Prevención y gestión óptima de la sarcopenia: revisión de intervenciones que combina ejercicio y nutrición para mejorar parámetros musculares en personas mayores

Prevention and optimal management of sarcopenia: a review of combined exercise and nutrition interventions to improve muscle outcomes in older people

Denison H, Cooper C, Sayer A y Robinson S

Clinical Interv Aging, 2015 May 11;10:859-69

(Consulta el artículo completo original aquí)

La importancia de la sarcopenia, la pérdida de masa y función muscular de los músculos esqueléticos asociada con la edad, es ahora ampliamente reconocida. Se estima que la pérdida de masa muscular entre los 40 y los 80 años está entre un 30 y un 50%, y claramente se asocia a peores consecuencias sobre la salud incluyendo obesidad, osteoporosis y diabetes tipo 2. La sarcopenia es la mayor causa de debilidad y predice de forma considerable la mortalidad tanto en adultos de mediana edad como en personas mayores.

El Grupo de Trabajo Europeo sobre Sarcopenia en Personas Mayores (EWGSOP) recomienda la definición de sarcopenia basada en umbrales de pérdida de masa magra, de fuerza de agarre y de velocidad de marcha. Asimismo, establece tres niveles: pre-sarcopenia (cuando desciende la masa muscular sin afectar a la fuerza y a la funcionalidad), sarcopenia (descenso de masa muscular que afecta a la fuerza o a la funcionalidad) y sarcopenia severa (descenso de masa muscular que afecta tanto a la fuerza como a la funcionalidad). Las pérdidas varían mucho entre individuos, dependiendo tanto de variables estables (sexo, herencia, tamaño, etc.) como de variables modificables, como el estilo de vida.

La inactividad física está claramente relacionada con la pérdida de masa muscular y de fuerza, suponiendo que un incremento de esta actividad debería tener efectos protectores. Las intervenciones más usadas que se han probado incluyen entrenamientos de fuerza progresivos. Aunque se conoce menos sobre el rol de la dieta en personas mayores, existe una evidencia creciente que relaciona dietas de pobre calidad e ingestas insuficientes de proteína, vitamina D, antioxidantes y ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga n3 con una función física deficiente.

La mayoría de las evidencias evalúan los efectos por separado del incremento de ejercicio o la suplementación dietética sobre la masa muscular y su función, quedando sin respuesta la duda sobre qué beneficios se obtendrían si estas intervenciones se combinaran. El entendimiento de los beneficios de mantener niveles suficientes de actividad física y una dieta de calidad en personas mayores es prioritario para las estrategias actuales y futuras de salud pública. En este artículo se describe una revisión de la literatura científica para evaluar los efectos combinados de la suplementación dietética y el ejercicio sobre la fuerza y la masa muscular y el rendimiento físico en adultos mayores de 65 años y mayores.

Métodos

Se incluyeron estudios en los que se intervino tanto con suplementación nutricional como con ejercicio, y donde se examinaron la fuerza y el tamaño muscular y/o el rendimiento físico. Se excluyeron estudios que solo midieron síntesis proteica, hipertrofia muscular o propiedades bioquímicas del músculo; así como aquellos en los que se restringiera la ingesta calórica para perder peso.

De 4.887 estudios que fueron filtrados para ser analizados en función del título y el resumen, se seleccionaron 133 que potencialmente podrían ser incluidos, de los cuales se incluyeron finalmente 17.

Resultados

De los 17 estudios que se incluyeron, los participantes variaban de 17 a 217, y la duración de las intervenciones de 8 semanas a 18 meses. La mitad de los estudios incluyeron dos grupos de comparación (ejercicio y ejercicio + suplementación), mientras que la otra mitad utilizaron un diseño factorial de cuatro grupos (ejercicio, suplementación, ambos intervenciones y ninguna). Los participantes fueron considerablemente variados, desde adultos mayores en residencias a otros con comorbilidades, como debilidad, enfermedad pulmonar obstructiva crónica y sarcopenia.

La mayoría de los estudios, 10 de 17, usaron entrenamiento de fuerza en su intervención con ejercicio. Los otros 7 emplearon un programa de ejercicio multicomponente que incluía trabajo de fuerza, de resistencia, de flexibilidad y de equilibrio. Ninguno de los estudios utilizó únicamente ejercicio aeróbico. Aunque se agruparon todos los estudios en el análisis porque todos incluyeron entrenamiento de fuerza, los ejercicios que se desarrollaron, así como la duración y la intensidad de los mismos, fueron diferentes.

La suplementación nutricional usada también fue variada entre estudios en términos del tipo de suplemento, qué nutrientes adicionales proveían y en qué dosis, el momento de ingesta de la suplementación (al mismo tiempo que el ejercicio o no) y de frecuencia de consumo. En cualquier caso, con respecto a la suplementación se distinguieron 4 grupos: proteína o aminoácido (incluyendo HMB), vitamina D, multinutrientes y creatina.

De los 17 estudios, 15 evaluaron la fuerza muscular, también 15 el tamaño muscular y 14 el rendimiento físico. Los métodos de mediciones fueron diferentes entre estudios.

Discusión

La diversidad de los estudios tiene implicaciones sobre esta revisión en cuanto a los datos que pueden ser cotejados. El principal hallazgo es que los beneficios del ejercicio, cuando se combina con suplementación dietética, se han demostrado en algunos de los estudios indicando su potencial como una estrategia de intervención, pero cuya evidencia científica es inconsistente, por lo que se necesitan futuras investigaciones.

De los 7 estudios que utilizaron suplementación de proteínas o aminoácidos en combinación con el ejercicio, en solo 3 de ellos hubo evidencias de ganancias adicionales en fuerza muscular y masa magra como consecuencia de la suplementación. Es posible que la ganancia adicional consecuencia de esta suplementación se dé en sujetos cuya ingesta habitual de proteínas sea más baja, por lo que una adecuada ingesta de proteínas podría explicar la falta de efectos adicionales gracias a la suplementación. Otra explicación podría ser la calidad diferente de las proteínas utilizadas.

Uno de los estudios analizados que utilizó suplementación de multinutrientes en combinación con ejercicio físico demostró mejoras asociadas a dicha ingesta, mientras que los otros 5 no mostraron efectos adicionales. Una de las explicaciones podría ser que la línea de base de las dietas de los participantes no estuviera comprometida lo suficiente para que la suplementación tuviera efectos sobre los parámetros medidos. Además, modificaciones en la dieta podrían ser una vía más efectiva de aumentar las ingestas de varios nutrientes en lugar de usar suplementación. Sin embargo, son necesarias más investigaciones para dirigir los efectos tanto de la suplementación como de los cambios en los patrones dietéticos sobre la fuerza muscular y el rendimiento físico en adultos mayores.

De los 2 estudios que analizaron el efecto de la suplementación con vitamina D en combinación con el ejercicio, ninguno demostró efectos adicionales de la suplementación sobre la mayoría de parámetros registrados, incluso en aquellos sujetos con déficit de esta vitamina. Sin embargo, por las diferencias procedimentales son necesarias más investigaciones en esta línea.

Hubo 2 estudios que evaluaron la combinación de suplementación con creatina y ejercicio, con características similares en cuanto a los sujetos de la muestra y en cuanto a la dosis de suplementación, pero distintos con respecto a la duración. Ambos demostraron mejoras acentuadas en los sujetos con suplementación comparados con los grupos de control. Sin embargo, en ninguno de los estudios las mejoras se tradujeron en un mayor rendimiento físico. En cualquier caso, el número de estudios en esta línea es pequeño y es necesario seguir investigando.

Conclusiones

Los beneficios adicionales demostrados por algunos de los estudios analizados de combinar suplementación dietética con ejercicio físico en pacientes con sarcopenia remarcan su potencial como estrategia para la prevención y el tratamiento de esta patología. Sin embargo, la evidencia existente está basado en poblaciones que difieren en edad, debilidad y estado nutricional, por lo que los hallazgos son inconsistentes. Es necesario seguir investigando en este ámbito.

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