menor capacidad oxidativa y menor sensibilidad a la insulina, lo que sugiere un papel relevante en la pérdida de calidad muscular y en la disfunción metabólica del envejecimiento.
Aunque el ejercicio físico mejora claramente la sensibilidad insulínica y la condición cardiorrespiratoria, estas adaptaciones parecen independientes de los cambios en IMAT, que en los adultos mayores se mostró resistente al entrenamiento.
Estos hallazgos refuerzan la necesidad de investigar estrategias específicas que prevengan o reviertan la acumulación de IMAT con la edad, así como de comprender mejor su biología molecular y su influencia sobre el músculo y el metabolismo sistémico.
Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2025/10/Intermuscular-adipose-tissue-in-healthy-human-aging.pdf
Referencia completa:
Alexander AM, Fitzgibbons LM, Kunz HE, Ortiz Correa ZK, Nair KS, Port J, Lanza IR. Intermuscular adipose tissue in healthy human aging – effects of exercise training and implications to metabolic health. J Appl Physiol (1985). 2025 Oct 20. doi: 10.1152/japplphysiol.00719.2025.




