La nutrición en el fútbol profesional ha evolucionado de forma significativa en la última década, especialmente tras la publicación del consenso de expertos de la UEFA en 2020, que estableció recomendaciones más individualizadas para la ingesta de macronutrientes en futbolistas de élite. Dichas guías proponen una periodización de la ingesta de hidratos de carbono (CHO) entre 3 y 8 g·kg⁻¹·día⁻¹ en función de las demandas del microciclo competitivo, junto con una ingesta proteica diaria aproximada de 1,6 g·kg⁻¹ y una contribución lipídica del 20–35% del aporte energético total. No obstante, a pesar del avance conceptual que representan estas recomendaciones, su base empírica en futbolistas profesionales, y especialmente en jugadores de máximo nivel competitivo, sigue siendo limitada.
Los propios autores destacan que solo una pequeña proporción de los estudios que sustentan las recomendaciones actuales han sido realizados en jugadores profesionales, y menos aún en futbolistas considerados de clase mundial. Esta carencia es particularmente relevante si se tiene en cuenta que las demandas físicas del fútbol moderno han aumentado de forma sustancial. En la Premier League inglesa, por ejemplo, se ha documentado un incremento notable en la distancia recorrida a alta velocidad y en sprint durante los partidos en los últimos años, reflejo de un juego cada vez más intenso y condicionado por estilos tácticos basados en la presión alta y las transiciones rápidas.
En este contexto, conocer con precisión los requerimientos energéticos reales de los futbolistas profesionales resulta imprescindible para ajustar las estrategias nutricionales. El método del agua doblemente marcada (DLW) se considera el estándar de referencia para la medición del gasto energético total diario (TDEE) en condiciones de vida libre, pero su aplicación en fútbol profesional ha sido escasa debido a su complejidad logística y coste económico. Los pocos estudios disponibles, además, se han centrado mayoritariamente en microciclos con dos partidos por semana (2GW), dejando sin explorar de forma directa posibles diferencias con microciclos de un solo partido semanal (1GW).
Ante esta laguna de conocimiento, el objetivo principal del estudio fue cuantificar simultáneamente el TDEE, la ingesta energética, la carga externa de entrenamiento y competición, y comparar específicamente el gasto energético entre microciclos de 1 y 2 partidos por semana en futbolistas profesionales de la Premier League inglesa, utilizando el método DLW.
Metodología
El estudio se llevó a cabo durante la temporada 2023–2024 con nueve jugadores profesionales masculinos de un mismo club de la Premier League. El periodo de análisis abarcó 15 días consecutivos en plena temporada, incluyendo primero un microciclo con un partido semanal y posteriormente uno con dos partidos.
El TDEE se midió mediante agua doblemente marcada, mientras que la carga externa se cuantificó mediante GPS en entrenamientos y sistemas de análisis de movimiento en competición. La ingesta energética y de macronutrientes se evaluó mediante el método de fotografía remota de alimentos, complementado con pesaje de comidas principales y recordatorios de 24 horas. Adicionalmente, se estimó la ingesta energética “real” ajustando el TDEE a los cambios en el peso corporal, lo que permitió comparar la validez de los métodos de autorregistro dietético.
Resultados principales
Los resultados mostraron que, aunque la distribución de la carga externa difería entre microciclos —con mayor volumen de entrenamiento en 1GW y mayor volumen competitivo en 2GW—, la carga acumulada total (distancia total, distancia a alta velocidad y distancia en sprint) fue comparable entre ambos tipos de semana. En consecuencia, el gasto energético total diario no difirió de forma significativa entre microciclos: aproximadamente 3550 kcal·día⁻¹ en 1GW y 3470 kcal·día⁻¹ en 2GW.
Se observó una elevada variabilidad interindividual en el TDEE, con valores que oscilaron entre ~2800 y ~4500 kcal·día⁻¹, lo que refuerza la necesidad de enfoques nutricionales individualizados. Además, el TDEE mostró asociaciones más claras con las métricas de carga externa durante los microciclos de dos partidos, especialmente con la distancia recorrida a alta velocidad y en sprint.
En relación con la ingesta energética, los métodos de autorregistro subestimaron de forma sistemática el consumo real, con un error medio cercano al 18–21% respecto a las estimaciones basadas en DLW. A pesar de ello, los jugadores mostraron cierta periodización de la ingesta de CHO, con mayores consumos en día de partido. Sin embargo, incluso en esos días, la ingesta de hidratos de carbono se situó por debajo de las recomendaciones actuales.
Discusión
El hallazgo principal del estudio —la ausencia de diferencias significativas en el gasto energético total entre microciclos de uno y dos partidos— constituye una aportación novedosa y relevante para la nutrición aplicada al fútbol profesional. Tradicionalmente se ha asumido que las semanas con dos partidos implican necesariamente mayores demandas energéticas, pero los resultados sugieren que los cuerpos técnicos ajustan la carga de entrenamiento de tal manera que el estímulo total semanal se mantiene relativamente constante.
Este hallazgo tiene implicaciones prácticas importantes. Desde el punto de vista nutricional, sugiere que no sería necesario establecer estrategias radicalmente diferentes de aporte energético total entre 1GW y 2GW, siempre que la carga externa acumulada sea comparable. En este sentido, las recomendaciones actuales de la UEFA, que proponen ingestas de CHO de 4–6 g·kg⁻¹·día⁻¹ en días de entrenamiento y hasta 6–8 g·kg⁻¹·día⁻¹ en torno al partido, parecen adecuadas para ambos tipos de microciclo.
La discusión también pone de relieve la notable variabilidad interindividual del gasto energético, que no puede explicarse únicamente por la carga externa registrada. Factores como diferencias en masa y composición corporal, eficiencia metabólica, tamaño relativo de órganos metabólicamente activos y actividad física no estructurada fuera del entrenamiento podrían contribuir de forma significativa al TDEE. Esta observación refuerza la idea de que las recomendaciones basadas en promedios poblacionales deben adaptarse al perfil individual del jugador.
Un aspecto especialmente relevante es la confirmación de la subestimación sistemática de la ingesta energética cuando se utilizan métodos de autorregistro, incluso en entornos altamente controlados y con apoyo de nutricionistas. Este hallazgo coincide con estudios previos en fútbol masculino y femenino, y cuestiona la fiabilidad de estas herramientas para detectar déficits energéticos reales en deportistas de élite. Desde una perspectiva aplicada, esto implica que déficits aparentes podrían ser artefactos metodológicos, pero también que déficits reales podrían pasar desapercibidos si se confía exclusivamente en el autorregistro.
En cuanto a los hidratos de carbono, aunque los jugadores ajustaron parcialmente su ingesta en función del día de partido, los valores observados se situaron sistemáticamente en el límite inferior o por debajo de las recomendaciones. Los autores discuten que esta situación podría estar influida por una elevada ingesta de proteínas y grasas, por creencias culturales en torno al control del peso y la composición corporal, o por una comprensión incompleta del papel del CHO en el rendimiento y la recuperación. La evidencia emergente sugiere que una mayor disponibilidad de CHO puede mejorar la capacidad de realizar sprints repetidos y atenuar la fatiga entre partidos consecutivos, lo que refuerza la necesidad de estrategias educativas y conductuales más eficaces.
Conclusiones
Este estudio demuestra que, en futbolistas profesionales de la Premier League, el gasto energético total diario no difiere entre microciclos con uno o dos partidos semanales cuando la carga externa acumulada es similar. A pesar del aumento de las demandas físicas del fútbol moderno, el TDEE observado es comparable al descrito en estudios previos, lo que respalda la vigencia de las recomendaciones nutricionales actuales.
Sin embargo, persisten desafíos importantes, como la subestimación sistemática de la ingesta energética y la dificultad para alcanzar las recomendaciones de hidratos de carbono en días clave. En conjunto, los resultados subrayan la importancia de una nutrición individualizada, basada en una correcta interpretación de la carga externa y apoyada en métodos más objetivos de evaluación de la ingesta y el gasto energético.
Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/01/Foo2025EnergyExpenditureofMaleSoccerPlayersfromanEnglishPremierLeague-1-1.pdf
Referencia completa:
Foo WL, Hambly C, Tester E, Markakis P, Areta JL, Close GL, Speakman JR, Morton JP. Energy Expenditure of Male Soccer Players from an English Premier League Team Does Not Differ between One-Game- and Two-Game-Per-Week Microcycles. Med Sci Sports Exerc. 2026 Jan 1;58(1):149-161. doi: 10.1249/MSS.0000000000003850.



