Ciclo menstrual y respuesta al entrenamiento de resistencia

Artículos de Fisiología del Ejercicio

En el ámbito del entrenamiento de resistencia, la combinación planificada de sesiones de baja intensidad continua (LIT) y de alta intensidad interválica (HIT) constituye la base de la mejora del rendimiento aeróbico. Estas sesiones se diseñan cuidadosamente para situarse dentro de zonas de intensidad concretas y provocar adaptaciones fisiológicas específicas. En los últimos años, ha surgido un creciente interés entre deportistas y profesionales por comprender si el ciclo menstrual (CM) influye en la respuesta al entrenamiento en mujeres, y si fuese necesario ajustar la planificación del ejercicio en función de sus distintas fases.

El ciclo menstrual se caracteriza por fluctuaciones hormonales predecibles de estrógenos y progesterona a lo largo de un periodo de 21 a 35 días. Tradicionalmente se divide en fases bien definidas: fase folicular temprana (EFP), con niveles bajos de ambas hormonas; fase ovulatoria (OP), con estrógenos elevados y progesterona aún baja; y fase lútea media (MLP), donde ambas hormonas se encuentran elevadas. Más allá de su función reproductiva, estas hormonas influyen de manera relevante sobre sistemas clave para el ejercicio, como la termorregulación, la función cardiorrespiratoria y el metabolismo energético.

Desde un punto de vista fisiológico, la fase lútea se asocia a un aumento de la temperatura corporal basal y a una mayor estimulación del centro respiratorio, atribuida principalmente a la progesterona, lo que podría incrementar la ventilación durante el ejercicio. Asimismo, los estrógenos han sido relacionados con una mayor utilización de lípidos y una modulación del metabolismo de los hidratos de carbono. A nivel perceptivo, algunas investigaciones han descrito un aumento del esfuerzo percibido y cambios en el estado de ánimo en determinadas fases del ciclo, especialmente en la fase lútea o durante la menstruación.

Sin embargo, la literatura previa es inconsistente. Mientras algunos estudios no han observado diferencias relevantes en variables determinantes del rendimiento aeróbico —como el consumo máximo de oxígeno, la economía de carrera o la fracción de VO₂máx utilizada— otros han descrito aumentos modestos de la frecuencia cardiaca, la ventilación, el VO₂ o el esfuerzo percibido en la fase lútea frente a la folicular. Estas discrepancias se explican, en parte, por diferencias metodológicas: heterogeneidad en el nivel de entrenamiento de las participantes, protocolos de ejercicio poco representativos del entrenamiento real, y una determinación imprecisa de las fases del ciclo menstrual.

Además, la mayoría de los estudios previos se han basado en pruebas incrementales, test de corta duración o contrarrelojes, que no reflejan fielmente las demandas fisiológicas de sesiones completas de LIT o HIT, tal y como se realizan en la práctica del entrenamiento de resistencia. Algunos autores han sugerido que los efectos del ciclo menstrual podrían depender de la intensidad o de la duración del ejercicio, siendo potencialmente más evidentes en sesiones prolongadas o de menor intensidad, donde la carga fisiológica no “enmascara” la influencia hormonal.

Ante estas lagunas, el presente estudio se planteó como objetivo analizar de forma rigurosa la influencia de la fase del ciclo menstrual sobre las respuestas fisiológicas y perceptivas a sesiones estandarizadas de LIT y HIT en mujeres entrenadas en resistencia, utilizando una verificación hormonal precisa y excluyendo ciclos no eumenorreicos. La hipótesis principal fue que la fase lútea media se asociaría a una mayor carga fisiológica y perceptiva, especialmente durante las sesiones de baja intensidad.

Metodología

El estudio empleó un diseño cruzado intra-sujeto, en el que mujeres entrenadas en deportes de resistencia realizaron sesiones de LIT y HIT durante tres fases del ciclo menstrual (EFP, OP y MLP) a lo largo de dos ciclos distintos. Las fases fueron determinadas mediante test de ovulación urinarios y confirmadas con análisis hormonales séricos, excluyéndose ciclos con alteraciones menstruales.

Durante las sesiones se registraron variables fisiológicas (VO₂, ventilación, frecuencia cardiaca y lactato sanguíneo) y perceptivas (esfuerzo percibido y estado de ánimo). Las sesiones se diseñaron para reproducir fielmente entrenamientos habituales de resistencia, tanto en duración como en intensidad, lo que confiere al estudio una elevada aplicabilidad práctica.

Resultados principales

Los resultados mostraron que la fase del ciclo menstrual tuvo efectos modestos sobre varias variables fisiológicas y perceptivas, tanto en LIT como en HIT. Durante ambas sesiones, la ventilación fue ligeramente mayor en la fase lútea media en comparación con la fase ovulatoria. El lactato sanguíneo fue discretamente más elevado en la fase folicular temprana respecto a la ovulatoria. En las sesiones HIT, el VO₂ y la frecuencia cardiaca también fueron marginalmente superiores en la fase lútea media.

Desde el punto de vista perceptivo, el esfuerzo percibido fue ligeramente mayor en la fase folicular temprana tanto en LIT como en HIT. Además, se observaron variaciones en el estado de ánimo, con mayores niveles de vigor y tensión en la fase folicular temprana. No se encontraron interacciones entre fase del ciclo y evolución temporal de las variables dentro de las sesiones, lo que indica que la respuesta al ejercicio fue estable a lo largo del entrenamiento independientemente de la fase menstrual.

Discusión

El principal hallazgo del estudio es que, aunque existen fluctuaciones fisiológicas y perceptivas a lo largo del ciclo menstrual, su magnitud es pequeña y carece de un patrón consistente que indique que una sesión de LIT o HIT sea sustancialmente más exigente en una fase concreta del ciclo, al menos a nivel grupal.

El aumento de la ventilación observado en la fase lútea media coincide con la literatura previa y se explica principalmente por el efecto estimulador de la progesterona sobre el centro respiratorio. De forma interesante, en las sesiones de baja intensidad este aumento ventilatorio se debió principalmente a un mayor volumen tidal, mientras que en las sesiones de alta intensidad estuvo mediado por un incremento de la frecuencia respiratoria, lo que concuerda con los patrones ventilatorios clásicos según la intensidad del ejercicio. No obstante, dado que la ventilación rara vez es un factor limitante del rendimiento en personas sanas, estos cambios difícilmente tendrían relevancia práctica.

El ligero aumento del VO₂ observado en la fase lútea media durante las sesiones HIT podría estar relacionado con el mayor coste energético de la ventilación a intensidades elevadas. Sin embargo, el incremento fue de alrededor del 1%, una magnitud considerada trivial desde el punto de vista del entrenamiento. De igual modo, las pequeñas variaciones en la frecuencia cardiaca (inferiores a 2 latidos por minuto) entran dentro de la variabilidad diaria habitual y no justifican ajustes específicos en la prescripción del ejercicio.

Respecto al metabolismo, el lactato fue ligeramente mayor en la fase folicular temprana, lo que podría relacionarse con una menor influencia estrogénica sobre la oxidación de lípidos. Sin embargo, las concentraciones se mantuvieron siempre dentro de los rangos esperados para sesiones de LIT y HIT, por lo que no alteraron la carga metabólica prevista.

Desde el punto de vista perceptivo, el mayor esfuerzo percibido en la fase folicular temprana es un hallazgo relevante, aunque su magnitud fue pequeña. Este aumento podría estar influido por síntomas asociados a la menstruación, cambios en la tolerancia al malestar o factores psicológicos. Los cambios en el estado de ánimo observados, con mayor vigor pero también mayor tensión en esta fase, reflejan la complejidad de la respuesta psicofisiológica al ejercicio y sugieren que la percepción del esfuerzo no siempre se alinea con las variables fisiológicas objetivas.

Un aspecto especialmente relevante es que los efectos del ciclo menstrual fueron similares en LIT y HIT, sin evidencias de que la intensidad o la duración del ejercicio modulen de forma clara la influencia hormonal. Este hallazgo cuestiona la idea, ampliamente difundida, de que el entrenamiento de alta intensidad “enmascara” los efectos del ciclo menstrual o de que las sesiones largas sean especialmente sensibles a la fase lútea.

Conclusiones e implicaciones prácticas

En conjunto, el estudio concluye que las fases del ciclo menstrual producen únicamente variaciones fisiológicas y perceptivas leves durante sesiones típicas de entrenamiento de resistencia. Estas diferencias no parecen suficientes para justificar modificaciones sistemáticas de la planificación del entrenamiento en función del ciclo menstrual a nivel grupal.

Desde una perspectiva aplicada, los resultados apoyan la idea de que las recomendaciones generales de entrenamiento en resistencia pueden mantenerse estables a lo largo del ciclo menstrual. No obstante, los autores subrayan la importancia de un enfoque individualizado, especialmente en deportistas que experimentan síntomas menstruales marcados o perciben cambios relevantes en su tolerancia al ejercicio.

Este trabajo aporta evidencia sólida y metodológicamente rigurosa a un campo donde predominan las interpretaciones simplistas, y refuerza la necesidad de basar las decisiones de entrenamiento en datos objetivos, sin sobredimensionar el impacto del ciclo menstrual sobre la respuesta aguda al ejercicio.

 Referencia completa del artículo:

Taylor MY, Docter H, Madsen K, Sophie Sogn Tjernes V, Welde B, Morseth B, Haugen T, Sandbakk Ø, Osborne JO, Noordhof DA. The Influence of Menstrual Cycle Phase on the Physiological and Perceptual Responses to Low-Intensity Continuous and High-Intensity Interval Sessions in Endurance Trained Women: The FENDURA Project. Eur J Sport Sci. 2026 Jan;26(1):e70078. doi: 10.1002/ejsc.70078.

Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/01/European-Journal-of-Sport-Science-2025-Taylor-The-Influence-of-Menstrual-Cycle-Phase-on-the-Physiological-and-1.pdf

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