Ejercicio agudo y respuesta de la testosterona

Artículos de Fisiología del Ejercicio

La testosterona es el principal andrógeno del organismo y desempeña un papel central no solo en la función reproductiva, sino también en la regulación del metabolismo, la composición corporal, la masa y función muscular, la salud ósea, la eritropoyesis y diversos procesos cognitivos y cardiometabólicos. En los varones, la testosterona se sintetiza mayoritariamente en las células de Leydig del testículo, mientras que en las mujeres se produce en cantidades significativamente menores a partir de los ovarios y la corteza suprarrenal. A partir de la tercera década de la vida, los niveles de testosterona disminuyen progresivamente, fenómeno asociado al envejecimiento y vinculado a un mayor riesgo de alteraciones metabólicas, inflamatorias y funcionales.

Desde una perspectiva clínica y de salud pública, el descenso de testosterona se relaciona con el denominado síndrome de déficit de testosterona, que incluye manifestaciones como pérdida de masa muscular, deterioro funcional, disfunción sexual y aumento de la morbimortalidad cardiovascular. Aunque el tratamiento sustitutivo con testosterona puede ser eficaz, su uso inapropiado —especialmente en el ámbito deportivo— conlleva riesgos relevantes, motivo por el cual las agencias antidopaje prohíben estrictamente su administración exógena.

En este contexto, el ejercicio físico emerge como un modulador fisiológico clave de la testosterona endógena. La evidencia epidemiológica sugiere que los niveles de actividad física habitual se asocian inversamente con el descenso de testosterona relacionado con la edad. A nivel mecanístico, tanto el ejercicio aeróbico como el entrenamiento de fuerza pueden influir sobre el eje hipotálamo-hipófiso-gonadal (HPG), induciendo respuestas hormonales agudas que, potencialmente, contribuyen a adaptaciones crónicas favorables.

Sin embargo, la literatura científica presenta resultados inconsistentes respecto a la magnitud, dirección y duración de los cambios en testosterona tras una sesión aguda de ejercicio. Mientras algunos estudios describen aumentos transitorios inmediatamente tras el esfuerzo, otros informan de una supresión de los niveles hormonales durante la fase de recuperación, incluso durante horas o días. Estas discrepancias pueden explicarse por múltiples factores: tipo de ejercicio, intensidad y duración, características de los participantes (edad, sexo, nivel de entrenamiento), momento del día, y metodología de medición (sangre, saliva o plasma).

Ante esta heterogeneidad, los autores del presente trabajo plantean la necesidad de una revisión sistemática centrada específicamente en ensayos clínicos aleatorizados, con el objetivo de analizar la dinámica temporal de la testosterona tras ejercicio agudo y clarificar el papel modulador del tipo de ejercicio, la intensidad, la fuente de muestra biológica y las características individuales.

Metodología

La revisión siguió las directrices PRISMA y fue registrada en PROSPERO. Se incluyeron 15 ensayos clínicos aleatorizados publicados hasta marzo de 2025, con un total de 251 participantes sanos de ambos sexos y un amplio rango de edad. Los estudios evaluaron intervenciones de ejercicio aeróbico y de fuerza, con intensidades moderadas y altas, midiendo testosterona total o libre en suero, plasma o saliva en distintos momentos post-ejercicio.

Resultados generales

De forma global, los estudios mostraron una elevada variabilidad en la respuesta de la testosterona al ejercicio agudo. Aproximadamente dos tercios de los ensayos informaron aumentos significativos inmediatos tras el ejercicio, especialmente en protocolos de entrenamiento de fuerza o ejercicio aeróbico de alta intensidad. Otros estudios no observaron cambios relevantes, y uno describió una disminución de los niveles durante la recuperación.

Discusión

Dinámica general de la testosterona tras ejercicio agudo

La testosterona responde de forma sensible al estrés fisiológico inducido por el ejercicio. De manera típica, tras esfuerzos agudos, especialmente de alta intensidad, se observa un aumento transitorio de la testosterona al finalizar la sesión, seguido de un retorno progresivo a valores basales. No obstante, esta recuperación puede variar notablemente en función del estímulo aplicado y del estado del individuo.

El ejercicio actúa sobre el eje HPG a través de mecanismos centrales y periféricos, incluyendo la activación simpática, la hemoconcentración inducida por la reducción del volumen plasmático y la estimulación directa de la esteroidogénesis testicular, posiblemente mediada por metabolitos como el lactato.

Influencia del tipo de ejercicio

El tipo de ejercicio es uno de los factores más determinantes. El ejercicio aeróbico suele inducir aumentos modestos y de corta duración en la testosterona, con una recuperación relativamente rápida, generalmente dentro de la primera hora post-ejercicio. Esto se atribuye a una menor carga mecánica y a una recuperación metabólica más eficiente.

Por el contrario, el entrenamiento de fuerza provoca incrementos más pronunciados de testosterona, acompañados de una recuperación más prolongada. La elevada tensión mecánica y el daño muscular inducido activan vías anabólicas y prolongan la activación neuroendocrina, lo que puede explicar la persistencia de cambios hormonales durante varias horas e incluso días.

Influencia de la intensidad del ejercicio

La intensidad del ejercicio modula de forma crítica la respuesta hormonal. Los ejercicios de intensidad moderada a alta estimulan el eje HPG y favorecen el aumento agudo de testosterona. Sin embargo, cuando la intensidad o el volumen superan ciertos umbrales, se produce una activación excesiva del eje hipotálamo-hipófiso-adrenal (HPA), con elevación del cortisol, que antagoniza la acción de la testosterona.

Este fenómeno explica por qué protocolos muy exigentes o competiciones prolongadas pueden asociarse a una supresión de la testosterona durante la fase de recuperación, un aspecto especialmente relevante en el control de la carga de entrenamiento y la prevención del sobreentrenamiento.

Fuente de la muestra biológica

La metodología de medición introduce una fuente adicional de variabilidad. Las determinaciones en sangre (suero o plasma) se consideran el estándar de referencia por su mayor especificidad y estabilidad analítica. No obstante, la saliva ofrece ventajas prácticas, al ser no invasiva y más sensible a cambios agudos, especialmente en ejercicio de alta intensidad. Aun así, la saliva presenta limitaciones para detectar cambios sutiles en testosterona endógena, lo que obliga a interpretar sus resultados con cautela.

Diferencias según sexo

Las diferencias sexuales son marcadas. Los varones presentan niveles basales de testosterona mucho más elevados y una respuesta aguda al ejercicio claramente superior. En mujeres, la evidencia es limitada y contradictoria; la mayoría de los estudios no muestran incrementos significativos tras ejercicio, probablemente debido a que la producción de testosterona femenina depende en mayor medida de vías suprarrenales y de la conversión periférica de precursores.

Influencia de la edad

La edad condiciona de forma importante la respuesta hormonal. En adolescentes, el ejercicio agudo apenas modifica los niveles de testosterona, incluso tras la pubertad. En adultos jóvenes, la respuesta es más robusta, mientras que en adultos de mediana edad y mayores se observa una atenuación progresiva, especialmente en la testosterona libre, influida por cambios en la globulina transportadora de hormonas sexuales (SHBG).

Conclusión

La evidencia disponible muestra que la respuesta de la testosterona al ejercicio agudo es compleja y multifactorial. El tipo e intensidad del ejercicio, la fuente de la muestra biológica y las características individuales —especialmente sexo y edad— determinan la magnitud y duración de los cambios hormonales. Aunque el ejercicio, en particular el entrenamiento de fuerza y el ejercicio de alta intensidad, puede inducir aumentos transitorios de testosterona, una carga excesiva puede provocar una supresión durante la recuperación. Estos hallazgos refuerzan la importancia de una prescripción individualizada del ejercicio, basada en objetivos, contexto clínico y control de la carga, y subrayan la necesidad de estandarizar metodologías en futuras investigaciones.

Referencia completa del artículo:

Tu Q, Li G, Wang S. Effect of acute exercise on the dynamics of testosterone levels: a systematic review of randomized controlled trials. PeerJ. 2026 Jan 8;14:e20615. doi: 10.7717/peerj.20615.

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