La salud cerebral es un componente esencial de la calidad de vida, ya que sustenta funciones cognitivas, emocionales, sociales y motoras a lo largo de todo el ciclo vital. Con el envejecimiento, el cerebro experimenta cambios estructurales y funcionales que pueden traducirse en deterioro cognitivo, pérdida de memoria y mayor riesgo de enfermedades neurodegenerativas. En este contexto, la medicina del estilo de vida identifica al ejercicio físico como uno de los factores modificables más potentes para preservar y mejorar la salud cerebral. La evidencia científica muestra de forma consistente que la actividad física regular contribuye a mantener la plasticidad neuronal, mejorar el rendimiento cognitivo y reducir el riesgo de demencia.
Concepto de salud cerebral y función cognitiva
La salud cerebral es un constructo multidimensional que integra cognición, salud mental y función motora. La cognición incluye procesos como memoria, atención, velocidad de procesamiento y funciones ejecutivas, todos ellos esenciales para la vida diaria. Estos procesos dependen en gran medida de la integridad sináptica, la neurogénesis y la eficiencia de las redes neuronales. La memoria, particularmente dependiente del hipocampo, es especialmente sensible a factores del estilo de vida. El ejercicio físico emerge como una intervención clave para preservar estas funciones al promover la formación de nuevas neuronas, fortalecer las conexiones sinápticas y mejorar la perfusión cerebral.
Neuroplasticidad, BDNF y neurogénesis como ejes centrales
Uno de los pilares del efecto del ejercicio sobre el cerebro es la neuroplasticidad, definida como la capacidad del sistema nervioso para reorganizarse estructural y funcionalmente en respuesta a estímulos. El ejercicio incrementa la expresión del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una proteína esencial para la supervivencia neuronal, la plasticidad sináptica y los procesos de aprendizaje y memoria. El BDNF actúa principalmente a través del receptor TrkB y se ve modulado por la actividad física, el entorno y el estrés. Además, el ejercicio estimula la neurogénesis en el hipocampo adulto, un fenómeno estrechamente ligado al mantenimiento de la memoria y la función cognitiva.
Ejercicio aeróbico y salud cerebral: mecanismos y beneficios
El ejercicio aeróbico, caracterizado por un aumento sostenido del consumo de oxígeno, es la modalidad más estudiada en relación con la salud cerebral. Sus beneficios se explican por mecanismos cardiovasculares, metabólicos y neuroquímicos. A nivel vascular, incrementa el flujo sanguíneo cerebral, mejorando el aporte de oxígeno y nutrientes a regiones clave como el hipocampo. Este aumento del riego cerebral se asocia con un incremento del volumen hipocampal y mejoras en la memoria espacial y episódica.
Desde el punto de vista molecular, el ejercicio aeróbico eleva los niveles de factores de crecimiento como el IGF-1 y el VEGF, que favorecen la angiogénesis, la neurogénesis y la remodelación sináptica. Además, reduce el estrés oxidativo mediante la activación de sistemas antioxidantes endógenos y atenúa la neuroinflamación al modular la activación de microglía y astrocitos. En conjunto, estos efectos crean un entorno cerebral más resiliente y funcional.
Impacto cognitivo y emocional del ejercicio aeróbico
En términos cognitivos, el ejercicio aeróbico mejora la memoria, la atención, la flexibilidad cognitiva y la velocidad de procesamiento. Las funciones ejecutivas, dependientes de la corteza prefrontal, se benefician especialmente del aumento del flujo sanguíneo y de la señalización neurotrófica inducida por el ejercicio. A nivel emocional, el ejercicio aeróbico incrementa la liberación de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, lo que contribuye a la regulación del estado de ánimo y a la reducción de síntomas de ansiedad y depresión. Asimismo, mejora la regulación del eje hipotálamo-hipófiso-adrenal, reduciendo los niveles basales de cortisol y mejorando la respuesta al estrés.
Ejercicio anaeróbico y entrenamiento de fuerza: aportaciones específicas
Aunque tradicionalmente menos estudiado, el ejercicio anaeróbico o entrenamiento de fuerza también desempeña un papel relevante en la salud cerebral. Este tipo de ejercicio estimula la liberación de mioquinas como la irisina y la catepsina B, que atraviesan la barrera hematoencefálica y activan vías neurotróficas. A nivel estructural, se asocia con aumentos de la sustancia gris en regiones como los ganglios basales y el cerebelo, áreas implicadas en el control motor y el aprendizaje procedimental.
Desde el punto de vista hormonal, el entrenamiento de fuerza incrementa los niveles de IGF-1 y testosterona, ambos con efectos neuroprotectores y promotores de la plasticidad sináptica. Además, mejora la coordinación neuromuscular y la excitabilidad corticospinal, lo que se traduce en beneficios tanto motores como cognitivos. En el ámbito de la salud mental, la evidencia muestra que el entrenamiento de fuerza reduce de forma significativa los síntomas de depresión y ansiedad, mejorando la autoeficacia y el control cognitivo.
Ejercicio y enfermedades neurodegenerativas
La revisión destaca el papel del ejercicio como estrategia neuroprotectora frente a enfermedades neurodegenerativas. En la enfermedad de Alzheimer, el ejercicio aeróbico se asocia con una menor atrofia hipocampal, mejoras en la perfusión cerebral y un mejor rendimiento en pruebas de memoria. El entrenamiento de fuerza, por su parte, ha demostrado preservar subcampos hipocampales especialmente vulnerables y mejorar la conectividad funcional cerebral, con efectos sostenidos a largo plazo.
En la enfermedad de Parkinson, el ejercicio aeróbico mejora la función motora y el control cognitivo mediante el aumento de la disponibilidad dopaminérgica y la reorganización de las redes neuronales. El ejercicio anaeróbico contribuye a mejorar la fuerza, el equilibrio y la funcionalidad, reduciendo el riesgo de caídas y favoreciendo la independencia funcional.
Ejercicio a lo largo del ciclo vital
Los beneficios del ejercicio sobre la salud cerebral se observan en todas las etapas de la vida. En la infancia y adolescencia, el ejercicio aeróbico mejora el desarrollo cognitivo, la memoria y el rendimiento académico, especialmente cuando se combina con actividades que requieren coordinación y estimulación cognitiva. En la edad adulta, el ejercicio contribuye a preservar la función cognitiva y el bienestar emocional. En personas mayores, tanto el ejercicio aeróbico como el de fuerza se asocian con menor riesgo de deterioro cognitivo, mejor equilibrio y mejor calidad de vida.
Recomendaciones generales y conclusiones
La evidencia respalda la combinación de ejercicio aeróbico y entrenamiento de fuerza como la estrategia más eficaz para optimizar la salud cerebral. Se recomiendan al menos 150 minutos semanales de ejercicio aeróbico de intensidad moderada y dos o tres sesiones semanales de entrenamiento de fuerza, idealmente complementadas con ejercicios de coordinación y equilibrio.
En conclusión, el ejercicio físico regular es una herramienta fundamental para preservar la salud cerebral, mejorar la función cognitiva y reducir el riesgo de enfermedades neurodegenerativas. Sus efectos se deben a una compleja interacción de mecanismos vasculares, neuroquímicos, hormonales y antiinflamatorios. Aunque se requieren más estudios para personalizar las prescripciones de ejercicio, la evidencia actual es suficientemente sólida para considerar el ejercicio como una auténtica intervención terapéutica para el cerebro.
Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/01/Exercise-and-Brain-Health.pdf
Referencia completa del artículo:
Safaeipour C, Sherzai D, Zikria B. Exercise and Brain Health: Expert Review. Am J Lifestyle Med. 2026 Jan 9:15598276251415530. doi: 10.1177/15598276251415530.





