El fútbol profesional se caracteriza por ser un deporte colectivo de naturaleza intermitente, impredecible y altamente demandante desde el punto de vista físico y metabólico. Durante un partido oficial, los jugadores recorren habitualmente entre 10 y 12 km, mantienen intensidades medias cercanas al 80–90 % de la frecuencia cardíaca máxima y realizan alrededor de 200 acciones de alta intensidad. Estas acciones se intercalan con períodos de recuperación activa o pasiva de duración variable, configurando un patrón de esfuerzo discontinuo que depende tanto del contexto del juego como del rol táctico del jugador.
A pesar de esta complejidad, la literatura científica ha mostrado una escasez relativa de estudios que analicen en profundidad las fases de esfuerzo y recuperación durante la competición, especialmente desde una perspectiva metabólica. Los estudios disponibles indican que la mayoría de los esfuerzos de alta intensidad duran entre 2,5 y 4 segundos, mientras que los períodos de recuperación entre acciones muy intensas suelen situarse entre 48 y 72 segundos. De hecho, cerca del 90 % de las acciones y recuperaciones en fútbol tienen una duración inferior a 15 segundos, lo que subraya la importancia del carácter repetido y acumulativo de estos esfuerzos breves.
Otro aspecto clave es la especificidad posicional. Las demandas físicas varían sustancialmente según la posición ocupada en el terreno de juego, debido a diferencias tácticas, técnicas y espaciales. Por ejemplo, los extremos y centrocampistas de banda suelen recorrer mayores distancias a alta intensidad, mientras que los centrocampistas centrales destacan por la frecuencia de esfuerzos con tiempos de recuperación limitados. Además, el sistema táctico empleado (por ejemplo, 4-4-2 frente a 4-3-3) modula significativamente estas exigencias, alterando tanto la cantidad como la intensidad de las acciones de alta carga metabólica.
Tradicionalmente, la cuantificación de la carga externa en fútbol se ha basado en umbrales de velocidad o aceleración, lo que puede infraestimar el coste real de muchas acciones, especialmente aquellas realizadas a baja velocidad pero con alta demanda metabólica, como cambios de dirección, aceleraciones repetidas o situaciones de juego reducido. En este contexto, el concepto de potencia metabólica (Pmet) ha emergido como una herramienta más sensible para capturar la intensidad real del esfuerzo, al integrar velocidad, aceleración y coste energético.
No obstante, incluso el uso de umbrales fijos de potencia metabólica (por ejemplo, 20 W·kg⁻¹) presenta limitaciones, ya que no tiene en cuenta la cinética retardada del consumo de oxígeno (VO₂) ni la interacción dinámica entre los sistemas aeróbico y anaeróbico. Por ello, se ha propuesto un enfoque alternativo basado en la relación entre la potencia metabólica instantánea y el VO₂ estimado (modelo VO₂–Pmet), que permite identificar con mayor precisión cuándo la demanda energética supera la capacidad oxidativa momentánea del organismo.
A partir de estas consideraciones, el objetivo principal del estudio fue describir el perfil intermitente del esfuerzo en fútbol profesional según la posición de juego, comparando dos enfoques analíticos: un modelo de umbral fijo de potencia metabólica (Pmet20) y un modelo dinámico basado en la relación VO₂–Pmet. De forma complementaria, se analizaron las diferencias entre la primera y la segunda parte del partido y el impacto del tipo de umbral sobre la duración, intensidad y frecuencia de los esfuerzos de alta y baja carga metabólica.
Discusión
El principal hallazgo del estudio es que la forma de definir y detectar los esfuerzos de alta intensidad condiciona de manera decisiva la interpretación de las demandas del fútbol profesional, tanto a nivel global como posicional. La comparación entre el modelo Pmet20 y el enfoque VO₂–Pmet revela diferencias sustanciales en la duración, número y distribución de los esfuerzos de alta carga metabólica.
Desde una perspectiva metodológica, el uso de un umbral fijo de 20 W·kg⁻¹ tiende a identificar únicamente acciones muy breves y claramente intensas, asociadas a altas velocidades o aceleraciones pronunciadas. Bajo este enfoque, los esfuerzos de alta carga metabólica representan solo entre el 7 % y el 15 % del tiempo total de juego, con duraciones medias cercanas a los 2 segundos. Estas cifras son notablemente inferiores a las reportadas en estudios previos que estimaban una contribución mucho mayor de las acciones intensas al coste energético total del partido.
Por el contrario, el modelo VO₂–Pmet detecta esfuerzos de alta carga metabólica aproximadamente dos veces más largos (alrededor de 4 segundos) y un número significativamente mayor de acciones. Este enfoque pone de manifiesto que los jugadores operan durante gran parte del partido bajo un estrés metabólico elevado, incluso a velocidades moderadas, debido a la acumulación de aceleraciones, desaceleraciones y cambios de dirección. De este modo, el modelo VO₂–Pmet ofrece una representación más realista de la interacción entre los sistemas aeróbico y anaeróbico durante el juego.
En cuanto a las diferencias posicionales, los resultados confirman que los centrocampistas centrales presentan el perfil más intermitente, con el mayor número de acciones por minuto y elevadas intensidades incluso durante fases de baja carga metabólica. Esto refleja su papel clave en las transiciones ofensivas y defensivas. Los extremos y delanteros de banda, por su parte, acumulan mayores costes energéticos totales, mientras que los defensas centrales muestran menos acciones por minuto, pero con demandas específicas no siempre captadas por los modelos de locomoción horizontal, como duelos aéreos o contactos físicos.
El análisis temporal muestra un descenso progresivo de la intensidad en la segunda parte del partido, especialmente evidente en las fases de baja carga metabólica. Este patrón sugiere una combinación de estrategias de autorregulación del esfuerzo y mecanismos de fatiga fisiológica, como la depleción de glucógeno o la fatiga central, que limitan la capacidad de sostener acciones repetidas de alta intensidad.
Desde el punto de vista aplicado, los autores subrayan que basar la planificación del entrenamiento únicamente en valores medios puede conducir a una infraestimación de las demandas reales de la competición. El enfoque VO₂–Pmet permite identificar no solo la carga promedio, sino también los períodos de máxima exigencia, que son críticos para el rendimiento y la prevención de lesiones. Además, la inclusión de métricas como el coste energético medio y total aporta información valiosa para optimizar estrategias de recuperación y nutrición.
Finalmente, el estudio reconoce varias limitaciones, como el tamaño muestral reducido, el análisis de un único equipo y temporada, y la ausencia de variables contextuales (resultado del partido, nivel del rival, estrategia táctica). Aun así, los autores concluyen que el enfoque propuesto constituye un marco sólido para comprender la verdadera naturaleza intermitente del fútbol profesional y avanzar hacia una prescripción del entrenamiento más específica, individualizada y metabólicamente coherente con las exigencias del juego.
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Referencia completa del artículo:
Callau-Arbo N, Altarriba-Bartes A, Alonso-Callejo A, Pajon D, Felipe JL, Lozano D. Positional and Temporal Intermittency in Football: A Metabolic Model Approach. Int J Sports Med. 2026 Jan 26. doi: 10.1055/a-2785-7601.




