El notable incremento en la supervivencia al cáncer observado en las últimas décadas, impulsado por los avances en quimioterapia, terapias dirigidas e inmunoterapia, ha transformado el panorama oncológico actual. Este éxito terapéutico ha desplazado progresivamente el foco desde la supervivencia pura hacia la calidad de vida a largo plazo de las personas que han superado un cáncer. En este contexto, la atención a la etapa de supervivencia, especialmente tras la finalización de los tratamientos oncológicos activos, se ha convertido en un reto sanitario de primer orden.
Entre los múltiples efectos tardíos y persistentes que afectan a los supervivientes, la fatiga relacionada con el cáncer (cancer-related fatigue, CRF) destaca por su elevada prevalencia, su carácter incapacitante y su impacto multidimensional. La CRF se define como una sensación persistente y subjetiva de cansancio o agotamiento relacionada con el cáncer o sus tratamientos, desproporcionada respecto a la actividad realizada y que interfiere de forma significativa con el funcionamiento habitual. A diferencia de la fatiga común, no se alivia con el descanso y puede persistir durante meses o incluso años tras finalizar el tratamiento oncológico.
Los datos epidemiológicos indican que entre el 70 % y el 100 % de los supervivientes experimentan CRF en algún momento, con consecuencias relevantes sobre la capacidad funcional, la reincorporación laboral, la participación social y la salud mental. Su etiología es claramente multifactorial, combinando mecanismos biológicos (inflamación crónica, alteraciones metabólicas y hormonales, daño cardiovascular o pulmonar), efectos secundarios de los tratamientos (neuropatías, sarcopenia, alteraciones cognitivas), y factores psicológicos y conductuales como ansiedad, depresión, trastornos del sueño y descondicionamiento físico.
Pese a esta elevada carga clínica, la CRF continúa estando infradiagnosticada y, con frecuencia, infratratada. Uno de los principales motivos identificados es la heterogeneidad existente entre las guías clínicas disponibles: difieren en el alcance, en la calidad metodológica, en la fuerza de las recomendaciones y, especialmente, en la aplicabilidad práctica dentro de los programas de seguimiento del superviviente. Esta variabilidad dificulta la integración sistemática del abordaje de la CRF en la atención post-tratamiento, particularmente fuera de los entornos oncológicos especializados.
Con este contexto, el objetivo principal del estudio es analizar de forma sistemática y comparativa las recomendaciones existentes en guías clínicas dirigidas al manejo de la CRF en supervivientes adultos de cáncer tras finalizar el tratamiento. El trabajo pretende identificar buenas prácticas comunes, evaluar el nivel de evidencia que las respalda y detectar lagunas relevantes que orienten tanto la práctica clínica como futuras líneas de investigación. Para ello, los autores se centran específicamente en la fase de supervivencia post-tratamiento, cuando la atención suele recaer en equipos de atención primaria, rehabilitación y cuidados de soporte, más que en oncología aguda
Metodología
El estudio adopta un diseño transversal basado en un análisis sistemático de guías clínicas publicadas entre los años 2000 y 2024. Se identificaron once guías procedentes de ocho sociedades profesionales internacionales, evaluándose su calidad metodológica mediante la herramienta AGREE II y estandarizando la fuerza de las recomendaciones mediante el sistema GRADE. Aunque la metodología es robusta, el interés principal del trabajo radica en la síntesis crítica de las recomendaciones y su discusión, más que en los detalles técnicos del proceso de revisión.
Discusión
La discusión pone de manifiesto que el manejo de la CRF en la supervivencia al cáncer requiere un enfoque estructurado, multidisciplinar y claramente no farmacológico. A partir del análisis de once guías clínicas, los autores identifican un total de 59 recomendaciones relacionadas con cribado, evaluación clínica, tratamiento de condiciones subyacentes e intervenciones terapéuticas.
Uno de los hallazgos más consistentes es el amplio consenso en torno a la necesidad de realizar un cribado sistemático de la CRF durante el seguimiento del superviviente, incluso una vez finalizado el tratamiento oncológico. Las guías coinciden en recomendar el uso de herramientas validadas, preferentemente escalas breves que permitan una detección temprana. Un resultado positivo en el cribado debe conducir a una evaluación clínica más exhaustiva, orientada a identificar factores médicos, psicológicos y conductuales potencialmente modificables.
La discusión subraya que la CRF no debe abordarse como un síntoma aislado, sino como la expresión final de múltiples procesos interrelacionados. En este sentido, las guías recomiendan una evaluación clínica integral que contemple anemia, disfunciones endocrinas, alteraciones cardiovasculares y pulmonares, trastornos del sueño, dolor persistente y afectación emocional. Esta aproximación refuerza la necesidad de equipos multidisciplinares capaces de coordinar intervenciones desde diferentes ámbitos asistenciales.
En cuanto a las intervenciones terapéuticas, el análisis muestra una notable coherencia entre guías al priorizar estrategias no farmacológicas como tratamiento de primera línea. El ejercicio físico emerge como la intervención con mayor respaldo científico y con recomendaciones más firmes. En particular, el entrenamiento aeróbico y de fuerza de baja a moderada intensidad, realizado aproximadamente tres veces por semana durante al menos 12 semanas, se asocia de forma consistente con reducciones clínicamente relevantes de la fatiga. La discusión resalta que, aunque aún existe incertidumbre sobre la “dosis óptima” de ejercicio, los beneficios superan claramente los riesgos cuando el programa está adaptado y supervisado.
La terapia cognitivo-conductual (TCC) constituye la segunda gran intervención con apoyo transversal en las guías. La evidencia indica que la TCC reduce la severidad de la CRF, especialmente cuando existen componentes psicológicos o conductuales asociados, como insomnio, ansiedad o patrones de afrontamiento ineficaces. Un aspecto relevante que se destaca en la discusión es la viabilidad de formatos digitales o web-based, que podrían facilitar el acceso en contextos con recursos limitados.
Otras intervenciones como la psicoeducación, el asesoramiento psicológico y los programas de mindfulness muestran beneficios potenciales, aunque con mayor variabilidad en la fuerza de las recomendaciones. La discusión enfatiza que estas estrategias parecen particularmente útiles en pacientes con fatiga vinculada a trastornos emocionales, pero que la evidencia suele apoyarse más en consenso experto que en ensayos clínicos robustos.
Por el contrario, el uso de tratamientos farmacológicos recibe un posicionamiento claramente desfavorable. Las guías coinciden en que fármacos como psicoestimulantes, antidepresivos, melatonina u otros suplementos no cuentan con evidencia suficiente y pueden asociarse a efectos adversos. Esta conclusión refuerza el mensaje central del artículo: la CRF debe abordarse prioritariamente desde intervenciones activas, educativas y conductuales, más que desde la medicalización.
Un elemento clave de la discusión es la brecha existente entre las recomendaciones y su implementación real. Los autores señalan barreras relevantes, como la falta de formación específica de los profesionales sanitarios en CRF, la escasez de recursos para ofrecer ejercicio terapéutico o TCC, y la fragmentación de la atención en la fase de supervivencia. En este sentido, se destaca el potencial de modelos de atención integrados, el uso de tecnologías digitales y la incorporación sistemática de resultados reportados por los pacientes para mejorar la adherencia a las guías.
Conclusión
La discusión concluye que la CRF sigue siendo un problema clínico de gran magnitud en la supervivencia al cáncer, pero que existen recomendaciones claras y consistentes para su abordaje. El cribado sistemático, la evaluación multidimensional y la implementación prioritaria de ejercicio físico y terapia cognitivo-conductual constituyen los pilares fundamentales del manejo actual. No obstante, el verdadero reto no es la ausencia de guías, sino su aplicación efectiva en la práctica clínica cotidiana, especialmente fuera de los servicios oncológicos especializados
Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/01/Recommendations-for-cancer-related-fatigue-in-post.pdf
Referencia completa del artículo:
Ayoson J, Schneider N, Rothschild SI, Gut-Fischer K, Haegler-Laube E, Wertli MM. Recommendations for cancer related fatigue in post-treatment survivorship care: a cross-sectional analysis of guidelines. J Cancer Surviv. 2026 Jan 20. doi: 10.1007/s11764-026-01973-y.




